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viernes, 4 de noviembre de 2016

Silencio Moral


No somos honestos en el sexo. No lo somos, porque cuando quieres practicarle un fisting no sabes cómo mirarle a la cara para decirle que quieres probar algo nuevo. No lo somos, porque cuando te sale una hemorroides solo sonríes cojudamente para evitar decir no, a pesar de que el dolor te impida disfrutar como a él. No lo somos, porque cuando ella quiere una relación monogámica te da paltas si quiera sugerir la idea de un trío porque estás harta de la manera cómo están teniendo sexo. No lo somos, porque te cagas de miedo de decirle que tienes VIH a tu pareja, pero, sobre todo, a que te deje.

¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto liberarnos? Creo que la respuesta tiene que ver con  un cordón umbilical. Sí, un cordón al que estamos expuestos después de abortarnos al mundo y que se construye (querramos o no) con prejuicios, con tabúes, con una cojuda moral católica apostólica romana que nos alimenta desde la primerísima primera leche y considera que el sexo solo tiene un fin reproductivo vaciándolo de placer, llenándolo de culpa y miedos.

Un cordón atado a una madre cristiana y al que papá estado solo le interesa alimentar con sanciones para que no se atente contra la moral y las buenas costumbres, porque este es un país de bien; un país sagrado; un país creyente; un país que perdona el pecado, pero no el escándalo; un país donde juras por dios (o por la plata), pero no por tu ideales. Esa es cosa caviares libertinos.

De esta manera, crecemos castañizados... Me corrijo, mudos frente al sexo, indiferentes frente a nuestros deseos, frente a nosotros mismos. Nos volvemos monaguillos del silencio moral y callamos para no ser tan putas, para no parecer tan cabros, para no ser tan enfermos, para poder vivir. Nos convertimos en fuentes secas de placer y, a veces, hasta en inquisidores del mismo quemando todas nuestras pulsiones, aniquilando sistemáticamente todo rasgo de 'obscenidad' para hacer más leve la carga (especialmente si es entre dos).

Por suerte, algunos nos abortamos. El camino nunca es fácil. La honestidad en el sexo viene con una alta dosis de estigma, algunas gotas de sangre y un puñado de insultos. Sin embargo, se pasa mejor, se vive más y se enferma menos. Tal vez, sea cierto después de todo. Veritas vos liberabit, cabras.  

martes, 1 de noviembre de 2016

Silencio Asesino


Tenemos que hablar porque hace falta, porque los antiretrovirales no bastan (ni sobran), y porque aún hay un alto número de cabros que mueren de VIH, pero cuyos nombres quedan en el olvido junto con sus historias, porque nadie quiere retomar el horror. Nadie quiere ensuciarse. Menos que le griten sidoso.

Me molesta que en un país donde cada año se infectan más de 3000 el VIH no sea una discusión dentro de las problemáticas de las maricones y las tracas, sino que pase desapercibido "porque no todos los gays tienen VIH", "porque no todos son unas putas", "porque ahora no te mueres de eso", "porque no es el único problema y todas las demandas son válidas". Me hincha el ano el silencio cómplice de varios activistas y moralistas que deciden no apostar por visibilizar una problemática para no infectarse con ella.

Me genera repulso la actitud de "ellos se lo buscaron", porque nadie busca tener VIH y tener que cargar con un estigma y, muchas veces, con la exclusión ciudadana. Me jode la actitud tan pasiva frente a una situación que cada año se lleva a alguien cuya voz resuena en un rincón alejado de la memoria.

Me asquea el silencio cómplice de todos frente al tema, "porque todas las luchas importan". Y claro que importan, pero no te mueres si no te casas. No quedas inhabilitada para chambear si decides no casarte. No se te caen las defensas más que las pestañas postizas o las piernas débiles por tu peso si no decides decir un "sí, acepto". No mueres a los 22, 25, 33 si escoges comprometerte, pero sí por no recibir un tratamiento digno, por ser invisible.

Me revienta el glande que no se hable del sexo, el placer y el VIH como algo que puede ser compatible. Me molesta que nuestra actitud frente a nuestras prácticas sexuales y el desarrollo de nuestra intimidad sea tan en-closetada, tan forzada a estándares de sexo seguro por un grupo de personas que capitalizan qué debemos hacer con nuestros penes, chuchas y anos censurando la información que no les parece adecuada transmitir.

Tenemos que hablar, porque hoy más cabros y travas se ganarán la Tinka y otros más morirán al terminar esta noche, pero nunca conoceremos sus historias, ni su ronca risa loca.

domingo, 6 de diciembre de 2015

It's all about sex

No es que me joda que así sea, pero cuesta reconocerlo a veces. Sobre todo algunos domingos por la tarde en los que no se tiene nada que hacer. Por supuesto, algunos todavía persisten en la tonta ilusión que no tiene nada que ver o que es una cuestión de segundo plano al momento de forjar una relación, pero yo no lo veo de esa manera.

Reflexiono sobre la importancia de un buen polvo en mis relaciones y sí. Puedes tener sexo sin una relación, pero no una relación sin sexo. Para mí, es una extensión del lenguaje: el arte de comunicarnos con nuestros cuerpos. Sin buen sexo no se puede tener una buena charla post-polvo (o incluso volver a tener una). Es más, me atrevería a decir que resulta un castigo, casi una prueba inquisitorial, tener que soltar algunas palabras de tu boca y fingir interés cuando has permanecido en silencio tanto tiempo con tu cuerpo.

Por supuesto, nadie dijo que es fácil. Siempre hay muchas cuestiones que se entrecruzan. Aristas, si es que se pueden llamar así. Y sin embargo tienes que decidir: le pides el encendedor o coges tu celular. Qué complicado.

Siempre es más difícil tirar con quien te interesa que con tu amigo. Por último, a tu amigo escoges no tirártelo y punto, porque no te importa saber si la chupa bien o te puede hacer venir sin tocarte. Pero, a ese idiota que te gusta no puedes chotearlo siempre. No. Hay una clausula implícita que indica que tienen (sí, tienen) que tirar alguna vez para ver si hay algo más, para saber si capaz de arrancarte un orgasmo o una crisis nerviosa.

