sábado, 5 de noviembre de 2016

Leal/ad


¿Cómo demandamos lealtad si no somos honestos con nosotros mismos? ¿Con qué concha le decimos a otro que deje se culear con otros si nos cuesta pretender que solo tenemos ojos para una persona? ¿Cómo exigimos fidelidad si nos hemos traicionado?

Nos hemos educados orientados al otro, leales al otro, hasta el punto de llegar a negarnos quiénes somos, qué deseamos. Crecemos con este horrible 'axioma' social que nos empuja a darnos al otro en cuerpo y alma como un pedazo de mercancía. El principal inconveniente de esta entrega desmedida es simple: no nos permitimos alcanzar nuestra propia felicidad en desmedro del otro porque 'uno tiene que hacer sacrificios'. Ahora bien, ¿cuánto uno está dispuesto a 'sacrificar' para construir una felicidad compartida? ¿Qué tanto uno de puede negar a sí mismo para satisfacer a otro a costa de la propia felicidad?

Desde mi perspectiva, la lealtad no implica una devoción ciega al otro, menos la noción de realizar 'sacrificios' que atenten contra mi propia felicidad, contras mis deseos para no joder a otro 'y llevar la fiesta en paz'. Porque, al final, ¿se gana no siendo felices, evitando discusiones que carcomen?, ¿se puede construir una relación suprimiendo las ganas, los sueños?, ¿se consumen todas las fantasías con una paja, una sonrisa a medias y un té para dos?

Es cierto que cada pareja dibuja y re-construye sus propios modelos de fidelidad como le da la gana; sin embargo, creo que primero debemos realizar un ejercicio consciente de qué es lo queremos para nosotros, como individuos, cuánto podemos aceptar y hasta qué punto nos adaptamos. No creo que las personas 'cambien'  voluntariamente por otra. Quizá uno pueda llegar a ser manipulado, modificar algunas maneras de pensar o actitudes con el tiempo, pero no renunciar a quien se es sin más desde el comienzo para no cagarla.

De nuevo, la honestidad. Debemos aprender a ser más honestos con nosotros mismos, con el tipo de intimidad que queremos desarrollar para evitar falsos orgasmos, fantasías atrapadas en la ilusión de la hipócrita relación monogámica perfecta.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Silencio Moral


No somos honestos en el sexo. No lo somos, porque cuando quieres practicarle un fisting no sabes cómo mirarle a la cara para decirle que quieres probar algo nuevo. No lo somos, porque cuando te sale una hemorroides solo sonríes cojudamente para evitar decir no, a pesar de que el dolor te impida disfrutar como a él. No lo somos, porque cuando ella quiere una relación monogámica te da paltas si quiera sugerir la idea de un trío porque estás harta de la manera cómo están teniendo sexo. No lo somos, porque te cagas de miedo de decirle que tienes VIH a tu pareja, pero, sobre todo, a que te deje.

¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto liberarnos? Creo que la respuesta tiene que ver con  un cordón umbilical. Sí, un cordón al que estamos expuestos después de abortarnos al mundo y que se construye (querramos o no) con prejuicios, con tabúes, con una cojuda moral católica apostólica romana que nos alimenta desde la primerísima primera leche y considera que el sexo solo tiene un fin reproductivo vaciándolo de placer, llenándolo de culpa y miedos.

Un cordón atado a una madre cristiana y al que papá estado solo le interesa alimentar con sanciones para que no se atente contra la moral y las buenas costumbres, porque este es un país de bien; un país sagrado; un país creyente; un país que perdona el pecado, pero no el escándalo; un país donde juras por dios (o por la plata), pero no por tu ideales. Esa es cosa caviares libertinos.

De esta manera, crecemos castañizados... Me corrijo, mudos frente al sexo, indiferentes frente a nuestros deseos, frente a nosotros mismos. Nos volvemos monaguillos del silencio moral y callamos para no ser tan putas, para no parecer tan cabros, para no ser tan enfermos, para poder vivir. Nos convertimos en fuentes secas de placer y, a veces, hasta en inquisidores del mismo quemando todas nuestras pulsiones, aniquilando sistemáticamente todo rasgo de 'obscenidad' para hacer más leve la carga (especialmente si es entre dos).

