Luego de aquella noche, intenté conocer más mujeres. De tocas las que conocí, solo besé a una, y no me gustó, porque sus labios eran muy suaves para mi gusto y sus senos me aplastaron una manera desagradable, a pesar de que no los tenía grandes. Esto me entristecía muchísimo, pues sabía que no podía ser un muchacho normal. Mientras Diego me conversaba sobre cómo su mano se perdía debajo de la falda de una pendeja, yo imaginaba la escena con cierto asco y, claro, en silencio. Visualizaba en mi mente, la cara de éxtasis de la muchacha, pero irremediablemente, veía también el bulto crecido de mi amigo. Entonces, me detenía, y pensaba en cualquier cosa. Solo movía la cabeza y decía Sí.
En el colmo de intentar curarme, recurrí a una mejor amiga, y le dije que me gustaba. Ella estaba sentada en su mueble, y me miró con cierta sorpresa y enojo para luego decirme: ¡Qué mierda tienes, Maxi? Soy, tala, ¿te das cuenta de esto? Recuerdo que empecé a llorar. Ella no hizo nada más que mirarme; no supo cómo actuar, y no la culpo, debe haber sido una situación bastante incomoda. Aún le agradezco en mis recónditos pensamientos el no haberme botado a patas de su casa. Pensé, pues, en hacerme cura.
Claro, no sería marista, sino jesuita. Había leído que los jesuitas tienen unas bibliotecas increíbles, y que son grandes educadores. Armé mi plan de vida. Me haría clérigo, estudiaría todo lo que pueda, y luego me dedicaría a la docencia. Sin embargo, mi pene seguía creciendo noche tras noche luego de imaginarme a él. Además, ya había tirado. No era más casto, ni virgen, y para ser un buen religioso, uno debe serlo, y, por supuesto, no guardar pensamientos impuros. Decidí no convertirme porque era lo suficientemente cuerdo para saber que infringiría ciertas normas religiosas, y uno siempre debe obrar de acuerdo a lo que profesa.
Todo ello más el caos vivido en casa me hizo pedirle a mis viejos asistir con una psicoterapeuta. No tenía confianza en el de mi colegio. Natalia me recibió hermosa y cordial como siempre en su oficina. De manera rápida, empezó un tratamiento para ayudarme a controlar mi egocentrismo, mi perfeccionismo excesivo y mis manías auto-destructivas. Ella fue la primera mujer mayor que pudo oírme sin lanzarme un golpe. Desfogué muchos males, pero nunca pude decirle que era gay. Simplemente, era incapaz de hacerlo, las palabras nunca salieron de mi boca por más angustiado que esté.
Esa angustia inundo mi pensamiento hasta tornarse en un torbellino que me llevó a un círculo vicioso de sangre y purificación. Sufrí dos caídas muy graves. En mi aula, les explicaron a mis compañeros que había padecido dos intentos fallidos de suicidio y que, por favor, intentaran habalr conmigo. Desdé ahí, las cosas cambiaron. No podía ir al baño solo, ni estar solo en un aula, ni ir al tópico solo, ni pasear por el patio solo. Tenía que estar acompañado todo el tiempo que permaneciese en el colegio para no cometer una locura que me haga daño a mí, o que impacte a los alumnos.
Cuando acabé el colegio, ingresé a la UPC. Allí conocí a Diana, la primera chica a la que le confesaría entre lágrimas mi homosexualidad. Ella, con una indiscreta sonrisa y tranquilidad, me dijo que ya lo sabía, y me abrazó. Lloré un poco más, y luego nos fuimos por una Bembos para celebrar mi liberación. Aquella dicha no duró mucho, pues empecé a tener serias dudas sobre lo que que quería hacer, y dónde quería estar de acá a unos años. Me gustaba actuar, había mentido bien una buena parte de mi vida. Le propuse la idea de estudiar Actuación a mis viejos, pero todo salió mal
Gané su desconfianza y rencor, pues quería ser "actor", como si eso fuese una profesión. Me dijeron que si fallaba, tendría que trabajar o me botaban de la casa; que estaba loco, y que los había decepcionado por no sé qué vez. En realidad, me dijeron cosas horribles, que mi memoria ya no quiere recordar. Me enfermé. Saber que uno no cuenta con el apoyo de sus papás para crecer, aun cuando estos tienen los medios para hacerlo, es muy triste. Se siente jodidamente mal. Decidí, en el trascurso de los meses que sucedieron, que estudiaría para ser libre, para salir de aquella casa que me atrapaba, pero el costo sería grande: callar, no dejar hablar nunca lo que ocurre adentro de la piel.