***

Releo y no es solo una extensión del lenguaje. A veces, es el único canal. Ante la persecución de dios y de los signos, solo tienes el desfogue de la carne. De alguna manera, el éxtasis oculta la culpa y te libera de todo, incluso del presente, de la conciencia. Te sumerge para luego expulsarte bautizado.

Es alucinante pensarlo de esa manera, pero sí. No es solo un lenguaje, es el canal, la llave, la píldora roja, Kansas. En fin, todo. 

sábado, 28 de noviembre de 2015

No me preñes

No me preñes, por favor. Si quieres, en la cara, pero allí no. Ya lo intentaron y terminé esterilizado. A parte, te quema, se apodera de ti y te deja en un estado de sumisión nada agradable.

Ahora, tampoco es que no me guste ponerme en cuatro o en el filo de la cama, pero hay cosas que me pasavueltean. Tiene que ver con tener el control. Las veces que ocurrió, lo perdí. Fueron algunas (varias) veces, pero las recuerdo con bastante claridad.

Todo comienza con esa palpitación jodida, que te arrecha y ese empujón medio desenfrenado que, de alguna manera, te advierte lo que se avecina. Luego, ese toque. No es nada extraordinario, pero sí se siente. Como una erección post-erección (?), una bandera roja.

Después, el éxtasis mezclado con sus ojos en blanco acompañado de un leve ardor a magma y el jadeo. Todo mientras el aliento escapa, tu esfínter ajusta al máximo, las piernas se quiebran y tu sensibilidad se multiplica exponencialmente. Es como enfrentarte tú con tu trasero contra todo un océano de semen que amenaza con ahogarte si no te lo tomas por las buenas. Una experiencia dura, definitivamente no apta para todos.

Finalmente, el limbo, la nada, el ¿y ahora qué?/¿la saco o la mantengo adentro?/¿ya pasó?. Te pierdes sobre tu cuerpo un instante, unos minutos, una hora, y debes volver sobre ti, porque tienes que hacerlo o de nuevo el magma. No sé cómo, pero resucitas. Algunas veces vuelves a nacer, otras te conviertes en Frankenstein. Pero nunca eres igual después, nunca.

viernes, 27 de febrero de 2015

Looking for Mr. Perfect

¿Cuántas veces has dejado de salir con Mr. Perfect solo porque es activo igual que tú?

Tengo un amigo, que suele asumir un rol activo en el sexo, que hace poco tuvo un fuerte crush con un hombre que conoció en una fiesta. Este tipo era una maravilla: gracioso, seguro, espontáneo y arrecho, pero tenía un ligero problema: era activo.

Al comienzo, todo normal, pero mucha mamada y  swordcrossing les aburre, ya que llegan a un punto en el que les da ganas de meterla. Sin embargo, ¿quién se voltea? ESA es la interrogante.

No solo es ponerse en cuatro, es admitir una verga dentro de ti. Es ponerse, por un instante, en un estado de sumisión consciente en el cual eres capaz de aceptar que te hombre te coja con toda la fuerza e intensidad de su cuerpo. Claro, no todos pueden hacer eso. Es una cuestión mental, le digo. First, he has to fuck your mind. Una vez que te haya dilatado allá arriba, puede ir a trabajar the golden zone.

El recorrido nunca es fácil. Sobre todo, porque hay muchos hombres que asumen su rol sexual como un “estilo de vida”. Ser activo, entonces, es ser macho algo cavernícola, pero macho, penetrador, masculino, dominante, str8looking, en contraposición a lo que significa ser pasivo.

Desligarse de una etiqueta no es nada fácil. Es voltear todo un sistema de valores, creencias y demás. Reconocerse como activo en el plano sexual siempre me ha parecido más llevadero, pero no pasa lo mismo con ser pasivo.  Nunca hay chistes respecto a quien penetra, a menos que la tenga chica o sea un precoz. (Menos falocéntricos, imposible.) Por eso, pasar de un lado a otro no es sencillo.

Creo que se debe trabajar con dos mitos cuando se quiere experimentar con un pene dentro de ti:

1) Tener una verga dentro de ti =/= Dolor.

2) Dejarse penetrar no te vuelve más femenino/mujer y por “consecuencia”, débil y denigrante.

La solución, amigo y queridos lectores, es una sola: dilata tu mente, y ábrete a nuevas experiencias y perspectivas. Tomen su tiempo para reflexionar sobre qué cosas los define, y qué cosas no; qué cosas vuelven más flexible, y cuáles no. Todo juego/rol en el sexo es por voluntad. ¿Acaso creen que habría tantos pasivas si no sintieran placer?


Lubriquen su cabeza, y gocen. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Encuentro Fatal


Regla # 69:

Cuando te vayas a follar con un desconocido, NUNCA cierres los ojos y te dejes llevar por la dureza de su miembro. Puedes perder más que un celular por no querer ver.

Hoy perdí mi smartphone de la manera más imbécil posible. No voy a entrar detalle sobre cómo pasó, pero sí diré que fue por arrecho. Qué cagada... Hacía tiempo que no me metían la rata tan hasta al fondo. Me dejé llevar.

Aluciné todo, como siempre. Me compró con su interés por libros, el vino tinto y el incienso. Además, tenía las manos tibias... Hijo de puta. Me dejó su canguro de mierda -nunca subió-. Me dejó con las ganas. Me dejó en la nada. Creo que es una señal. Lo mejor ha sido el almuerzo, y el encontrar mi cama tendida. Ya pasará.



domingo, 2 de marzo de 2014

A Pelo

Ya sea porque nos cuesta admitir las estúpidas consecuencias de nuestros actos, o porque aún vivimos bajo la falsa idea de pudor, solemos omitir o negar en nuestras charlas algo que forma de nuestra vida sexual: el sexo bareback. 

No es que sea una práctica frecuente, pero sí es común que varios -la gran mayoría- de nosotros la haya experimentado alguna vez en pasado. Sin embargo, ese no es problema de fondo. El real issue es que varios niegan dicha práctica, o prefieren no hablar al respecto, sellando así una cuestión que nos afecta no solo como individuos, sino también como miembros de un colectivo (llámalo comunidad, o como quieras) poseedores de un estigma.