Por suerte, algunos nos abortamos. El camino nunca es fácil. La honestidad en el sexo viene con una alta dosis de estigma, algunas gotas de sangre y un puñado de insultos. Sin embargo, se pasa mejor, se vive más y se enferma menos. Tal vez, sea cierto después de todo. Veritas vos liberabit, cabras.  

martes, 1 de noviembre de 2016

Silencio Asesino


Tenemos que hablar porque hace falta, porque los antiretrovirales no bastan (ni sobran), y porque aún hay un alto número de cabros que mueren de VIH, pero cuyos nombres quedan en el olvido junto con sus historias, porque nadie quiere retomar el horror. Nadie quiere ensuciarse. Menos que le griten sidoso.

Me molesta que en un país donde cada año se infectan más de 3000 el VIH no sea una discusión dentro de las problemáticas de las maricones y las tracas, sino que pase desapercibido "porque no todos los gays tienen VIH", "porque no todos son unas putas", "porque ahora no te mueres de eso", "porque no es el único problema y todas las demandas son válidas". Me hincha el ano el silencio cómplice de varios activistas y moralistas que deciden no apostar por visibilizar una problemática para no infectarse con ella.

Me genera repulso la actitud de "ellos se lo buscaron", porque nadie busca tener VIH y tener que cargar con un estigma y, muchas veces, con la exclusión ciudadana. Me jode la actitud tan pasiva frente a una situación que cada año se lleva a alguien cuya voz resuena en un rincón alejado de la memoria.

Me asquea el silencio cómplice de todos frente al tema, "porque todas las luchas importan". Y claro que importan, pero no te mueres si no te casas. No quedas inhabilitada para chambear si decides no casarte. No se te caen las defensas más que las pestañas postizas o las piernas débiles por tu peso si no decides decir un "sí, acepto". No mueres a los 22, 25, 33 si escoges comprometerte, pero sí por no recibir un tratamiento digno, por ser invisible.

Me revienta el glande que no se hable del sexo, el placer y el VIH como algo que puede ser compatible. Me molesta que nuestra actitud frente a nuestras prácticas sexuales y el desarrollo de nuestra intimidad sea tan en-closetada, tan forzada a estándares de sexo seguro por un grupo de personas que capitalizan qué debemos hacer con nuestros penes, chuchas y anos censurando la información que no les parece adecuada transmitir.

Tenemos que hablar, porque hoy más cabros y travas se ganarán la Tinka y otros más morirán al terminar esta noche, pero nunca conoceremos sus historias, ni su ronca risa loca.

jueves, 6 de octubre de 2016

Paradero Dolor


What thouh the radiance which was once so bright

Be now for ever taken from my sight,
     Though nothing can bring back the hour
Of splendor in the grass, of glory in the flower;
     We will grieve not, rather find
     Strenght in what remains behind;
     In the primal sympathy
     Which having been must ever be;
     In the soothing thoughts that spring
    Out of human suffering;
     In the faith that looks through death,
In years that bring the philosophic mind.
Wordsworth - 'Intimations of Inmortality from Recollecions from Early Childhood'

De pronto, el peso se alivia con los años. Y aquello que te ahoga te permite, más bien, salir a flote, sin rumbo, pero a flote.

El dolor se aprende a manejar con el tiempo. Quizá no lo parezca, pero sí. Todo transcurre y uno aprende a permanecer a flote sobre aquel mar de pensamientos que antes a uno lo ahogaban. No siempre es fácil, pero uno se relaciona mejor con el dolor.

Resulta extraño, pero la aproximación es diferente ahora que antes, y mañana será igual de diferente que hoy. De pronto, la tristeza se guarda y no corre tan desenfrenada por nuestros poros, por la mano,  a pesar de que duele. De pronto, hay la conciencia que uno no puede escapar de aquellas situaciones que nos pueden causar pena, y es este saber lo que nos permite una mejor comprensión de esa triste situación.

