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sábado, 11 de junio de 2011

Tómalo todo (y no me avises cuándo)

Ver a Marion Cotillard en Nine no me sienta bien. Ella no tiene la culpa, sino su personaje, Louisa. Es una mujer condenada. Tiene los ojos vacíos, y la belleza oculta dentro del vestido negro. Habla pausado, y mientras juega con ser ella misma, sabe que no lo es. Su sonrisa se ha extraviado hace tiempo, igual su encanto. Se la ha llevado él junto con sus más dulces recuerdos luego de algunas películas, y algunos castings. Como es comprensible, su esposo no la necesita, y ella lo sabe, pero por ser lo que es se siente atada a él. Eso es lo que no comprendo.

Me gustaría por momentos entrar en el film y obsequiarle "Llámalo amor, si quieres", pero no estoy tan seguro de si lo leería. Quizá me creería un impertinente por tratar de salvar su vida personal siendo tan solo un extraño, pero es que no la quiero ver mal, no me quiero ver mal. Es que hay algo en su mirar que me recuerda al mío, supongo que eso me asusta. Me aterra creer que quizá yo también me pueda quedar así por un tipo que no sabe compartir. Por eso, me asusta enamorarme.

No tendría miedo si algún día me llegase a enterar que el chico con el que salgo se acuesta con otros. Tampoco celos. Quizá ese día hable con él seriamente, y le pida que si desea hacerlo no me cuente sus experiencias sexuales, sino que las aplique con rigor. Sin embargo, sí le exigiría que no haga pública sus vida con aquellos chicos más allá de sus respectivas camas, me daría pánico saber que aquellas experiencias vividas solo con él no son solo mías. Rompería mi razón para sentirme en parte atado a él.

Espero que, cuando llegue, no me deje cegar tanto por la ilusión. Enamorarse, creo yo, es tomar parte de uno de los juegos más arriesgados de la vida, y no salir perdiendo es lo más difícil.


viernes, 21 de enero de 2011

Mi princesa de Fuego II

Ella respira la libertad restringida desde su habitación. Ha perdido su brillo. Es débil. Cada día al despertar me sonríe para hacerme saber que está bien, me alegro con ella. A veces me abraza, muy suavemente. Jugamos con nuestras manos, y le susurro que está más flaquita. ¿En serio?, me dice. Sí, le digo. Ella se alegra, me gusta verla sonreír. Entonces, bajamos de la mano a desayunar.

Comemos en silencio, o entre risas. Habla poco, y cuando lo hace te fulmina con su mirada sin querer . Lleva en sus ojos la alegría oculta. Siempre sonríe, aunque al recordarse llora. A mí me duele verla así. Nunca sé cómo actuar para que no se ahogue más. Sufre adentro, yo también. Cuando eso ocurre, la abrazo, muy fuerte, y le digo que todo irá bien. Ay flaquito, flaquito, susurra entre sollozos. Yo la acompaño, pero no puedo llorar.

Luego, antes de acostarse, me dice lo mucho que me quiere. Algunos días me quedo a su lado viendo una película mientras le acaricio el pelo. Nunca nos hemos abierto el corazón, pero nos queremos. Dormir con ella es alcanzar el cielo, y ver que estás con un ser divino a tu lado. Su paz es mi consuelo. Lamentablemnte, mi consuelo no es su mejor opción.

viernes, 16 de abril de 2010

Mi princesa de fuego

Tus gritos rompen mis oídos mientras forcejeas con los paramédicos para no entrar. Te he engañado. Todo no ha sido más que una trampa para que cuando llegues ahí, te encierren. Tú luchas con tus fuerzas, lanzas tu ira al viento como quien quiere hacer oír su queja hasta el infinito. Te liberas de sus brazos. Ahora corres, tu poco cabello danza sobre tu cara agitada, pero te caes y te vuelven a atrapar. Ellos no lo quieren hacer, pero no les das otra alternativa.

Me insultas, dices que me odias, que detestas al mundo. No te puedo ayudar, pues sé que me agredirás. Ya intenté medir tu fuerza, pero no puedo luchar contra esta. Uno de ellos va a llamar al enfermero. El que entró sale con cara de satisfacción y vuelve a sostenerte. Ahora él ha salido de la puerta de emergencia y se dirige hacia la acera del frente donde te encuentras. Empiezas a llorar. Veo que te retuerces, ya que sabes que no hay marcha atrás. Él se sigue acercando e intentas safarte, mas no puedes hacerlo. Él se agacha, te dice que no te dolerá, y te inyecta lo que será tu pasaporte a aquel lugar de cual siempre intentaste huir.