La falta de reconocimiento de esta forma de tener sexo silencia otras problemáticas que se envuelven alrededor, como el hecho que varios gays suelen tenerlo con sujetos extraños cuya vida sexual (segura o no) poco o nada se sabe al respecto antes de tirar; que no solo existe la posibilidad de contagio de VIH, sino también de todo un bagaje de ITS, o que tirar con tu cache regular, porque él "no es puta/nunca te cagaría", es seguro.

Desarrollamos como una especie de barrera cuando aparece el tema, porque "Ni cagando nos puede pasar"/"Tienes que ser bien bad luck para que te pase."  No vemos lo  que no queremos ver, aunque esté ante nuestros jodidos ojos. Parece medio absurdo, pero solo hablamos al respecto cuando se presenta un problema, como que tu compañero sexual se haya acostado con un sujeto VIH+; o cuando tus análisis de sangre no son claro, y tienes que hacerte una tercera prueba para asegurar que no tienes nada.

Puede que, efectivamente, sea mucho más placentero tener sexo sin condón, pero tenerlo, porque sí, sin tomar ciertas consideraciones, puede resultar un acto bien inmaduro (y estúpido) con terribles e incómodas consecuencias. ¿Vale tanto arriesgar un orgasmo por una ITS?

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Pasivofobia

Existe un miedo generalizado entre gays a reconocer que se puede asumir una actitud pasiva en el sexo. Parece absurdo que así lo sea, pero varios, aun cuando disfrutan de los placeres del sexo anal, se rehúsan a considerar que les gusta asumir esa postura. Yo le llamo Pasivofobia.

Desde mi perspectiva, todo tiene que ver con un rollo jodido que nos meten en la cabeza que  la sociedad se mueve entre las dicotomías: Domador/Domado; Masculino/Femenino; Arriba/Abajo;  Hombre/Mujer, que nos limitan la posibilidad de flexibilizar nuestra visión sobre el sexo. Quizá nunca nos han inculcado clases de sexo heterosexual en los colegios, pero no importa, pues la sociedad de alguna manera u otra nos enseña que el sexo es entre alguien más masculino y alguien femenino, que alguien penetra y otra es penetrada, y no al revés. Escapar de la dualidad no es nada fácil. 

Como si fuera poco que todo el mundo jode con ello, lo mismo suele ocurrir en la casa. Sí, en ese espacio donde se supone tienes libertad para hacer/conversar de tu vida sexual lo que quieras, también hay "moderadores", que explícita, o implícitamente, limitan la conducta sexual de un sujeto con deseos homosexuales.  Desde la madre religiosa que reprime todo indicio de acto "anti-natural"; los sitios en la mesa,  hasta los dos hermanos mayores que poseen sus enamoradas hace 3 años y esperan por la tuya.

Imaginar una relación con un hombre, entonces, no parece difícil, sino un poco utópico. Decir que disfrutas de un masaje prostático es fuera de este mundo. Por ende, frente a un ambiente opresor, es lógico desarrollar una barrera frente a aquellas caras o imágenes que puedan "denigrar". Es mejor decir que eres activo, y no pasivo, aunque te balancees entre ambos. El problema surge, para mí, cuando se asume tanto tal idea, que, cuando se está en la cama con otro chico, da miedo ser pasivo, porque "yo soy hombre/ qué pensará mi vieja si se entera."

Afortunadamente, con el tiempo, varios logran pasar esas barreras. No todos con el mismo éxito, ni la misma aceptación en sus casas, pero avanzan. No obstante, un número considerable permanece en este juego dicotómico, lo cual les termina generando una serie de angustias difíciles de responder, y una vida sexual de lo más reprimida (desde mi perspectiva, claro). La clave: flexibilizarnos.  

lunes, 17 de febrero de 2014

La ilusión del Fuckbuddy

Sé que puede parecer absurdo, pero aún hay hombres que creen que los fuckbuddies existen. Luego de muchas generaciones de gays que han terminado con el corazón hecho trizas, aún varios persisten en encontrar "ese punto" con el cual tirar y no tener ningún tipo de relación afectiva.  Lo más gracioso es que no son precisamente aquellos que son los más arrechos quienes los buscan, sino los que tienden a ser más pseudoconservadores con la idea de que tirar con uno es suficiente, y no se necesita "ser perra".

¿Qué motiva a un gay a tener uno? Libertad, libertad de flirtear/tirar/lamer/chupar a quien sea sin la exigencia de estar rindiendo cuentas a un sujeto con el que te acuestas continuamente que bien podría ser tu novio. 

Es cierto que varios gays encuentran altamente atractiva la idea de tener una relación "flexible" en la cual tener un Ups! no los separe del otro de por vida. Es decir, una relación "abierta" -palabras que generan espanto entre los más cucufatos-. Eso es lo que ofrece la ilusión del fuckbuddy, pero, detrás de tanta "libertad", ¿no habrá las ganas de tener una relación formal que ha sido negada infinitas veces?

Así mismo, tirar con un solo hombre de manera regular exige cierta fidelidad. Si ambos deciden tener sexo bareback, porque se han testeado absolutamente todo, no pueden estar como una pinga-loca por el mundo. Simplemente, no, porque la pueden cagar, y puede ser que la arrechura les gane, y contraigan alguna ITS que les joda la vida a ambos. Además, como personas que somos, no siempre nos gusta compartir todo. No creo que a todos los chicos les guste compartir la misma verga con el ex (que tanto detestaban) de su ex.

Por último, la rutina del sexo innegablemente termina por generar una serie de sentimientos, lo cual es normal. El problema es cuando estos se entremezclan con amor, o uno busca querer ser correspondido de la misma manera, lo cual no siempre ocurre, y puede hacernos sentir más solos que al comienzo. 

viernes, 14 de febrero de 2014

Bon Voyage, Bel Ami

Por alguna extraña razón, cuando he salido con un chico que  me interesa, no me he podido involucrar sexualmente de una manera que me haga sentir satisfecho; sin embargo, cuando hemos dejado de hacerlo, y ha transcurrido cierto tiempo, hemos tenido un par de encuentros casuales que, más que sorprendernos, han terminado por ayudarnos a cerrar un ciclo.

