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jueves, 31 de marzo de 2011

Los verdaderos amigos

Si algo he aprendido de la vida, es que las personas evolucionan, pero siempre mantienen rasgos esenciales que las hacen distintas de los de las demás. La gente no cambia, se transforma, adopta nuevas posturas o reacomoda sus existentes para ser mejores. Los verdaderos amigos son aquellos con los que has aprendido a convivir en todos momentos, a pesar de todas las adversidades y roces que puedas tener con ellos.

El año pasado fue muy especial para mí, pues me demostró que siempre vamos a estar juntos pase lo que pase. Lo corroboré en cuzco cuando en el segundo día ya estábamos llorando por nuestras diferencias, pero al final acabamos riéndonos tomando una vaso de vodka de mala muerte, y corriendo como locos a las 3:00 a.m. en la calle en polo a 2 Cº. También en la fiesta de un chico al que fuimos colados, y cuando conocimos al chico Temporada 2011. Podría mencionar una serie de eventos más, mas no tendría mayor importancia.

En mi opinión, los amigos tienen como base fundamental la tolerancia y perdón. Por más insultos, golpes, diferencias y demás que puedan tener, siempre sobresale la capacidad para permanecer juntos y dejar atrás lo pasado para continuar. Yo habré sido bien mierda con los amigos de los míos por razones particulares; sin embargo, cuando he querido dialogar, he ido siempre con la mejor de las ganas, pues, al final, de nada sirve quedarse con malos pensamientos.

Esas son huevadas, como dice una buena amiga mía. El resentimiento solo alimenta la antipatía hacia las personas y no te permite crecer, ya que es una carga que siempre arrastras contigo y que, a pesar que digas que no jode, siempre está ahí. Siento que estoy viviendo un nuevo ciclo de vida: Se han incorporado nuevas personas a mi grupo, han vuelto otras, y estoy frecuentando otro tipo de vida social. Es tiempo de vivir cosas nuevas y crecer.

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Cuzco pone?


Hace unos días volví de mis vacaciones por la ciudad sagrada del sol, donde cada piedra que pisas tiene historia. No obstante, grande fue mi sorpresa al ver que no todo lo brilla es oro, y que hasta la sonrisa más inocente cuesta un dólar. Porque sí, amigo, one dollar the photo, es lo que cuesta la imagen linda de la chica autóctona, su llamita y tu sonrisa para el momento Kodak.

El viaje empezó bien. Llegué en la mañana, y me recibió un día caluroso y seco. Si bien no padecí de soroche, mi piel sí sufrió. El aire frío que va de oeste a este en la ciudad no es nada recomendable, según mi parecer, a las personas con tez mixta como yo, pues la reseca. A pesar de eso, seguí de buenos ánimos y llegué al hotel. La oferta de precios es variada, al igual que la calidad que cada uno ofrece. Primero estuve en uno en el barrio de San Blas. El lugar es lindo, bohemio y tranquilo; sin embargo, si no estás acostumbrado a subir escaleras en altura, ¡no te arriesgues!

Luego, en la tarde, fui a recorrer la capital incaica. Esta posee muchas calles en un solo sentido, así como muchos pasajes por donde subir y bajar escaleras. Si viajas por primera vez, no te emociones y heches a correr, más bien ve a tu ritmo hasta que te aclimatizes. Así mismo, existe infinidad de tiendas de artesanías por donde vayas. Si deseas conseguirlas ve al mercado artesanal, es más económico y seguro allí. Si quieres comprar algo cerca a la plaza, a menos que tengas plata, no lo hagas. Los vendedores te ven cara de tourist y te cobran hasta 3 veces más su precio normal. También es importante regatear.

En la noche moría de hambre, por lo que me fui a comer a Bembos. Sí, quizá no parezca la mejor opción, pero cuando no tienes mucha plata, y tienes promociones en tickets, es lo más recomendable usarlas para economizar. Al día siguiente, fui a comer a un menú de 5 s/. en la calle Choqechaka. Puedes encontrar menús de todos los precios, desde 3.50 s/. hasta 35 s/., como también platos a la carta, según el local.

En la noche hay variedad de discotecas y bares. Mis favoritos fueron Inka Team, Los perros, Mushrooms y Mama Africa. Una vez fui a Mithology, pero no pasó nada. La música me hacía tambalear de cansancio, y al final opté por pasarme a Inka team. Los lugares son generalmente no tan grandes, repletos de turistas, tragos caros y ambiente straight. Yo me divertí lo suficiente, aunque, francamente, no satisfizo ampliamente mis expectativas.

Por otro lado, he de recalcar que el trato al turista deja mucho que desear. Sí, y lo digo sin roche. Para ejemplificarlo mejor, propondré la anécdota de una amiga con la que viajé. Sucede que cuando estaba paseando por el mercado, ella vio una chompa que le gustó y preguntó por el precio a la vendedora, a lo que esta le dijo cuál e inmediatamente le advirtió si la iba a llevar. Aquella dijo que no, que solo se encontraba observando, por lo que la otra mujer le respondió: ¿para qué pregunta, entonces, si no va a comprar? Más es el tiempo que me hace perder...

Quosco es una ciudad de contrastes. Allí se puede encontrar un sinnúmero de fusiones alucinantes, como lo andino con lo occidental, lo antiguo con lo moderno, lo conservador con lo liberal, lo tierno con lo hipócrita, etc. Así mismo, tanto esta como la región están llenas de monumentos arqueológicos muy bien conservados que valen la pena conocer. Algunos por medio de guía turística, y otros personalmente. En definitiva, es una urbe interesante, "curiosa", que merece visitarse alguna vez.