Mostrando entradas con la etiqueta Gay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gay. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2016

Silencio Asesino


Tenemos que hablar porque hace falta, porque los antiretrovirales no bastan (ni sobran), y porque aún hay un alto número de cabros que mueren de VIH, pero cuyos nombres quedan en el olvido junto con sus historias, porque nadie quiere retomar el horror. Nadie quiere ensuciarse. Menos que le griten sidoso.

Me molesta que en un país donde cada año se infectan más de 3000 el VIH no sea una discusión dentro de las problemáticas de las maricones y las tracas, sino que pase desapercibido "porque no todos los gays tienen VIH", "porque no todos son unas putas", "porque ahora no te mueres de eso", "porque no es el único problema y todas las demandas son válidas". Me hincha el ano el silencio cómplice de varios activistas y moralistas que deciden no apostar por visibilizar una problemática para no infectarse con ella.

Me genera repulso la actitud de "ellos se lo buscaron", porque nadie busca tener VIH y tener que cargar con un estigma y, muchas veces, con la exclusión ciudadana. Me jode la actitud tan pasiva frente a una situación que cada año se lleva a alguien cuya voz resuena en un rincón alejado de la memoria.

Me asquea el silencio cómplice de todos frente al tema, "porque todas las luchas importan". Y claro que importan, pero no te mueres si no te casas. No quedas inhabilitada para chambear si decides no casarte. No se te caen las defensas más que las pestañas postizas o las piernas débiles por tu peso si no decides decir un "sí, acepto". No mueres a los 22, 25, 33 si escoges comprometerte, pero sí por no recibir un tratamiento digno, por ser invisible.

Me revienta el glande que no se hable del sexo, el placer y el VIH como algo que puede ser compatible. Me molesta que nuestra actitud frente a nuestras prácticas sexuales y el desarrollo de nuestra intimidad sea tan en-closetada, tan forzada a estándares de sexo seguro por un grupo de personas que capitalizan qué debemos hacer con nuestros penes, chuchas y anos censurando la información que no les parece adecuada transmitir.

Tenemos que hablar, porque hoy más cabros y travas se ganarán la Tinka y otros más morirán al terminar esta noche, pero nunca conoceremos sus historias, ni su ronca risa loca.

domingo, 15 de febrero de 2015

Lonely Hearts

Ayer salí de mi caverna al mundo exterior.  Decidí ir a Tracadero sin la intención de pasarla increíble, ya que las fiestas suelen ser el mismo playlist repetido una y otra vez; sin embargo, fueron las ganas jodidas de ver a mis amiguitos lo que terminó empujándome hacia aquel sórdido ambiente.

Llegué temprano, para variar, y todo seguía igual: la misma música, las cabras más chibolas en el centro avistando quién les peche, y los aliens, como yo, dando vueltas como pavazos a ver qué sale. 

Afortunadamente, no tuve que esperar mucho, pues me crucé con Kenny, un amigo que me salvó de salir corriendo del lugar. Permanecí a su lado un rato, hasta que recibí un mensaje de un chibolo con el que había estado hablando hace unos días. Dije que me iría al baño lo cual todos sabemos que siempre es una burda mentira y me fui a su encuentro. Estaba con sus amiguitos. Me los presentó, y empezó a hablarme...

Dijo muchas pichuladas. Yo solo sonreía con gusto y le animaba a bailar. Dentro de tantas cosas que decía, pude darme cuenta de dos,  1) los dramas siempre son los mismos, pero con diferentes caras y 2) siempre van existir los mismos personajes a través de las diferentes generaciones...

Me moría por ver a un amigo, pues la cabra había ido con alguien de mi facul, y no podía con la puta curiosidad de saber quién chucha era.  Mientras tanto, el pulpin se cansó de bailar, y luego de llamarme 'perra' y 'mal catequista' por unas cosillas que le conté, se puso en un plan pussy que me aburrió. Me zafé a buscar a mis queridos. 

Lo mejor fue, definitivamente, cruzarme con muchos amiguitos que no veía hace varios meses. Luego de promesas falsas de salir juntos, besos, abrazos, y un encuentro no planeado, encontré a la cabra que quería... Estaba chinazo. Me dijo que había extraviado su punto, que estaba locazo a falta de chela, y no sé qué más que me hizo reír a carcajadas. Nos despedimos y decidí que era momento de partir.