¿Qué tanto "necesitamos" tirar con esa persona para acabar con todo de una buena vez? No lo sé. En mi caso, tiene que ver con una cuestión de orgullo+ganas+pajazosmentales que deben ser resueltos para poder mantener una relación tranquila, sino sana, con quien alguna vez salí, y fue la fuente de mis pajas nocturnas, mis falsas esperanzas y mis histerias. 

Hace unos días le contaba a un buen amigo, que tengo un pata que está por hacer un gran viaje. Este sujeto fue alguien con quien salí hace un par de años, pero con quien nunca intercambie más que saliva las míseras veces que nos besamos. Ahora se va por no sé cuanto tiempo. Me ha dicho que fácil es un año, pero que si todo le va bien, se queda allí. Esa vez que me contó yo me estaba cagando de risa de cómo afinaba su bajo; todo lo malinterpreto, y él me sigue con la cochinada, y eso me encanta. Estaba tan perdido, entre mi arrechura y la sorpresa, que solo pude decir, ¡Oh!.

Sí, ¡Oh!, como si mi sorpresa fuese a penetrar sus oídos hasta traerlo a mí para conversar una última vez, pero yo soy muy ingrato, y él peor. Quizá debería llamarlo. Lo embriagaría con un vino, como me dijo mi amigo, y luego vería qué pasa. Soy el peor; tal vez, pero es que se va, y aún nada. Supongo que él me dirá "No, Maxtian, ¡no! ¡Estás locazo, carajo!", se reirá, solo se reirá (y yo con él).  



Besos, besos, abrazos, y que tengas un buen viaje.


martes, 11 de febrero de 2014

La Gran Baba

Llega un punto en la vida en el cual descubres que has intercambiado fluidos con el ex de tu amigo. Llega un punto en el cual simplemente asumes que es normal tener algo del otro, porque todos han tenido algo con todos, así sea un quicky en el baño de tu universidad, o de aquel bar. Sin embargo, lo gracioso es cuando se decide asumir  la postura del estrecho ignorante.

La situación es así.  Una reu;  todos en círculo, y XXX cuenta que alguna vez se la chupo a AAA mientras todos caían alcoholizados en el piso de abajo.  Luego, te sorprendes, te indignas -obvio-, y encima llamas perra a tu amigo, aunque hace un par de semanas le hayas enviado un par de fotos porno a su smartphone. ¿Por qué somos así? ¿Por qué nos cuesta admitir tanto que también hemos fornicado, o hecho sexting con AAA? ¿Por qué negamos ciertos encuentros sexuales?

Quizá sea una cuestión de dignidad(?). Claro, si dices que no te metiste con ese huevón, no tienes mancha, y apedreas pendejamente. Tal vez así parezcas menos puta, también. Parece floro, pero decir con quienes te has acostado es también una carta de presentación, que va desde del "Arrecho que nesecita testearse" hasta "Hasta las huevas".

Tal vez, porque quieres no  arruinar tu relación con ese amigo que es más celoso que el carajo, y jura que aún tiene dominio y control total sobre el cuerpo de su ex, aunque él se acueste con medio Lima, porque es soltero y hace lo que quiere. Entonces, quedarte callado no solo está bien, "es lo que tienes que hacer".

Otra razón, y probablemente la más triste, sea que el polvo fue tan malo, que para no cagarlo más, mejor no opinas. Caridad, le dices. Así no te sientes mal.

Sea cual sea la razón, la noche avanza, la fiesta termina, los días avanzan, y en algún momento te enteras que todos ya saben que se la comiste a AAA. Entonces, recapitulas, y te quedas cojudo. ¿Cómo pudieron enterarse!, piensas. Estás indignadísimo, totalmente jodido, pero te acabas de olvidar de un detalle: hace dos semanas le contaste en secreto a YYY del polvo de XXX con AAA. Caíste en el juego.

¿De qué sirve negar ciertos tires cuando eres parte del mismo mundo? No digo que tengas a mano un portafolio de todos por quienes has pasado o que expongas tus experiencias, pero, vamos, ser sinceros con uno mismo y los demás es básico si se quiere entablar buenas relaciones.  Además, hablar de los penes de ciertos tipos con tus patas puede ser todo un tema de conversación. La performance incluso puede dar otra reunión entera. Hay que verlo de esta manera: mejor que se enteren de tu boca, que de un blog de mierda.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Subastar placer

Ocurrió hace un par de días cerca a un antro. Estaba de pie en una esquina fumando un cigarro cuando un sujeto un poco fornido y guapo me preguntó si estaba libre para cachar. La proposición en sí no me sorprendió, lo que sí me pareció alucinante fue la crudeza y sencillez con la cual la espetó. Él no titubeo, ni siquiera me miró de arriba a abajo. No le respondí nada, mi éxtasis se apagó casi instantáneamente como apareció, y me sentí más material de desfogue que persona.

Ello me hizo preguntarme hasta qué punto el sexo por el sexo es bueno. ¿Esto no deshumaniza?

Cuando realicé hace unos meses un trabajo sobre estética y pornografía pude darme cuenta de que la gran crítica que recibe yace en el hecho que ésta busca hacer sentir a los sujetos pura y únicamente placer a través de la exposición directa con los actos sexuales, alejándolos de los altos patrones estéticos que ha llegado el erotismo (en su máxima expresión literaria), como forma sutil de liberación  del Eros y Tánatos, y de los rígidos cánones morales impulsados por la religión.

No dudo que la pornografía, como herramienta que favorece la expulsión de impulsos internos, es positiva, pero refugiarnos en ella desmedrando nuestra experiencia corporal por una virtual, y nuestra creatividad por una imagen ya establecida, ¿no nos lleva a caso a ser personas menos pasionales, menos amantes, menos humanas?