jueves, 19 de abril de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
La mala educación
Por aquel entonces, detestaba las personas. Tartamudeaba cuando me presentaban un desconocido. Me pasaba las tardes quejándome sobre mi soledad. Tenía a mi vieja harta. Su menopausia tampoco nos ayudaba. Mi pubertad menos. Detestaba el colegio, y lo único que me mantenía vivo era dormir y aquellas caminatas con Luis luego de clases cuando el cielo oscurecía. Nunca iba rápido, sino lentísimo. Estiraba cada minuto, cada segundo, para no tener que llegar a casa. Él no comprendía bien lo que pasaba, pero estaba ahí.
Mi cuarto era una especie de refugio personal, con las paredes blancas y el techo verde. Despertaba y miraba el verde techo una y otra, y otra vez con el fin de llenarme alguna vez de esperanza. Antes las paredes eran de color militar. Me asustaba. Por eso, las pinté de blanco. Cada día amanecía; iba al colegio; sobrevivía; llegaba a casa ; me veía con Lucho; tenía clases de nuevo; caminábamos de regreso; y me enclaustraba. No aprendí mucho esos años. Tenía la mente muy ocupada en mí y mis problemas familiares como para pensar tranquilo. Nunca fui el tipo de alumno que mis papás quisieron que fuese.
Aborrecía ir al colegio, porque tenía miedo a muchas cosas, pero especialmente a dos: a que me golpeen y a fracasar. Siempre fui distinto a los demás chicos con los que estudié, y eso implicaba una sanción social. En un colegio de varones, hay los sobrevivientes y los que no. Es un campo de batalla, peor que una guerra, por vencer y matar almas con el fin de permanecer. Mi delicadeza en mi manera de actuar, sumada a mi aguda voz y mi apariencia frágil me jodió la vida por 8 años.
Recuerdo que un muchacho, que llegué a odiar, me impidió una vez mirarle a los ojos, porque me dijo que mi mirar era distinto a los demás: era una mirada de cabro. Y él, claro, odiaba a los cabros. Esa tarde volví a casa, me fui al baño, y traté de mirar en el espejo de manera distinta buscando cuál debía ser la manera normal de hacerlo, pero no podía. No sé cómo explicar la angustia que sentía al saber que no podía cambiar mis ojos.
Naturalmente, mis calificaciones no eran las mejores, ni las más deseadas por mis viejos, ni por mi hermana mayor. Iba bien en Historia, Inglés, Geografía, Biología, Comunicaciones, Psicología, pero pésimo en Matemática y regular en Química. Cada fin de bimestre, dormía temprano para no tener que verle la cara a mi viejo luego de que recoja la libreta de notas. A veces, se volvía loco y yo acababa con la espalda más roja que de costumbre o con algún rasguño en la nariz. Su excusa: no valoraba su dinero, porque salía mal. La mayor era otra que se volvía loca. Ambos compitieron, casi insanamente, por ver si algún golpe me haría cambiar. Nunca cambié.
Una noche, luego de una gran discusión, me pregunté qué haría conmigo. Decidí tratar de curarme: ser normal.