En la salida, vi a un grupito de newbies cuchichear algo sobre un tipo. Ay, cabras, pensé, nunca aprenden... Salí del antro con cola, pues pulpin me había seguido. Nos sentamos en el parque próximo al local y empezó su vómito verbal. Por suerte, estaba de buen humor, así que no me costó mucho pretender escucharlo.  En el taxi de regreso, con él mirando la calle mientras sujetaba mi mano, volví a ser un desubicado universitario de quinto ciclo. Claro, esta vez era 'el otro' sentado a la derecha. Solo quería un pete y dormir.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Pasivofobia

Existe un miedo generalizado entre gays a reconocer que se puede asumir una actitud pasiva en el sexo. Parece absurdo que así lo sea, pero varios, aun cuando disfrutan de los placeres del sexo anal, se rehúsan a considerar que les gusta asumir esa postura. Yo le llamo Pasivofobia.

Desde mi perspectiva, todo tiene que ver con un rollo jodido que nos meten en la cabeza que  la sociedad se mueve entre las dicotomías: Domador/Domado; Masculino/Femenino; Arriba/Abajo;  Hombre/Mujer, que nos limitan la posibilidad de flexibilizar nuestra visión sobre el sexo. Quizá nunca nos han inculcado clases de sexo heterosexual en los colegios, pero no importa, pues la sociedad de alguna manera u otra nos enseña que el sexo es entre alguien más masculino y alguien femenino, que alguien penetra y otra es penetrada, y no al revés. Escapar de la dualidad no es nada fácil. 

Como si fuera poco que todo el mundo jode con ello, lo mismo suele ocurrir en la casa. Sí, en ese espacio donde se supone tienes libertad para hacer/conversar de tu vida sexual lo que quieras, también hay "moderadores", que explícita, o implícitamente, limitan la conducta sexual de un sujeto con deseos homosexuales.  Desde la madre religiosa que reprime todo indicio de acto "anti-natural"; los sitios en la mesa,  hasta los dos hermanos mayores que poseen sus enamoradas hace 3 años y esperan por la tuya.

Imaginar una relación con un hombre, entonces, no parece difícil, sino un poco utópico. Decir que disfrutas de un masaje prostático es fuera de este mundo. Por ende, frente a un ambiente opresor, es lógico desarrollar una barrera frente a aquellas caras o imágenes que puedan "denigrar". Es mejor decir que eres activo, y no pasivo, aunque te balancees entre ambos. El problema surge, para mí, cuando se asume tanto tal idea, que, cuando se está en la cama con otro chico, da miedo ser pasivo, porque "yo soy hombre/ qué pensará mi vieja si se entera."

Afortunadamente, con el tiempo, varios logran pasar esas barreras. No todos con el mismo éxito, ni la misma aceptación en sus casas, pero avanzan. No obstante, un número considerable permanece en este juego dicotómico, lo cual les termina generando una serie de angustias difíciles de responder, y una vida sexual de lo más reprimida (desde mi perspectiva, claro). La clave: flexibilizarnos.  

martes, 11 de febrero de 2014

La Gran Baba

Llega un punto en la vida en el cual descubres que has intercambiado fluidos con el ex de tu amigo. Llega un punto en el cual simplemente asumes que es normal tener algo del otro, porque todos han tenido algo con todos, así sea un quicky en el baño de tu universidad, o de aquel bar. Sin embargo, lo gracioso es cuando se decide asumir  la postura del estrecho ignorante.

La situación es así.  Una reu;  todos en círculo, y XXX cuenta que alguna vez se la chupo a AAA mientras todos caían alcoholizados en el piso de abajo.  Luego, te sorprendes, te indignas -obvio-, y encima llamas perra a tu amigo, aunque hace un par de semanas le hayas enviado un par de fotos porno a su smartphone. ¿Por qué somos así? ¿Por qué nos cuesta admitir tanto que también hemos fornicado, o hecho sexting con AAA? ¿Por qué negamos ciertos encuentros sexuales?

Quizá sea una cuestión de dignidad(?). Claro, si dices que no te metiste con ese huevón, no tienes mancha, y apedreas pendejamente. Tal vez así parezcas menos puta, también. Parece floro, pero decir con quienes te has acostado es también una carta de presentación, que va desde del "Arrecho que nesecita testearse" hasta "Hasta las huevas".