Los tabúes como puertas

Si hay algo hermoso que recuerdo cuando tenía 17 o 16 años, era justamente esa sensación de contingencia que traía cada encuentro. Cada vez que me citaba con algún  hombre mayor, su forma de recompensarme era darme el placer más puro, ilícito, y pecaminoso que mi ser haya sentido. El peligro que suponía para los hombres, que pude saborear, aumentaba mis ansias de buscar maneras más sutiles y riesgosas de coquetear, y palpar suavemente la entrepierna, solo para agitar más la situación.

Los chats anónimos a los cuales frecuenté en mi pubertad y temprana adolescencia me forzaban a salir al  acercamiento de una persona y a mirarla, analizarla, conocerla más. En cambio, ahora con Manhunt uno puede buscar de qué raza, color de ojos, tamaño, y hasta grosor, de pene está buscando. De alguna manera, estamos más cerca y distanciados. Más chicos piden delivery boys, comen y desechan. Han reducido el sexo a una necesidad fisiológica haciendo del acto de follar algo tan común como cagar, lo cual resulta apestoso ciertamente, así como aburrido y patético.

Debo decir que aun cuando mi edad me impedía tales encuentros, y mi moral cristiana me castigaba fuertemente algunas noches, estas restricciones me sirvieron, pues me ayudaron a conocer los lados más sádicos y hermosamente prohibidos de mi ser.

sábado, 18 de agosto de 2012

Activos

Son los "men", los tops, los machucafuertes, los tigres, los que proponen, los que dan, los que la empujan, los que (te) lubrican, los que vienen y se van. No los suelen joder tanto, porque existe la idea que son más masculinos que el resto, y que pueden estar "confundidos" con su verdadera identidad sexual. Como los pasivos, hay de todo tipo, según los diversos gustos. Aquí, una pequeña lista:

1)Los caletas: Los puedes encontrar en Manhunt o Grindr sin mucha dificultad.  Cuando era más chibolo, los veías en Latinchat. Viven en Surco, San Isidro, La Molina y Miraflores. Siempre buscan "machitos como uno",o GCU en sus perfiles. Suelen ser los más prejuiciosos, porque a ellos no se les sale la pluma como a otros. Son altamente selectivos, y prefieren chicos "bien", con cuerpo "formado, gym". Les aterra los lugares gays, pues creen que todo el mundo los puede ver. El tipo de polvos con ellos son muy variados.

2)Los bisex: Son un poco frikys con su sexualidad, pero no tan palteados como los caletas. A los verdaderos bisexuales, no te lo encuentras en el chat o en algún anuncio de página web, no, sino en la vida misma. Ellos son los que valen. Por alguna extraña razón, tienen una fijación por el culo. Es algo típico el hombre que te puntea  una y otra vez, y mira hacia otro lado para hacerse el desatendido.

3)Los vírgenes: Dicen que solo recibe blowjobs, y practican sex light, aunque se mueren por voltear a alguien. Les da un poco de roche llevarse un chico a la cama, por lo que recurren al alcohol para soltarse. Han agarrado con medio mundo, y se la ha visto otro tanto. Algunos son unos lacras calientahuevos mal. Hay que saberse manejar.

4)Los body-boarder: Son antipáticos. Reniegan de todo.  No les cae bien a cualquiera. Usualmente, se juntan con un mismo círculo de amigos, pues no todos les aguantan. Les gusta el sexo hardcore, y probar nuevas cosas kinky. Son  arrechos, pero seleccionan bien a sus amantes. Algunos tienen serios problemas con sustancias ilegales, otros no.

5)Los pendejos: Viven su sexualidad sin roche. No les interesa si alguien sabe si es gay o no, mientras no los jodan. Aman, pero jamás pueden tener una relación formal con un chico. Son divertidos, y siempre tienen a alguien para llevarse a la cama. Por lo general, no se complican: seleccionan, apuntan, y disparan. Muchos tienen fijaciones por los twinks, les gusta la carne fresca.

6)La activa afeminada: Los hay en todos lados, son los que menos te esperas que lo sean, y que te sorprenden. Al principio, cuando te enteras que tuvo sexo con un pasivo piensas: "panetón", "pan con pan", "lesbianada", pero no, la verdad es que sí dan por atrás. Son graciosos en su manera de ser, pues son más delicados que los anteriores, pero tienen "su lado top" por ahí.

sábado, 11 de agosto de 2012

Twinks

Son todo un tema de conversación. Los hay de todos los colores y sabores. Tienen una sección especial en cada página porno, y casi siempre está llenísima de comentarios de hunks o sugar daddies que parece, literalmente, babean cuando ven sus videos.

Estos últimos meses  siento que varios amigos están en un fuerte plan teen hunter, así no les guste aceptarlo, y no entiendo bien por qué. Me han contado, según sus experiencias,  que "los chibolos" son medio brutos, arrechos, inmaduros, pero tiernos y cute. Claro, aquí un punto a anotar: no importa qué tan bruto sea el chico, si tiene una bonita cara y un cuerpo cuidado, pasa.  Lástima del que no. Además, a diferencia de otros, "lo tienen todo en su sitio". También, a menor recorrido, mayor interés.

Dicen que es exótico tirarse a un adolescente, que es rico porque los twinks son tiernos, cariñosos, les puedes hacer lo que quieras y luego te dan "cariñito". Además, "¿quién no se ha metido con un chibolo alguna vez?". Otros señalan que les da más vitalidad, pues "le chupan" la juventud. Eso me parece loco.  Yo creo que ahí existe un rechazo por parte de ellos a admitir la edad que tienen, pues sueñan con verse siempre jóvenes. Vamos, que se puede tener 32 años, ser ágil, pero tampoco se puede ocultar así no más las patas de gallo que ya empiezan a figurar.

No comprendo bien el filin de follar con uno. Me parece sexy, otras tierno, pero no tanto como para desarrollar un twink alert cada vez que voy a una fiesta a bailar, como ciertos individuos que conozco. Cuando tenía 17, salí con un tipo que tenía 10 años más que yo, y acabé con la mano sudada. Admito que no me ponía tan horny como creo yo a él, pero fue una experiencia interesante. Sin embargo, otra vez, salí con un hombre de 28 años de edad y... ¡QUÉ POLVO! ¡Fue increíble, lo juro, el mejor masaje prostático ever! No obstante, no siempre solía darse así.