Ahora te sueltan, te levantas y corres hacia mi. Sin embargo, no tienes estabilidad. Te tocas la cabeza, algo no está bien. Caes de rodilla, voy hacia ti. De pronto, terminas cayéndote entera y frágil al suelo. No sé qué hacer, te ves tan débil así. Los otros, como les dices, vienen para ponerte en la camilla. Ellos te cargan suavemente ,y te hacen entrar cual Dafne dormida a tu cárcel. Yo te veo ir, y junto a ti se van tus abrazos, tus besos, tus golpes y aquella mesa rota.

Trato de entender qué sentirás cuando despiertes. Sabes que yo he pasado similar, aunque no he llegado hasta el punto que tú llegaste. ¿Me odiarás?, ¿me volverás a hablar?, ¿me querrás recordar, siquiera? No lo sé. Tampoco sé cuando te volveré a ver. Sólo espero que cuando vuelva, te encuentres mejor. Yo te estaré esperando con tus tallarines al lo Alfredo que tanto te gustan y tu vino tinto, porque detestas cuando no acompañas las pastas con algo. Te espero, también, con tu libro a media leer, tus lentes de sol y esa sonrisa que, según tú, tan bien me asienta cuando es sincera.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Ella

Ella era muy hábil para la cocina. Ella preparaba todos los viernes grandes Buffets para toda la familia. Ella era la responsable de los ataques de estrés de mi vieja. Ella gustaba de vernos sentados y riéndonos. Ella nunca me dejó ayudarla en al cocina, pues decía que mi lugar era con los niños.

Un día de verano te mudaste a mi casa. Yo estaba muy feliz, pero tú no lo estabas del todo. Con el correr de los días te acostumbraste. Siempre fuiste buena al momento de enfrentar situaciones nuevas. Siempre admiré tu fuerza y sensibilidad. Me enseñaste que el trabajo dignifica al hombre y uno deja de ser humano el día que deja de amar o empieza a odiar. "Lo importante no es solo ser feliz, porque eso es simple, sino aprender a compartirla". Parece que todos hubiesen olvidado tus palabras, tus bromas, tus comentarios de doble sentido. ¿Recuerdas cuando nos fuimos a visitar a D y me dijiste que el nombre de su hijo era de perro? Fue muy gracioso. Siempre te gustó hacer ese tipo de comentarios sin temor a esperar una respuesta. Nunca te quedaste callada, siempre decías lo que pensabas, pero "con tino". "Uno siempre debe aprender a respetar y a hacer bromas de los demás sin agredirlas".

Todo era tan simple en ese entonces. Yo llegaba del colegio. Tú me recibías con mi Nana y llamabas a Ro... para que viniese a servirme el almuerzo. Era un placer almorzar contigo y ellas. No había almuerzo en el cual no hablásemos de algo relacionado con sexo o familiares. Yo me burlaba de todo y tú me tirabas el tenedor por encima de la cabeza cuando exageraba. Algunas veces me caía, otras no. Luego de hacer mis tareas, en la noche, me iba a tu cuarto a ver televisión. Tú estabas viendo tu misa y yo le cambiaba a "ese canal donde solo pasan calatas". Algunas madrugadas me iba a tu cuarto a dormir contigo, otras no.

Recuerdo que cuando me golpeaban por salir mal en matemáticas eras tú la que lloraba. Yo no lo hacía, pero verte llorar me ponía triste. Me dijiste que "el resentimiento no conlleva a nada positivo". "Es como un bichito que te impide crecer". Siempre me dijiste que me ezforzara para ser grande, pues que estaba destinado al éxito. A ti te gustaban mis dibujos, esculturas, canciones, cartas, acrósticos y demás. Creías que quizá sería artista, cura, escritor o algo parecido. Nunca me pediste nada, salvo ser feliz y sonreír. Claro,"siempre uno debe ser feliz sin pisar otro, ¿por qué? Así te joden menos"

Hace ya varios mases que no estás. Qué poco sonrío en comparación a esos tiempos. Cómo se acaba en mí la felicidad al llegar almorzar. ¿Estás en buen lugar? No lo sé. Sólo sé que donde sea que estes tu sonrisa de mi mente nunca se irá.