Tal vez, porque quieres no  arruinar tu relación con ese amigo que es más celoso que el carajo, y jura que aún tiene dominio y control total sobre el cuerpo de su ex, aunque él se acueste con medio Lima, porque es soltero y hace lo que quiere. Entonces, quedarte callado no solo está bien, "es lo que tienes que hacer".

Otra razón, y probablemente la más triste, sea que el polvo fue tan malo, que para no cagarlo más, mejor no opinas. Caridad, le dices. Así no te sientes mal.

Sea cual sea la razón, la noche avanza, la fiesta termina, los días avanzan, y en algún momento te enteras que todos ya saben que se la comiste a AAA. Entonces, recapitulas, y te quedas cojudo. ¿Cómo pudieron enterarse!, piensas. Estás indignadísimo, totalmente jodido, pero te acabas de olvidar de un detalle: hace dos semanas le contaste en secreto a YYY del polvo de XXX con AAA. Caíste en el juego.

¿De qué sirve negar ciertos tires cuando eres parte del mismo mundo? No digo que tengas a mano un portafolio de todos por quienes has pasado o que expongas tus experiencias, pero, vamos, ser sinceros con uno mismo y los demás es básico si se quiere entablar buenas relaciones.  Además, hablar de los penes de ciertos tipos con tus patas puede ser todo un tema de conversación. La performance incluso puede dar otra reunión entera. Hay que verlo de esta manera: mejor que se enteren de tu boca, que de un blog de mierda.

sábado, 18 de enero de 2014

Cuming Back

Me resulta increíble pensar que ha pasado un año desde que decidí dejar este blog. Digamos que quería independizarme de todo, hasta de mí, pero, al final me di cuenta que hay ciertas manías personales con las cuales debo aprender a convivir, como mis viajes a Fantasía. Aún quiero salir de la casa de mis padres, pero ese es otro rollo, que aún no descifro cómo hacerlo, por lo que he decidido escribir una historia al respecto quizá con el fin de descubrir cuáles son los caminos certeros para lograrlo, aunque para ello tenga que perder la poca dignidad que me queda.

El 2013 ha sido un año increíble. Conocí a a un tipo que ha devuelto mi fe en la navidad y en buscar planes para el 14 de febrero: el chico Post-moderno (Post). Él estudia en una reconocida universidad privada; es libra; tiene un carro naranja (sí, naranja); le encanta la literatura, y tiene la terriblemente encantadora capacidad de relajar a este ser casi neurótico que habita en mí, que quiere destruirlo todo, con solo hablar. Sí, así de perfecto es él. Sin embargo; no somos nada, porque él no lo quiso, y porque en aquel periodo mi estabilidad emocional estaba por los suelos, y él, obviamente, no podía ser mi psicoterapeuta 24/7. Tampoco es que quiero que lo sea ahora, pero encontrarnos ha sido increíble.

También, he dirigido un corto; visto muchas e increíbles películas; fumado menos weed, y estado más stone; jugado a la procreación con diversos hombres, y leído más sobre problemáticas/cuestiones TLGBQ, lo cual ha abierto mi perspectiva de las cosas, y me ha permitido comprender mejor por qué carajo hay tanto clacismo entre gays, o por qué el mundo Trans siempre bordea el límite. 

En definitiva, fue un mejor año que el jodido 2012, que solamente quería desaparecer e irme a Neptuno, y tener sexo con cualquier tipo que me hicera olvidar dónde estaba solo para volar un poco más allá de lo normal. Sin contar que ese año subí 4 kilos, y estaba con la menopausia a flor de piel: insoportable.

Este año que comienza tengo varias metas. Algunas parecen utópicas, pero las tengo que/quiero realizar como sea. Más que la llegada, me interesa el camino. Quizá todo sea un caos, y acabe tipeando historias con mi laptop en Wilson a 30 céntimos la cara, mendigando por Alprazolam, pero lo habré intentado, lo habré intentado, y eso, como diría un amigo, ninguna puta conformista me lo va a quitar.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La 'otra' agenda

No llego a comprender cómo es que aún existen personas que creen que hay algo así como una "Agenda Gay". No existe tal cosa, y, si alguna vez lo ha hecho, ha sido en la mente de aquellos tipos cuya ceguera hetero-normativa les impide vislumbrar con claridad que persisten aún en la sociedad individuos que no ven satisfechos sus derechos.