Un poco de twink pie es bueno. Si es cherry, mejor. Pero, ¡tampoco hay que ser pastelero!

lunes, 19 de marzo de 2012

Como si fuera la primera vez...

Aún recuerdo la primera vez que quedé con un pata para tener sexo. Tenía 16 años, él 23. Lo encontré en una sala de chat; intercambiamos msn, y nos vimos. Me imagino que la idea de tirarse un post-púber le excitaba a mil. Yo me arrechaba por aquel entonces con solo una conversación. Él se sabía todas las jugadas. Fui con mis braquets, mi tartamudez, y mi terrible pronunciación de R, que le hizo preguntarme más de una vez si en verdad era de aquí, o si le estaba tomando el pelo.

Aquella vez yo vestía un polo, un jean y una casaca simple. Tenía mi cabello corto. Él era más chato que en las fotos, con los ojos verdes y una barba un poco crecida. Me atraían las barbas, pero la suya me causaba repulsión. No se lo dije, claro, por cortesía. La caminata por San Isidro resultó larga, distante. Sus ojos me miraban desconfiados de rato en rato, como si de pronto fuera a gritar que estaba siendo acechado por un hombre mayor con ganas de tirarme por la fuerza. Supongo que tenía tanto miedo como yo frente a lo que mis nervios me podían hacer en cualquier momento.

Lento, con la mano sudando, llegué a su departamento. Empecé a practicarle sexo oral, y sus jadeos no se hicieron esperar, luego puso muchas almohadas sobre su cama, y me sentó encima. Mi cuerpecito apenas flotaba entre estas, y él empezó la faena. Me intentó lubricar, pero no cedía. Empujó un dedo, y nada. Luego dos, me fastidiaba. No era como lo recordaba, no se sentía bien. Me faltaba esa comodidad, y eso que me había atraído. Me abrió la piernas, él se colocó, y lo empujé. Lo eché para atrás con fuerza, sin decir una palabra. Mis ojos lo decían todo. Empezó a fumar, yo me vestí a mi ritmo, y salí del cuarto.

Al bajar, me sentí sucio, asqueroso, salvado por una obra milagrosa de no quedar como una puta. Agradecí a Dios y seguí mi camino. Caminé hacia el malecón, quizá, con la esperanza de que el viento aleje de mí ese olor a sexo nauseabundo que sentía en aquel momento. Nunca más volví a saber algo del tipo. Sin embargo, aquel mal sabor no me impidió saciar mis descubrimientos más adelante.

Volví a salir con otros chicos. Salí con un par más hasta que tuve la fuerza suficiente para dejarlos entrar. Era más simple conseguir un hombre para follar, no había tanto lío. A mi favor estaba el hecho de que no conocía a muchos gays, y que tampoco salía a lugares de ambiente. No resultaba precisamente el arquetipo de hombre latino, pero sabía convencerlos con otras cualidades menos ortodoxas. Sin embargo, con los años, me aburrí. Me cansó fornicar con tantos. Lo había hecho con un tipo que me duplicaba la edad, con otro más púber que yo, con un coquero, con un universitario, con un jugador de rugby, con alguien cercano a mí, y otros más. Quería crecer y tener una relación.

Lo intenté, acabé hasta el culo. Ahora que intento buscar un pata para tirar no puedo hacerlo. No es que sienta asco, ni me sienta puta,  es solo que no estoy tan bien conmigo mismo. No me logro ver fornicando con un huevón de cabeza hueca. Así como tampoco me veo tan apetecible, lo cual es preocupante. Sé que lo segundo se puede "mejorar". Pero, creo que el problema va más allá. Es algo mental con lo que debo luchar. Me es muy difícil. Debo aprender a no bloquearme las oportunidades que tengo de conocer a gente nueva que sé, en el fondo, me pueden ayudar a pasar un buen rato en lo que sea. Siento que vuelvo a empezar.

lunes, 20 de febrero de 2012

Sobre la homosexualidad

Hasta hace poco me preguntaba con más fuerza sobre por qué los gays expresamos de manera más gráfica el contenido homosexual, siendo más preciso, el momento del acto sexual en sí. Estaba interrogándome, dando vueltas a mi cabeza, y no podía hallar respuesta. También, tenía curiosidad por investigar sobre Wittgenstein. Me encontraba husmeando en los libros de mi biblioteca para buscar más sobre este último, y me topé con un pequeño y gastado librito que titulaba "Homosexualidad: literatura y política", que es más que nada un recopilatorio de textos que abordan estos temas. Dentro de ellos, me atrapó una entrevista de O'Higgins a Foucault sobre Opción sexual y Actos sexuales.

En esta, el filósofo explica que la homosexualidad explícita respecto al sexo  en la literatura se debe a que el cortejo carece de significancia para los escritores homosexuales, y que es el acto, y postacto, lo que atrae más. Pero, ¿por qué? La razón parece simple. Conforme ha avanzado la historia, los comportamientos homosexuales se han visto más restringidos. La exposición de la sexualidad heterosexual comprendida como un guiño de ojo, un beso, un abrazo no es condenada socialmente, lo que hizo que aquellos literatos heterosexuales adoptaran el cortejo como punto de mayor interés. Así, la eroticidad del "subir las escaleras" es ampliamente más desarrollada que la del " despedir al amante para que tome el taxi", como dice Foucault, en el caso de ellos. Caso contrario ocurre con sus pares homosexuales.

"Lo que reviste la máxima importancia en las relaciones homosexuales no es la anticipación del acto, sino su recuerdo." Foucault

Respecto a los fetiches sexuales, el pensador no duda que existe ya, en su época, una facilidad increíble para  que dos personas sean capaces de llevar a cabo un encuentro sexual. En este punto, no discrimina bien entre heterosexuales y homosexuales, pues su respuesta a O' Higgins intercambia ambas opciones con naturalidad.  Dice él que esta simplicidad para obtener sexo puede llegar a aburrir a muchos gays, con lo que resulta necesario elaborar nuevas prácticas sexuales, como los fetiches, para animar e innovar el acto, de manera tal que luego no exista esa angustia de ¿y ahora qué? luego del sexo, que tan incómoda resulta en esta época.

