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viernes, 4 de diciembre de 2015

The Less He Knows The Better

Siempre estoy del otro lado. Es más divertido. Lo más interesante es que intente ser un poco más honesto de lo habitual.  Le dije que no me sentía dispuesto para una relación absolutamente monógama y común con comidas y polvos los fines de semanas, pero él insistió en salir conmigo. Por supuesto, yo también insistí con el tema, y le dejé ver que quizá más adelante me gustaría un trío con otro huevón más. Él me respondió con que tenía las cosas claras. ¿Y acaso yo no?

Luego, casi sin querer, vino el gran tema: los sacrificios. ¿Qué tanto sacrificas por complacer a la otra persona? Por supuesto, él no dejó atrás sus ideas. Yo tampoco. Resultado: suicidio grupal.

La despedida fue dura. Más que nada porque quería verle a la cara. Pero él insistió en hacerlo a través de un mensaje de WhatsApp porque la anterior vez que tocamos el tema me puse mal. Es verdad, pero sigo pensando que debió ser de la otra manera. Como sea, me agarro despreocupado, de pie, sujetándome del único espacio libre que tenía para no caerme mientras el bus se dirigía ala última estación junto con sus últimas palabras. Qué cheesy.

Al menos, no quedé como un patán. Me dijo que le parecí honesto. Parecí: verbo pretérito perfecto. Y divertido.  Sí, porque lo guie a través de galerías en vez de esperar a la mitad de la película  de cartelera para tocarle la entrepierna y robarle un beso; porque me quejaba exageradamente de una pestaña entrada en mi ojo, pero luego sonreía sin más; porque fingía sentirme culpable cuando me comía otra hamburguesa.

A veces lo extraño, a veces. Pero él no confiaba mucho en mí. De hecho, le hacía pasar malos ratos cuando le comentaba sobre la gente que conocía en Tinder o Grindr. Lo más raro: nunca pretendí tirármelos, solo hablar. Tal vez, sí. The less he knows the better.



lunes, 4 de octubre de 2010

Aterrizando

Acabo de dar mi examen de Apreciación del arte. No lo he dado mal, tampoco bien, sino regular. Estoy cagado sentimentalmente, ayer lo reconfirmé. Por ello, no me he podido concentrar bien todo este tiempo. Yo sé que tengo un problema que debo solucionar con urgencia. También sé qué debo hacer, pero no cómo. Tengo miedo. Aún soy humano. Me aterra mirar atrás.

Siento que algo se repite. Ya he pasado esto. Soy consciente de cómo voy a acabar si no actúo, pero es que ya no estoy seguro de hablar o seguir mudo. Porque sí, soy mudo. Puedo decir muchas palabras, pero poco de lo quiero decir. Soy complejo, muy complejo. Por eso, me es difícil tratar de entenderme. No me gusta lo fácil, prefiero lo difícil. Así como prefiero esperar a que el semáforo esté en rojo para cruzar seguro la calle, y leer las indicaciones o instrucciones de un determinado objeto antes que usarlo. Soy perfeccionista, extremadamente detallista, a veces, pero apático la mayoría del tiempo.

Yo no tengo un problema con serlo, pero no mucha gente tolera que sea de esa manera. Les desespera. Me cuesta demasiado ser espontáneo. No me sale (quizá por eso no vivo sin agenda). Tampoco puedo modificar el hecho de que sea renegón. Me irrito por todo, porque mi pata se demoran 5 minutos y tengo que esperar más, porque no me sale un ejercicio, porque no estoy bien conmigo mismo, porque ha salido el sol cuando quería que esté oscuro, por estupideces.

Creo que desde siempre he sido así. Tal vez ahora más que otras veces. He crecido, pero no he madurado lo suficiente. Soy consciente de eso. Por eso, cometo huevadas, por eso ayer un buen amigo me dijo mis putas verdades hasta el punto de que cuando llegué a mi casa me puse a llorar. Lo realizó de una manera muy bonita, como sabe lo especial que es mi carácter. Gracias. Le agradezco, también, que no me haya terminado pegando. Sé que tenía ganas, mas no lo hizo: Gracias.

Ayer me di cuenta que caí en ser quien no quise. Me dolió, pero lo admití. No me gustaría que alguien pasara esto también; sin embargo, veo cómo un chico poco a poco va siguiendo el mismo rumbo. Está cagado, pienso. Vaya conchudo, dirán. Pero es que a veces uno tiene que alejarse para poder verse mejor. Y yo, aunque odie admitirlo, de una manera extraña, me vi en él. Fue raro. Quise llamarlo y decirle que nunca iba a ser eso, que era un pobre cojudo, que era como yo, básicamente, hasta antes de mi conversación con mi amigo, (¿o es que me cuesta admitir que ya lo sabía?).

Supongo que si lo hubiera hecho, mi amigo se habría molestado conmigo y me habría dicho: NO PUEDO CON TU VIDA, CARAJO. No obstante, el sabe que soy así, medio desbandado como Christina Aguilera, a veces un éxito, a veces una mierda. Solo espero que él tenga un buen amigo como yo, y que se de cuenta que nunca podrá llegar a ser, solo parecer. Demanda mucho ver la diferencia cuando no quieres, pero esa es la realidad.

No pensé que escribía tanto en tan poco tiempo. Me siento más tranquilo luego dejarme llevar por el teclado. Espero que esto no solo sea un post de desahogo, sino también de llamada de atención para otros como yo que miran sin observar cuando les conviene. Creo que eso es todo lo que debía decir. Me hallo menos tenso para seguir estudiando para mis exámenes parciales.


A ti, amigo, que me toleras y escuchas; aunque me halle muy ebrio, drogadicto, llorón, o simplemente muy yo.