Creer en algo así es suponer que hubo alguna vez una "Agenda de la mujer", una "Agenda negra" o una "Agenda chola". Esta categorización forzada no es más que un intento cruel y déspota de un grupo de individuos por normativizar los diversos grupos humanos de la ciudadanía para luego poder establecer un juicio de valor en el cual hay unos que son más y otros menos, unos que gozan de legitimidad y otras que no, unos  "perfectos", y otros que no.

El Sr. Ricardo Vázques anunció en su columna de hoy de Perú 21 que un matrimonio gay; la adopción entre parejas del mismo sexo; y otros derechos gay; son un tipo de alienación hacia lo heterosexual. Para él, aquellos sujetos gay que pretenden conseguir derechos plenos solo quieren ser reconocidos como sujetos gay. Esta idea no solo es vieja y falsa, sino también discriminadora. Al afirmar que hay ciudadanos que quieren ser reconocidos como una identidad sexual, lo que hace es dividir grupos sociales estableciendo indirectamente jerarquías sociales, ya que apunta a señalar la existencia de un grupo supremo que goza de derechos, de otros que no.

Sin embargo, lo que me termina por asombrar es cómo un diario puede ser capaz de cederle una página entera a este tipo de opiniones basadas en el prejuicio y la intolerancia. Resulta lamentable que un editor permita la difusión de este tipo de comunas. Esto no es más, pues, que una referencia del pensamiento conservador y discriminador, que todavía se mantiene en ese grupo de poder mediático.

viernes, 1 de junio de 2012

No quiero viajar

Hace un par de semanas venía desarrollando la idea de crear una organización que busque visibilizar de manera  pública ciertas demandas de derechos de los gays como ciudadanos comunes. Estaba bastante empilado al respecto. Lo conversé con unos amigos y amigas que estudian derecho, y les gustó el proyecto, pero me explicaron que sería demasiado complicado llevarlo a cabo. Todos me hicieron notar más algo que ya sé, que las transformaciones toman años, y que no siempre se dan como se desean. Además, me explicaron una serie de cosas que me dejaron medio cojudo y un tanto desanimado. Primero, que adquirir la personería jurídica era todo un trámite legal, y que necesitaría un abogado; segundo, que tenía que definir si era organización, fundación, comité, etc. Luego, que necesitaba tener claro cómo me iba a financiar y otras cosas más.

Le hablé de esto también a un profesor. Me dijo que primero desarrolle un medio y que después, en base a este, moldee una organización, porque estas son complicadas, y porque su gran fracaso  en el Perú se basa en el mal empleo de acciones para hacer visible un problema frente a la sociedad. Su idea era que desarrollase un medio de gays, por gays, y para gays. Aunque, tal cosa no me convence debido a eso. Me explicó que necesitaba manos, ayuda. Empecé a alarmarme.

Estos últimos días me he preguntado si en verdad aquellos que también son como yo buscan hacer tangible sus derechos como cualquier ciudadano, o si les importa un rábano si lo hacen o no. A veces creo que sí, pero desde cierto ángulo. Otras, simplemente que no. Como sea, no cuento con la ayuda suficiente para hacer esto.

¿Por qué no recurrir al MHOL? Por la imagen institucional que tiene, con la cual no muchos de mi generación se sienten miembros; porque sus objetivos no están orientados, en mi parecer, de la manera correcta. Mientras que el MHOL trabaja con el desarrollo de la identidad de los miembros, y realizando denuncias públicas de discriminación, no congrega a sus miembros, y a diversos actores sociales ,a debatir al respecto más allá del campo privado. La CHA (Comunidad Homosexual Argentina), por ejemplo, tiene dentro de sus objetivos principales una fuerte política de visibilización que ha obligado al estado argentino a romper con su precaria política de tolerancia para así poder poner en discusión diversos temas de la cuestión.

Me pregunto muchas cosas, pero, principalmente, ¿cómo motivar a mis amigos, compañeros a seguir luchando por un cambio pase lo que pase? No quiero viajar para sentirme reconocido como ciudadano, ni que nadie haga lo mismo.Tengo mucho en qué pensar.