El texto resulta muy atractivo a nivel general, aunque se debe tener algo de cultura sobre psicología,  literatura erótica y homosexual para una mejor comprensión. Algunas respuestas preguntas de O'Higgins parecen expuestas con una mayor naturalidad, aunque peca de ser un poco categórico en algunas. Foucault, por su parte, trata de llevar la conversación de una manera más amena y accesible. Ambos ejemplifican bien lo que quieren decir, aunque, como mencioné antes, se requiere un cierto bagaje cultural para su mejor comprensión.

lunes, 13 de febrero de 2012

La carta de garantía más antigua

Siempre me ha resultado complicado exponer mi punto de vista sobre la  fidelidad. Me es difícil hablar de esta, porque, de cierta manera, siento que tengo la obligación de explicar su proceso histórico-evolutivo en el mundo, pero por cuestiones prácticas no lo haré tan extenso. Yo no comprendo a las personas que se autodenominan "fieles". Mucho menos a aquellas que mantienen relaciones amorosas largas y que no sacan los pies del plato porque alegan que le deben lealtad a la persona, como si esta fuese casi un deber adscrito.

La infidelidad como acto impuro viene desde tiempos remotos. Hay vínculos muy fuertes entre lo que es Amor-Fidelidad-Sexo presentes en varios textos y manuscritos antiguos que la rechazan. La razón antropológica más acertada que he leído es que los primeros hombres necesitaban tener una certeza frente a la criatura que la mujer llevaba en su vientre para que así siga su descendencia y permanencia en el poder. Por ello, crearon la fidelidad como carta de garantía para la mujer, básicamente.

Esta "virtud" fue elevada hasta el rango de cualidad conforme pasaron los siglos y las religiones la adoptaron gustosas, pues es una manera astuta de generar lazos interpersonales más duraderos con sus miembros. Sin embargo, creo que ya no no tiene sentido exigirla en épocas actuales. Nos han enseñado erróneamente que la fidelidad es amor cuando en verdad no es así.

Yo no puedo decir que he tenido varias experiencias amorosas, pero conozco bastantes, y casi todos los conflictos que se originan entre parejas se derivan siempre hacia esta lealtad que tiene que  haber en una relación para que así lo sea. Me pregunto, ¿es correcto un matrimonio donde ambos sujetos no tienen amantes, pero jamás tienen sexo, ni se muestran cariño?, ¿es justo para una persona ser considerada una puta o un puto por haberse acostado con otro sujeto en todo el periodo de una relación amorosa de años?, ¿justifica, en verdad, los celos, las inseguridades, frente a la fidelidad del otro en el "amor"?, ¿qué tanto podemos exigir de los demás si también cometemos errores?

He tenido la dicha de que los pocos chicos con los que he salido me han estimulado sexualmente lo suficiente como para andar mirando otros tipos mientras salía con ellos. Esto es muy importante, porque uno no puede estar con alguien que solo le atrae porque es muy guapo o inteligente, sino por un conjunto de características que le resultan relevantes al individuo. Considero que todo esto va más por el lado de desarrollo emocional. No todos tienen la seguridad suficiente como para enfrentar una pelea, ni todos saben escoger bien con quien salir. Estar con alguien solo porque le amas, pero te hiere es una estupidez.

La clave no solo está en la atracción, mucho menos en el amor, porque este se construye, sino en la sabia elección. Hay que saber analizar con quien involucrarse sentimentalmente; establecer las reglas del juego, y jugar, porque no existe otro camino, salvo lanzarse a la aventura. Lealtad primero con uno mismo si se pretende exigir en los demás.

lunes, 23 de enero de 2012

El amante de mis deseos

Todos tenemos un amor platónico. En mi caso, es un amigo, que es guionista. Él es simpático; casi no consume alcohol; vive solo; disfruta de las buenas películas y de comportarse mal con chicos hermosos. También, tiene un poder de atracción increíble. No sé cómo describirlo bien, pero podría aventurarme a decir que es una mezcla de fuerte sexualidad, carisma e inteligencia, lo que hace de él alguien muy atrayente.

Él me atrapó. La primera vez que lo conocí fuimos al cine, y luego al departamento en el cual vivía. Tuvo la gentileza de compartir conmigo sus revistas de moda, ya que tiene una fijación por los modelos, y de hacer lo mismo con su música. Me pareció un hombre increíble, pero yo a él no. Primero, tenía menos edad que él; el cabello muy desordenado para su gusto, y resultaba muy tranquilo, por no decir aburrido, como para satisfacerlo. 

Por cuestiones que no sé explicar, dejamos de hablar. El encontró el amor en su natal Trujillo y marchó a Cusco con aquel que lo volvía loco en la cama. Estuvo 3 meses viviendo en la ciudad del inca hasta que su pasión por él se desvaneció y regresó a Lima. Nos vimos una vez, pero ya no fui a su departamento, sino a caminar. A él le encanta andar, y hablar de música, y de cine. Yo no sé mucho de lo primero, pero me satisfacía con oírlo.

A mediados del año pasado intenté vagamente que él y otro conocido mio salieran, pero el desinterés del segundo impidió que las cosas avanzaran. Luego, el escritor conoció a un chico. Sí, un muchacho con un año menos que yo a quien usó a su antojo en la cama haciendo que él llorase y gimiese de placer casi sin poder separar uno del otro. Aprovechó de este hombrecito su juventud, ingenuidad y sumisión para hacer visible su fuerza endemoniada y exponer sus deseos sexuales.  Mi literato viajó de nuevo a Trujillo sin más. Lamentablemente, el alma del chico no pudo soportar mucho.

El sexo rudo había penetrado su inocencia, y tenía que frenar para no dañarse más. Mi amigo se dio cuenta que lo amaba, pero era tarde. No había más piel suave, ni gimoteos, ni amor para cuando el pisó Lima nuevamente. Lo visité para conversar; ver Manhattan, y autoflagerlame un poco con el pensamiento, mientras él me  porfiaba su secreto. Yo desarrollé un recelo muy particular por el hombrecito, pero me apiadaba cuando me imaginaba el huracán que debió haber sentido en su interior.