Mi cuarto era una especie de refugio personal, con las paredes blancas y el techo verde. Despertaba y miraba el verde techo una y otra, y otra vez con el fin de llenarme alguna vez de esperanza. Antes las paredes eran de color militar. Me asustaba. Por eso, las pinté de blanco. Cada día amanecía; iba al colegio; sobrevivía; llegaba a casa ; me veía con Lucho; tenía clases de nuevo; caminábamos de regreso; y me enclaustraba. No aprendí mucho esos años. Tenía la mente muy ocupada en mí y mis problemas familiares como para pensar tranquilo. Nunca fui el tipo de alumno que mis papás quisieron que fuese.
Aborrecía ir al colegio, porque tenía miedo a muchas cosas, pero especialmente a dos: a que me golpeen y a fracasar. Siempre fui distinto a los demás chicos con los que estudié, y eso implicaba una sanción social. En un colegio de varones, hay los sobrevivientes y los que no. Es un campo de batalla, peor que una guerra, por vencer y matar almas con el fin de permanecer. Mi delicadeza en mi manera de actuar, sumada a mi aguda voz y mi apariencia frágil me jodió la vida por 8 años.
Recuerdo que un muchacho, que llegué a odiar, me impidió una vez mirarle a los ojos, porque me dijo que mi mirar era distinto a los demás: era una mirada de cabro. Y él, claro, odiaba a los cabros. Esa tarde volví a casa, me fui al baño, y traté de mirar en el espejo de manera distinta buscando cuál debía ser la manera normal de hacerlo, pero no podía. No sé cómo explicar la angustia que sentía al saber que no podía cambiar mis ojos.
Naturalmente, mis calificaciones no eran las mejores, ni las más deseadas por mis viejos, ni por mi hermana mayor. Iba bien en Historia, Inglés, Geografía, Biología, Comunicaciones, Psicología, pero pésimo en Matemática y regular en Química. Cada fin de bimestre, dormía temprano para no tener que verle la cara a mi viejo luego de que recoja la libreta de notas. A veces, se volvía loco y yo acababa con la espalda más roja que de costumbre o con algún rasguño en la nariz. Su excusa: no valoraba su dinero, porque salía mal. La mayor era otra que se volvía loca. Ambos compitieron, casi insanamente, por ver si algún golpe me haría cambiar. Nunca cambié.
Una noche, luego de una gran discusión, me pregunté qué haría conmigo. Decidí tratar de curarme: ser normal.
domingo, 8 de abril de 2012
Antes de seguir...
De acá a un tiempo varios conocidos y amigos han empezado a trabajar, o llevar a cabo ciertos proyectos personales. Me da mucho gusto por ellos, pero también me preocupa que hasta ahora yo no haya hecho nada. Quizá, creo, me he concentrado tanto mi mundo y existencia, que he dejado de lado la praxis. Esto me aterra un poco, porque no me gustaría convertirme en una maquina idealizadora incapaz de llevar algo a cabo. Sin embargo, siento también que aún tengo varias cosas por aprender.
Usualmente, me veo envuelto en una serie de disyuntivas. Por un lado, quiero llevar a cabo ciertos planes, como viajar, mejorar el blog e incrementar mi utilería para pintar mis acuarelas. Pero, por el otro, debo conseguir dinero trabajando de algo. No tengo un hermano Theo, como Vincent, que me apoye incondicionalmente, sino las cosas resultarían más simples. Tampoco puedo dejar descuidados mis estudios, porque me gusta ir a a universidad a aprender. Esto sumado al hecho de que a veces veo HUEVADAS que hacen ciertos conocidos, que ganan plata, a causa de la estupidez de otros, que me parece fatal, pero astuto, me da mucho para pensar sobre si seguir ahora o esperar.
Cruzan mi mente, de pronto, esos títulos que tantos chicos se ponen con el fin de mostrarse "especializados" en ciertos topics, cuando tienen casi nada de experiencia. Por ejemplo, ahora último varios wannabes que creen que porque tienen sus cuentas en Pinterest, Flavors, Tumblr, o porque son "Tweetstars", son capos usando las redes sociales. Tener 1500 o 2000 seguidores con 300 trolls y no sé cuántos bots no convierte a uno en Community Manager. Lo mismo pasa con los Stylist. Ahora cualquier huevón que tenga un blog de moda, o haga su ropa "independiente", se jura fashionista, pero ni siquiera es invitado a eventos o pasarelas, sino que jala todo de internet. Lo mismo pasa con los nuevos "Directores de Arte", "Relacionistas Públicos" por citar algunos casos.