PS: Por el momento, ya le escribí a Ernesto Meccia, un sociólogo argentino, sobre mi propuesta. Espero una pronta respuesta suya  que me sirva para esclarecer el panorama.

viernes, 25 de mayo de 2012

El buen homosexual

Rarísima vez se define como gay. Es de perfil bajo, "caleta", profesional, independiente, varonil. Mantiene un relación estable con su familia y amigos. Solo los más cercanos conocen de su opción sexual, y no comprende bien por qué alguno sujetos se esfuerzan en la actualidad por hacerlo saber a quien se cruce en su camino. No tiene la necesidad de frecuentar sitios friendly para sentirse homosexual. Tampoco mira con compasión y dicha a los que sí lo hacen. Le parece que ahora es más "común", pero eso no va con él. Así  mismo, no tiene ningún problema con los maricas o los trans, pero no se junta con ellos, porque no le va "la pluma", ni verse expuesto de esa manera.

No reconoce una categoría tal como "Mal homosexual", pero sí es consciente que hay un grupo distinto de ellos, que algunas veces lo perjudica, y que está ahí, porque es difícil que no pase desapercibido.

Para unos, son todos los nuevos maricas que aparecen en los medios (o no), y que confunden a la sociedad haciendo creer que todos los homosexuales son una locas que solo asisten a lugares de ambiente para socializar; para otros, los afeminados, que no saben comportarse como "hombres"; para otros, los chibolos inseguros que no saben lo que quieren; para otros, los que hacen moda y se juran ragios; para otros, aquellos a los que el tener cuerpo de gym, ir a tal lugar, vivir en tal lugar, y ser de tal lugar los convierte en miembros de aquella comunidad discriminadora, comercial y, ciertas veces, estúpida.

Como resulta claro, no hay una definición clara sobre lo que es o no es ser un buen o mal homosexual. Hay una pluralidad de discursos que establecen muchas relaciones dicotómicas que sirven para elaborar un discurso de identidad propia. Lo homosexual, "caleta", profesional, varonil se opone a lo gay, "mediático/público", chibolo, afeminado.De la misma manera, el mantenimiento de una vida sexualidad dentro de la intimidad y lo no friendly se antepone a la visibilización, mediática o no, de la sexualidad y a ciertos espacios particulares (algunas veces denominados "de ambiente").

Dentro de la percepción del buen homosexual, no hay una compresión exacta  frente a los que "están" en su grupo, pero es capaz de entablar disimilitudes ante los que son distintos de ellos. Para él, hay conductas que son propias de los hombres, por eso no se entiende que haya gays femeninos. Menos visualiza la posibilidad de que "todos los grupos" puedan estar juntos. Tampoco busca establecer un punto de comunión con el otro, sino que, más bien, aclara las diferencias para no tener que ser comparado con ellos. Su identidad es una basada en presentación de diferencias y no en la aceptación de determinadas cualidades comunes.

¿Es aquel, pues, con el cual se sienten identificados las generaciones más jóvenes?, ¿es él el que, bajo una conducta de "tolerancia", es superior a otros?, ¿es él la representación de la conducta moral positiva para los gays?, ¿es este el perfil de un conformista, de un realista o de un hombre astuto?, ¿posee ese perfil el crítico del nuevo panorama social?, ¿quién es, al final, el buen homosexual?

domingo, 6 de mayo de 2012

Gay friendly, but...

Ser homofóbico no es cool. Eso es claro. El gran problema es que muchos no adoptan tal etiqueta por parecer "menos liberales" o "modernos" frente a los demás. Varias personas ahora son "tolerantes" con el otro, pero, ¿qué implica serlo? En resumidas cuentas, tolerar es coexistir con otro individuo con quien no se comparte características casi a regañadientes. Así, muchos ahora se consideran gay-friendlys, pero tienen un límite.

Yo tengo varias amigas, y muchas me consideran su amigo gay favorito. Así mismo tengo amigos que ven peliculas porno en las que aparecen alguna pareja lésbica manteniendo sexo, pero, ¿qué pasa si las primeras ven a dos mujeres besándose, o si los segundos ven a dos hombres haciendo lo mismo o con las manos cruzadas? Se asquean. De alguna manera, desarrollan una especia de homofobia selectiva. Entonces, la chica ragia, puede tener amigos gays, pero una lesbiana "le da cositas", o él, chico cool, "todo bien con los gays", pero se aleja si ve a dos cabros besándose. Ni qué decir si alguno se cruza con un transexual en la calle.