Mi querido dramaturgo se ha portado muy mal desde aquella vez. Ahora quiere viajar. Uno de sus amantes le ha pedido que vaya a Argentina, y él no resiste la oportunidad de tomar un aire en otros espacios. Me ha dicho que volverá, que no me preocupe. Solo espero que el aire sureño le dé un respiro a su corazón, y que eyacule su deseo con buenos hombres.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Paradigmas Amorosos

¿Tienes que esperar 3 días luego de la primera cita para ver si te llama o no y así seguir con el plan?, ¿tiene que devolver la llamada el que invitó a la cita o el invitado?, ¿cuándo es apropiado poder decirle 'te quiero' a esa persona con la que sales?, ¿existe un tiempo adecuado de aguante antes de tirar?, ¿el sexo oral cuenta?, ¿y los jueguitos? Estas y otras preguntas más rondaron mi pequeña cabeza durante una serie de días, por lo que busqué respuestas en varios amigos, quienes en su mayoría me plantearon escalas de tiempo adecuadas para que ocurriese cada situación. Mi conclusión luego de oír sus repuestas: las reglas sociales son estupideces.

No existe un tiempo determinado para saber luego de la primera cita para saber cuándo es correcto comunicarte con esa persona, o para saber si las cosas van a  marchar bien o no. Son cosas que pasan y ya. Puede ser que las primeras tres veces que salgan la pasen genial, y la cuarta no, pero esa no es razón para dar marcha atrás. Todos tenemos días buenos y malos. Es cuestión de ver cómo avanzan como relación con el pasar de los días y ver entre ambos si las cosas van para más o no.

Luego, no existen restricciones para decirle a alguien "me gustas" o "te quiero". Uno lo dice simplemente y ya. Además, porque te diga te quiero no quiere decir que se va a querer casar contigo, o que en verdad te quiere de la manera que crees. El peso que se le atribuye a cada palabra varía por lo general entre personas, aunque tampoco es tan recomendable decirle "te quiero" a una persona que has visto 3 veces, porque puede parecer estúpido. Tampoco existe una ley para decir cuánto es apropiado decir "me gustas", o "te amo", son cosas que surgen con el tiempo y las experiencias que intercambian.

Sexo es sexo. Así sea un blow job, o un quickie, eso no quita que sea sexo, y hacerlo antes de establecer una relación formal no te va volver una puta,  y hacerlo después tampoco te va a hacer ver lento. Cada pareja es libre de decidir cuándo quieren tener sexo o no, cómo, dónde y demás interrogantes también. Además, es un componente importante para la relación, ya que afianza, generalmente, la pasión y deseo por la otra persona. Asimismo, ¿a quién le gusta correrse la paja si puede hacerlo con alguien?
Por último, cada relación es compleja, y no todos nos manejamos de la misma manera. Quizá para algunos sí funcionen ciertos paradigmas, pero para otros no. Es, como dije antes, cuestión de vivir.

martes, 7 de diciembre de 2010

De mínimas y máximas

"Todos en la cama somos del mismo tamaño", "El tamaño no importa, sino como la mueves", "Las diferencias se pierden entre sábanas", "Gallina vieja da buen caldo" son frases que regularmente las oímos decir, pero, ¿son verdad? No lo sé, mas de lo que sí estoy convencido es que todas son altamente relativas. Por eso, hoy postulo estas 6 afirmaciones que tratan, en lo posible, de ajustarse a esta realidad.

Mínimas

1) Muchas veces he proclamado que el acting es mejor que la talla del miembro al momento de tener sexo. Sin embargo, no voy a negar que es mucho más fácil tener un orgasmo con uno que mida 14 cm y esté bien usado, que con otro de 7. Es cierto que algunos hombres pueden hacer mil y un acrobacias para tratar de satisfacer, pero por más malabares que hagan, los resultados al final para ambos no es lo mismo.

2) También, creo que la cantidad indispensable de corridas por sesión rápida son 2. No es porque crea en los pares, pero estoy casi seguro de que se necesitan dos para un buen entendimiento sexual. El primero funciona como uno de exploración, en cual se descubre los movimientos y zonas que más placer les da a ambos. Por otro lado, en el segundo se encargan de darse la mayor satisfacción mutua para que lleguen al goce.

3) Luego, considero que hay una talla base a nivel de personas con las cuales es mucho más cómodo tener sexo que con otras. Si mides 1.73 cm , no es cómodo tirar con alguien de 1.52 cm. Esto ocurre porque al momento de intercambiar diversas posiciones sexuales, las cosas ses suelen complicar un poco más. Ahora, si bien algunos son ingeniosos, o le gusta tirar con alguien más pequeño que ellos, no son la mayoría.


Máximas

1) No se puede tirar con un hombre que la tenga 23 cm si no se está listo. Es así de simple. Conozco muchos chicos que guardan muchas fantasías en follar con otros que la tengan así. Aunque, cuando se les presenta la ocasión, les invade el miedo y rechazan la oferta. Además, no todos tienen la misma vida sexual, ni las mismas "resistencias". Por ejemplo, mientras que un grupo dilata más rápido, otro no.

2)Después, existe un límite de tiempo en espera hasta que tu pareja se venga. Es cierto que bastantes pueden tolerar varios minutos a su pareja, especialmente si ejecutan un rol pasivo; no obstante , algunas veces eso llega ser molesto, ya que la espera viene acompañada de una incomodidad en la mayoría de los casos, que hace que al final quien recibe termine no tan a gusto con la situación.

3)Finalmente, no es lo mismo tirar con un hombre de 55 años, que con uno de 17, y eso lo sabe bien un proporcionado grupo de visitantes de esta web. Todo es distinto: desde la cosa más evidente, el cuerpo, hasta la de menos, la mente. Así mismo, la experiencia y el goce, de cada uno son claramente distintos. Pienso que hay un límite de edad según la cual posea cada persona. ¿Y por los menores? Bueno, para eso están las normas legales.