Resulta exasperante ver cuánto tipejo se ha hecho "popular", solo por pisotear a otros, o porque hizo cosas que gustaron un primer momento, pero luego no. Pero, más extraño es ver a la gente ignorante que le sigue. Me llega altamente a la punta del glande que varios "comunicadores", "diseñadores", etc., se aprovechen de la idiotez de varios para vender, o sobresalir, aunque luego acaben como flops. Por eso, quiero avanzar bien, de a pocos, pero seguro y sin hacer cojudeces.
Tengo algunos retos que debo enfrentar, mas debo continuar. De alguna manera, quiero sentirme más vivo; hacer lo que quiero bien, aunque no gane dinero; sentirme tranquilo cuando mire atrás de mí.
Usualmente, me veo envuelto en una serie de disyuntivas. Por un lado, quiero llevar a cabo ciertos planes, como viajar, mejorar el blog e incrementar mi utilería para pintar mis acuarelas. Pero, por el otro, debo conseguir dinero trabajando de algo. No tengo un hermano Theo, como Vincent, que me apoye incondicionalmente, sino las cosas resultarían más simples. Tampoco puedo dejar descuidados mis estudios, porque me gusta ir a a universidad a aprender. Esto sumado al hecho de que a veces veo HUEVADAS que hacen ciertos conocidos, que ganan plata, a causa de la estupidez de otros, que me parece fatal, pero astuto, me da mucho para pensar sobre si seguir ahora o esperar.
Cruzan mi mente, de pronto, esos títulos que tantos chicos se ponen con el fin de mostrarse "especializados" en ciertos topics, cuando tienen casi nada de experiencia. Por ejemplo, ahora último varios wannabes que creen que porque tienen sus cuentas en Pinterest, Flavors, Tumblr, o porque son "Tweetstars", son capos usando las redes sociales. Tener 1500 o 2000 seguidores con 300 trolls y no sé cuántos bots no convierte a uno en Community Manager. Lo mismo pasa con los Stylist. Ahora cualquier huevón que tenga un blog de moda, o haga su ropa "independiente", se jura fashionista, pero ni siquiera es invitado a eventos o pasarelas, sino que jala todo de internet. Lo mismo pasa con los nuevos "Directores de Arte", "Relacionistas Públicos" por citar algunos casos.
Resulta exasperante ver cuánto tipejo se ha hecho "popular", solo por pisotear a otros, o porque hizo cosas que gustaron un primer momento, pero luego no. Pero, más extraño es ver a la gente ignorante que le sigue. Me llega altamente a la punta del glande que varios "comunicadores", "diseñadores", etc., se aprovechen de la idiotez de varios para vender, o sobresalir, aunque luego acaben como flops. Por eso, quiero avanzar bien, de a pocos, pero seguro y sin hacer cojudeces.
Tengo algunos retos que debo enfrentar, mas debo continuar. De alguna manera, quiero sentirme más vivo; hacer lo que quiero bien, aunque no gane dinero; sentirme tranquilo cuando mire atrás de mí.
sábado, 7 de abril de 2012
Cambios
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| "Convalecencia" |
Ahora, no es solo el desgano infinito que me recorre algunas veces lo que me impide llevar a cabo mis planes, sino ciertos obstáculos también. Por ejemplo, no dispongo de una videograbadora, ni de una cámara fotográfica (por último) en la cual grabar. Tampoco tengo programas de edición en mi computadora, y soy medio bestia editando, por lo que de todas maneras necesito una mano extra para llevar a cabo mis proyectos. Finalmente, me falta encontrar gente que esté verdaderamente comprometida a seguirme con la aventura en caso de hacer un canal compartido.