Tolerar no es reconocer los derechos individuales del otro a manifestarse con naturalidad; es usar una careta para escapar de un problema y reservarlo para la intimidad, aun cuando esta se discuta en términos legales y estancias públicas. Aceptar al otro, por el contrario, demuestra aprobar la diferencia de sujetos en un mismo espacio, y el reconocimiento de derechos y facultades individuales como personas en su sentido más básico. Lamentablemente, esta tolerancia se ha generalizado a tal punto, que muchos la adoptan como algo normal cuando no es así.

Me resulta alucinante ver cómo varios amigos proclaman la equidad de derechos y oportunidades para los homosexuales, menos para las locas, trans., etc. Es increíble ver cómo la discriminación está presente, aunque de forma subrepticia, en las mentes de varias personas que estimo. Algunas veces, cuando me encuentro en tales situaciones, opto por guardar silencio y escuchar cada una de sus palabras; después,  exploto y despotrico todo lo que sé, otras me quedo callado y pienso: qué cagada.

Sin embargo, lo más peligroso e impresionante es saber cómo entre mismos homosexuales se discriminan por conductas, como si una acción o gesto pudiese definir un grado de gaycidad, por así decirlo. Hay caletas que discriminan locas; ragios que discriminan cholas; homosexuales hipsters que discriminan gay plásticos; hombres old school que discriminan bebitas; y la lista continúa. No hay peor homofóbico que un homosexual mismo. 

Ante tal situación, solo queda informarnos mejor frente al asunto y hablar, demostrar que no existen categorías más que las impuestas por el estado respaldado por ciertos grupos de poder, y que estas son, muchas veces, des-contextualizadas. Varias noches me pregunto qué podría hacer cambiar esta situación, y creo que lo mejor es hablar del asunto de cierta manera que pueda ser interesante y clara. Desde este pequeño rincón, hago un poco más, pero no es suficiente. 

En estos momentos, siento que me gustaría hacer más para informar mejor sobre tal asunto. Por ello, estoy en busca de ideas para desarrollar un proyecto que ayude a discutir, informar y desmitificar diversos asuntos sobre la cuestión gay en mi región. Todas las sugerencias serán bienvenidas. Finalmente, pero no por último, invito a mis lectores a conversar sobre esto con sus amigos, parejas, padres, hermanos, etc.; intercambiar opiniones; informarse más, y generar un pequeño cambio desde adentro.

sábado, 14 de abril de 2012

La mala educación

Por aquel entonces, detestaba las personas. Tartamudeaba cuando me presentaban un desconocido. Me pasaba las tardes quejándome sobre mi soledad. Tenía a mi vieja harta. Su menopausia tampoco nos ayudaba. Mi pubertad menos. Detestaba el colegio, y lo único que me mantenía vivo era dormir y aquellas caminatas con Luis luego de clases cuando el cielo oscurecía. Nunca iba rápido, sino lentísimo. Estiraba cada minuto, cada segundo, para no tener que llegar a casa. Él no comprendía bien lo que pasaba, pero estaba ahí.

Mi cuarto era una especie de refugio personal, con las paredes blancas y el techo verde. Despertaba y miraba el verde techo una y otra, y otra vez con el fin de llenarme alguna vez de esperanza. Antes las paredes eran de color militar. Me asustaba. Por eso, las pinté de blanco. Cada día amanecía; iba al colegio; sobrevivía; llegaba a casa ; me veía con Lucho; tenía clases de nuevo; caminábamos de regreso; y me enclaustraba. No aprendí mucho esos años. Tenía la mente muy ocupada en mí y mis problemas familiares como para pensar tranquilo. Nunca fui el tipo de alumno que mis papás quisieron que fuese.

Aborrecía ir al colegio, porque tenía miedo a muchas cosas, pero especialmente a dos: a que me golpeen y a fracasar. Siempre fui distinto a los demás chicos con los que estudié, y eso implicaba una sanción social. En un colegio de varones, hay los sobrevivientes y los que no. Es un campo de batalla, peor que una guerra, por vencer y matar almas con el fin de permanecer. Mi delicadeza en mi manera de actuar, sumada a mi aguda voz y mi apariencia frágil me jodió la vida por 8 años.

