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viernes, 14 de febrero de 2014

Bon Voyage, Bel Ami

Por alguna extraña razón, cuando he salido con un chico que  me interesa, no me he podido involucrar sexualmente de una manera que me haga sentir satisfecho; sin embargo, cuando hemos dejado de hacerlo, y ha transcurrido cierto tiempo, hemos tenido un par de encuentros casuales que, más que sorprendernos, han terminado por ayudarnos a cerrar un ciclo.

¿Qué tanto "necesitamos" tirar con esa persona para acabar con todo de una buena vez? No lo sé. En mi caso, tiene que ver con una cuestión de orgullo+ganas+pajazosmentales que deben ser resueltos para poder mantener una relación tranquila, sino sana, con quien alguna vez salí, y fue la fuente de mis pajas nocturnas, mis falsas esperanzas y mis histerias. 

Hace unos días le contaba a un buen amigo, que tengo un pata que está por hacer un gran viaje. Este sujeto fue alguien con quien salí hace un par de años, pero con quien nunca intercambie más que saliva las míseras veces que nos besamos. Ahora se va por no sé cuanto tiempo. Me ha dicho que fácil es un año, pero que si todo le va bien, se queda allí. Esa vez que me contó yo me estaba cagando de risa de cómo afinaba su bajo; todo lo malinterpreto, y él me sigue con la cochinada, y eso me encanta. Estaba tan perdido, entre mi arrechura y la sorpresa, que solo pude decir, ¡Oh!.

Sí, ¡Oh!, como si mi sorpresa fuese a penetrar sus oídos hasta traerlo a mí para conversar una última vez, pero yo soy muy ingrato, y él peor. Quizá debería llamarlo. Lo embriagaría con un vino, como me dijo mi amigo, y luego vería qué pasa. Soy el peor; tal vez, pero es que se va, y aún nada. Supongo que él me dirá "No, Maxtian, ¡no! ¡Estás locazo, carajo!", se reirá, solo se reirá (y yo con él).  



Besos, besos, abrazos, y que tengas un buen viaje.


miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Cuzco pone?


Hace unos días volví de mis vacaciones por la ciudad sagrada del sol, donde cada piedra que pisas tiene historia. No obstante, grande fue mi sorpresa al ver que no todo lo brilla es oro, y que hasta la sonrisa más inocente cuesta un dólar. Porque sí, amigo, one dollar the photo, es lo que cuesta la imagen linda de la chica autóctona, su llamita y tu sonrisa para el momento Kodak.

El viaje empezó bien. Llegué en la mañana, y me recibió un día caluroso y seco. Si bien no padecí de soroche, mi piel sí sufrió. El aire frío que va de oeste a este en la ciudad no es nada recomendable, según mi parecer, a las personas con tez mixta como yo, pues la reseca. A pesar de eso, seguí de buenos ánimos y llegué al hotel. La oferta de precios es variada, al igual que la calidad que cada uno ofrece. Primero estuve en uno en el barrio de San Blas. El lugar es lindo, bohemio y tranquilo; sin embargo, si no estás acostumbrado a subir escaleras en altura, ¡no te arriesgues!

Luego, en la tarde, fui a recorrer la capital incaica. Esta posee muchas calles en un solo sentido, así como muchos pasajes por donde subir y bajar escaleras. Si viajas por primera vez, no te emociones y heches a correr, más bien ve a tu ritmo hasta que te aclimatizes. Así mismo, existe infinidad de tiendas de artesanías por donde vayas. Si deseas conseguirlas ve al mercado artesanal, es más económico y seguro allí. Si quieres comprar algo cerca a la plaza, a menos que tengas plata, no lo hagas. Los vendedores te ven cara de tourist y te cobran hasta 3 veces más su precio normal. También es importante regatear.

En la noche moría de hambre, por lo que me fui a comer a Bembos. Sí, quizá no parezca la mejor opción, pero cuando no tienes mucha plata, y tienes promociones en tickets, es lo más recomendable usarlas para economizar. Al día siguiente, fui a comer a un menú de 5 s/. en la calle Choqechaka. Puedes encontrar menús de todos los precios, desde 3.50 s/. hasta 35 s/., como también platos a la carta, según el local.

En la noche hay variedad de discotecas y bares. Mis favoritos fueron Inka Team, Los perros, Mushrooms y Mama Africa. Una vez fui a Mithology, pero no pasó nada. La música me hacía tambalear de cansancio, y al final opté por pasarme a Inka team. Los lugares son generalmente no tan grandes, repletos de turistas, tragos caros y ambiente straight. Yo me divertí lo suficiente, aunque, francamente, no satisfizo ampliamente mis expectativas.

Por otro lado, he de recalcar que el trato al turista deja mucho que desear. Sí, y lo digo sin roche. Para ejemplificarlo mejor, propondré la anécdota de una amiga con la que viajé. Sucede que cuando estaba paseando por el mercado, ella vio una chompa que le gustó y preguntó por el precio a la vendedora, a lo que esta le dijo cuál e inmediatamente le advirtió si la iba a llevar. Aquella dijo que no, que solo se encontraba observando, por lo que la otra mujer le respondió: ¿para qué pregunta, entonces, si no va a comprar? Más es el tiempo que me hace perder...

Quosco es una ciudad de contrastes. Allí se puede encontrar un sinnúmero de fusiones alucinantes, como lo andino con lo occidental, lo antiguo con lo moderno, lo conservador con lo liberal, lo tierno con lo hipócrita, etc. Así mismo, tanto esta como la región están llenas de monumentos arqueológicos muy bien conservados que valen la pena conocer. Algunos por medio de guía turística, y otros personalmente. En definitiva, es una urbe interesante, "curiosa", que merece visitarse alguna vez.