Hoy desperté de buen humor. Revisé el blog del historietista, y vi que me había mencionado en uno de sus posts, lo cual me puso feliz. Llevo días sin revisar mis blogs favoritos, y tengo, inclusive ,un poco descuidado el mío. En fin, poco a poco lo iré mejorando. Por el momento, ya dispongo de las nuevas fotos para armar la cabecera y para cambiar la imagen del profile. Me las tomó una amiga hace unos días. No tengo idea de cómo han quedado, aún no las veo. Para mi suerte, es alguien de confianza, y que sabe bien cuál es la temática del blog, y qué es lo que yo esperaba de las fotos: mostrarme cómo soy, por lo que ando tranquilo.
He descubierto, por estos días, que me encanta pintar con acuarelas, es una experiencia increíble, tan bien como escribir. Aquella imagen de arriba es mía, la pinte después de mi operación. Hay mucho que contar. También, voy a empezar a organizar los temas para escribir en el blog, quizá me resulte más simple de esa manera. Por el momento, son varias cosas que rondan mi pensamiento. Ya las haré tomar forma.
lunes, 2 de abril de 2012
Sábado por la noche
Nos vimos luego de un tiempo. Lo extrañaba. Jugué con sus manos más de lo normal. Le vi descansar sin hacerlo. Sonreímos mucho sin razón. Él me insistió en salir. Yo quería permanecer así; tomar una botella de ron; embriagarme para poner como pretexto mi debilidad y así dormir juntos. Echaba de menos sus sábanas; su manía de girarse a media noche; mis caricias tontas sobre su espalda. Pero, él buscaba más. Por eso, salimos sin esperanza para mí de volver.
Ingresé a la fiesta glorioso, feliz. Nunca antes tan feliz. Me sentía extraño, porque extrañaba ver mi cara deformada de una manera que resulte del agrado de mis invitados. Me divertía fumando, hablando tonterías, oyendo cosas absurdas. Él buscó lo que quiso, y se perdió. Yo me extravié, y el otro me encontró. Aquel tenía un acompañante. Ambos me sustrajeron mi ebriedad, luego mi fuerza. Empecé a sentirme a débil, moría por volver. Cuando me encontré de nuevo con él, yo había desaparecido. El otro permaneció.
Las luces me enjaularon, la esfera venía amenazante con derrumbarme. La miraba cansado y con miedo. Cuando esta se aproxima, no puede ser un buen indicio. Escapé con ayuda del acompañante, de la bola de luz, y la luna me aplastó al darle su encuentro.Llegué sin ver. Dormí con frío.
Ingresé a la fiesta glorioso, feliz. Nunca antes tan feliz. Me sentía extraño, porque extrañaba ver mi cara deformada de una manera que resulte del agrado de mis invitados. Me divertía fumando, hablando tonterías, oyendo cosas absurdas. Él buscó lo que quiso, y se perdió. Yo me extravié, y el otro me encontró. Aquel tenía un acompañante. Ambos me sustrajeron mi ebriedad, luego mi fuerza. Empecé a sentirme a débil, moría por volver. Cuando me encontré de nuevo con él, yo había desaparecido. El otro permaneció.
Mi cuerpo me bailaba, y empecé a marearme. Él me dejó, ellos también, pero el otro y su amigo siguieron a mi lado sin estar. Al cabo de unas canciones, el sueño me atacó. Me enfrentó. Lo había visto antes aquella noche, y si no lo he mencionado hasta ahora, es porque no he querido recordarlo, pero es mi deber hacerlo.El sueño se mezcló con la ebriedad absorbida por el otro y desfallecí. La luz se hizo intensa.