Recuerdo que un muchacho, que llegué a odiar, me impidió una vez mirarle a los ojos, porque me dijo que mi mirar era distinto a los demás: era una mirada de cabro. Y él, claro, odiaba a los cabros. Esa tarde volví a casa, me fui al baño, y traté de mirar en el espejo de manera distinta buscando cuál debía ser la manera normal de hacerlo, pero no podía. No sé cómo explicar la angustia que sentía al saber que no podía cambiar mis ojos.

Naturalmente, mis calificaciones no eran las mejores, ni las más deseadas por mis viejos, ni por mi hermana mayor. Iba bien en Historia, Inglés, Geografía, Biología, Comunicaciones, Psicología, pero pésimo en Matemática y regular en Química. Cada fin de bimestre, dormía temprano para no tener que verle la cara a mi viejo luego de que recoja la libreta de notas. A veces, se volvía loco y yo acababa con la espalda más roja que de costumbre o con algún rasguño en la nariz. Su excusa: no valoraba su dinero, porque salía mal. La mayor era otra que se volvía loca. Ambos compitieron, casi insanamente, por ver si algún golpe me haría cambiar. Nunca cambié.

Una noche, luego de una gran discusión, me pregunté qué haría conmigo. Decidí tratar de curarme: ser normal.

lunes, 20 de febrero de 2012

Sobre la homosexualidad

Hasta hace poco me preguntaba con más fuerza sobre por qué los gays expresamos de manera más gráfica el contenido homosexual, siendo más preciso, el momento del acto sexual en sí. Estaba interrogándome, dando vueltas a mi cabeza, y no podía hallar respuesta. También, tenía curiosidad por investigar sobre Wittgenstein. Me encontraba husmeando en los libros de mi biblioteca para buscar más sobre este último, y me topé con un pequeño y gastado librito que titulaba "Homosexualidad: literatura y política", que es más que nada un recopilatorio de textos que abordan estos temas. Dentro de ellos, me atrapó una entrevista de O'Higgins a Foucault sobre Opción sexual y Actos sexuales.

En esta, el filósofo explica que la homosexualidad explícita respecto al sexo  en la literatura se debe a que el cortejo carece de significancia para los escritores homosexuales, y que es el acto, y postacto, lo que atrae más. Pero, ¿por qué? La razón parece simple. Conforme ha avanzado la historia, los comportamientos homosexuales se han visto más restringidos. La exposición de la sexualidad heterosexual comprendida como un guiño de ojo, un beso, un abrazo no es condenada socialmente, lo que hizo que aquellos literatos heterosexuales adoptaran el cortejo como punto de mayor interés. Así, la eroticidad del "subir las escaleras" es ampliamente más desarrollada que la del " despedir al amante para que tome el taxi", como dice Foucault, en el caso de ellos. Caso contrario ocurre con sus pares homosexuales.

"Lo que reviste la máxima importancia en las relaciones homosexuales no es la anticipación del acto, sino su recuerdo." Foucault

Respecto a los fetiches sexuales, el pensador no duda que existe ya, en su época, una facilidad increíble para  que dos personas sean capaces de llevar a cabo un encuentro sexual. En este punto, no discrimina bien entre heterosexuales y homosexuales, pues su respuesta a O' Higgins intercambia ambas opciones con naturalidad.  Dice él que esta simplicidad para obtener sexo puede llegar a aburrir a muchos gays, con lo que resulta necesario elaborar nuevas prácticas sexuales, como los fetiches, para animar e innovar el acto, de manera tal que luego no exista esa angustia de ¿y ahora qué? luego del sexo, que tan incómoda resulta en esta época.

El texto resulta muy atractivo a nivel general, aunque se debe tener algo de cultura sobre psicología,  literatura erótica y homosexual para una mejor comprensión. Algunas respuestas preguntas de O'Higgins parecen expuestas con una mayor naturalidad, aunque peca de ser un poco categórico en algunas. Foucault, por su parte, trata de llevar la conversación de una manera más amena y accesible. Ambos ejemplifican bien lo que quieren decir, aunque, como mencioné antes, se requiere un cierto bagaje cultural para su mejor comprensión.