Las luces me enjaularon, la esfera venía amenazante con derrumbarme. La miraba cansado y con miedo. Cuando esta se aproxima, no puede ser un buen indicio. Escapé con ayuda del acompañante, de la bola de luz, y la luna me aplastó al darle su encuentro.Llegué sin ver. Dormí con frío.
jueves, 29 de marzo de 2012
Pesadillas diarias
Llevo días sin escribir una palabra. He querido hablar de muchas cosas, como de la muerte de aquel muchacho Daniel Zaumido en Chile; de mi incremento de desgano estas últimas semanas; de mi mala relación de madre, y otros temas, pero es que tampoco he podido sentarme frente a mi laptop y ponerme a escribir. No lo he hecho por varias razones, pero principalmente, porque no tenía ganas. Lo peor del caso, ahora me siento un poco mal conmigo mismo. Siento que le he fallado a mi hijito. En fin, mejor cuento cómo va la semana.
1.- Volveré a usar lentes de montura. Casi siempre, desde los 15 años, he usado lentes de contacto, y ahora los volveré después de 5 años. Me siento muy extraño, y, aunque suene estúpido, tengo mido a verme feito. Pero, los necesito. Mis ojos me arden ahora cuando despierto en las mañanas, y mi mamá no está dispuesta a pagarme también de contacto para usarlos de manera intercalada.
2.- Los días amaneces soleados, lo detesto con toda mi alma. Quiero que empiece el invierno ya. Quiero frío ya.
3.- Me he siento más débil de lo normal. Me gustó ver Melancholia el martes, pero me dejó muy triste, un poco desesperado. No encuentro razones para hacer las cosas que me gustan, tampoco para ir más allá de lo normal. No me siento atractivo, pero siento que no puedo cambiar la situación. No sé qué me pasa. Todo me desgana. Todo me parece que saldrá mal o acabará muerto. No tengo sueños dulces, sino pesadillas, horribles, con finales incontables. Hay algo mal en mí, y no sé qué es, que crece, con las noches.
4.- Conversar con mi mamá no me hace bien. Me estresa que no escuche, que crea que hago cosas para joderla. En fin, no sé qué pensar. No me hace querer tener alguna figura materna para mis hijos. Me pregunto si algún día tendremos una buena relación.
5.- Ya sé de qué quiero trabajar cuando acabe la universidad, y no será fácil, pero lo lograré no tengo idea de cómo. Por el momento, me gustaría un trabajo simple para ganar plata e irme de viaje. Nada más.
6.- Tengo algunas ideas para pintar un par de acuarelas. Son historias mías, un poco intensas. Sé que me va a costar realizar varias, porque será un reencuentro con mi pasado, pero es algo que necesito hacerlo para morir un poco y poder nacer bien. Espero que marche bien.
1.- Volveré a usar lentes de montura. Casi siempre, desde los 15 años, he usado lentes de contacto, y ahora los volveré después de 5 años. Me siento muy extraño, y, aunque suene estúpido, tengo mido a verme feito. Pero, los necesito. Mis ojos me arden ahora cuando despierto en las mañanas, y mi mamá no está dispuesta a pagarme también de contacto para usarlos de manera intercalada.
2.- Los días amaneces soleados, lo detesto con toda mi alma. Quiero que empiece el invierno ya. Quiero frío ya.
3.- Me he siento más débil de lo normal. Me gustó ver Melancholia el martes, pero me dejó muy triste, un poco desesperado. No encuentro razones para hacer las cosas que me gustan, tampoco para ir más allá de lo normal. No me siento atractivo, pero siento que no puedo cambiar la situación. No sé qué me pasa. Todo me desgana. Todo me parece que saldrá mal o acabará muerto. No tengo sueños dulces, sino pesadillas, horribles, con finales incontables. Hay algo mal en mí, y no sé qué es, que crece, con las noches.
4.- Conversar con mi mamá no me hace bien. Me estresa que no escuche, que crea que hago cosas para joderla. En fin, no sé qué pensar. No me hace querer tener alguna figura materna para mis hijos. Me pregunto si algún día tendremos una buena relación.
5.- Ya sé de qué quiero trabajar cuando acabe la universidad, y no será fácil, pero lo lograré no tengo idea de cómo. Por el momento, me gustaría un trabajo simple para ganar plata e irme de viaje. Nada más.
6.- Tengo algunas ideas para pintar un par de acuarelas. Son historias mías, un poco intensas. Sé que me va a costar realizar varias, porque será un reencuentro con mi pasado, pero es algo que necesito hacerlo para morir un poco y poder nacer bien. Espero que marche bien.
lunes, 26 de marzo de 2012
Damito de compañía
El martes pasado salí con un chico que escribe comics. Resultó más interesante de lo que creí, y no sé si fue el vino o el whiskie, que estuve más suelto de lo que esperaba. Nos encontramos en barranco y entramos a una galería, relativamente conocida, pues ese día se inauguraba una muestra de arte. La fachada de la casa era de principios de siglo bien conservada, pero por dentro otra cosa. Me encantaba el lugar con sus paredes blancas.
Estaba en lo que parecía un encuentro de gente elegante que ya se conocía bien entre sí. Había varias mujeres con vestidos y collares largos, bien peinadas. Muchas usaban perlas grandes.También había chicos guapos, artistoides, damas de compañía, esposos, coleccionistas, hippies, fotógrafos, diseñadores, de todo.
Lo particular no era esa diferencia de personajes, sino su coexistencia. Mientras caminaba con el chico derramando saludos, no dejaba de pensar en cómo algunos de esos artistas que tanto critican la classe bougeoise de lima viven a merced del dinero de estos, pues son ellos quienes muchas veces compran su arte. Caminaba por la sala más grande donde se exhibían las pinturas deconstruidas y había tantas cosas absurdas e incomprensibles. Por momentos me paraba frente a una y comentaba con aires de reflexión sobre lo que quizá quería decir, una lectura de lo más simple, pero interesante. Él me oía y yo tomaba un sorbo de mi whiskie mientras daba mi punto de vista sobre la discriminación racial vivida en el perú colonial expuesta en las obras.
Me sentía tan sumergido en algo irreal, necesitaba fumar. El historietista me acompañó, me dio un cigarro. Al rato, vino su amigo de la infancia con su respectiva dama de compañía. Ellos empezaron a hablar sobre muestras pasadas, yo solo sonreía. Era exactamente la flaca arreglada que estaba frente a mí, con una dulce sonrisa, una copa de vino en la mano y un cigarro en la otra, pero con pene. Claro, participaba de rato en rato, ya que su amigo no dudó en presentármelo como un alcohólico. Estuvimos así un rato, hasta que nos dijo que iría a otra galería, que si íbamos nos tenía guardado vodka. Me dije a mí mismo, qué excelente compañía para contemplar arte.
Nos despedimos y subimos al segundo piso. Me quedé fascinado contemplando las esculturas dulces de Bambi muerto. La más hermosa era una celeste en la que el siervo yacía muerto con la sangre negra que se desparramaba a causa de un diamante inmenso incrustado en su pecho. Esplendida. Después de una copita de pisco, marchamos. Pásamos rápidamente por otra que no estaba en el plan, y caímos en lo que sería nuestro destino final. Un pasaje grande lleno de papeles para colorear me dio la bienvenida. "Cream pie" fue mi obra maestra aquella noche.
Hablamos buen rato en lo que No era una cafetería cuando sentí que mi mano empezó a sudar. Suficiente. Siempre el control y la decencia sobre todo. La cara de la Sra. de Larco se me apareció entre crayolas y me dijo que me comportase. Así lo hice. Permanecimos allí hasta que muy amablemente nos invitaron a retirarnos. Su amigo había cumplido con su promesa y quería seguirla, pero el hombre del comic tenía otros planes. Yo también.
Le dije que tenía hambre, me invitó algo de comer, y él pidió un pisco sour. En verdad, le gustaba tomar pisco. Me acompañó a tomar mi taxi, se despidió y me fui. De pronto, esa película vino a mi mente. Empecé reírme solo. Mi mente no deja de sorprenderme.
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