Me di cuenta en un viaje final, cuando ya no había más que pudiera ser, cuando ya había dicho aquello que dije y él me dijo lo que tenía que decir. Me di cuenta porque me sentía absurdamente desubicado y solo en un bus que no podía cargar una persona más, porque sabía que esta situación era el final de lo que pudo ser y que solo quedaba seguir, esperar el próximo paradero para bajar.

Quizá tragamos muchas lágrimas y por eso nos ahogamos tanto. Quizás es cierto, que el tiempo subsana las heridas, pero que, sobretodo, nos permite abrazar el dolor como un paradero más en la ruta de la vida.


PS. Cuando te quieres ahogar, escribe, y respira. Siempre respira.

lunes, 3 de octubre de 2016

Volver a andar



De nuevo, el vacío, la fatiga de no saber qué camino seguir. Algunos la llaman la crisis de los 25. La verdad es que parece que dura hasta los 30. No quiero ni imaginarlo.

Es como si todo se hubiera paralizado, como si te encontrases en el medio de la nada y no saber qué hacer, porque no hay nada que hacer, porque ya todo está hecho (?). De nuevo, el vacío. Tal vez, mejor dicho, el horror al vacío.

Todo comenzó hace unas semanas cuando estaba sentado en el micro camino a la chamba y me percaté que era otro día más. Sí, "otro día de chamba". Puede parecer estúpido, pero me sacudió terriblemente la conciencia de que era "otro día". En ese momento, me percaté de lo absurdamente rutinario de mi situación, del orden, del control, de este sueño que tengo que no avanza como quiero y se estanca, de mis planes.  En fin, de si soy feliz simplemente donde estoy.

Fue un pajazo mental terrible. Lo fue más porque no podía coger el libro que tenía entre manos y leer, porque una hija le contaba a su madre todo lo que quería hacer "de grande" en el sitio de lado y yo solo quería vomitarme de allí, salir expulsado al cielo y caer en paracaídas en medio del malecón.

Todo el trayecto no pude dejar de pensar en todos esos sueños rotos que dejamos tirados en algún paradero, una maqueta escolar construida con plastilina o un paper universitario. Fue terrible, angustiante, casi un ahogo emocional. Por suerte, el libro que tenía entre manos me sujetaba a la realidad de alguna forma. Era un zombie existencial que navegaba en la densidad de sus pensamientos. I'm having an existencial time crisis.

Lo peor es que con el transcurrir de los días los pajazos aumentan. Lo más trágico es que no eyaculo nada, solo me corro. Un incordio. Debería moverme, pero no tenga idea de hacia dónde. (Mal.) Hay situaciones, mejor dicho, circunstancias que me llenan de pánico, que me bloquean por instantes. (Muy mal.)

Hace poco hablé con Jojo de esto. Mi amigo quiere aprender a cortar el pelo para ganar dinero extra. Me parece fabuloso, práctico, canalizador. Me ha sugerido que busque otros planes, que vea otras cosas, que piense en qué tareas básicas soy bueno. Él hizo un viaje muy importante antes de cumplir 25. Pienso, quizá, que tal vez de moverme hacia otro lado, vivir en la quinta dimensión o en otra casa al menos, dejar todo y arrancar de cero.

Ahora, todo esto es angustiante, pero tampoco me aloca tanto. Trágico, pero sin llegar a ser un armagedon. Es una situación  bastante jodida, pero que no me jode completamente. Madurez le llaman. Quizá por eso me detengo y me siento a escribir. Pause. No es que sienta que vaya a ganar algo de esto, pero sé que es lo mejor que puedo hacer en este momento. Yo soy yo y mi circunstancia. De nuevo, Ortega y Gasset. Imposible huir de la circunstancia, pero también imposible estar completamente supeditaba a ella sin ser. Quizá por eso escribir esto sea lo mejor. No me ordena, pero me ocupa.

Ábrete Max.  No así, cabro. Sí me entiendes. (¿NO?)

Lo sé, te entiendo. Aunque también lo estoy.

Jajajaja, idiota.

Un poco. Te quiero. Ya veré qué hago. Debo moverme.

Sí, piensa en el checo hijo de perra que me hizo comenzar de cero mi tesis de maestría.

Sí...

Bueno, le mandaré un correo.  Espero me responda.

PS. Ya respondió el correo. Tenemos una cita esta semana para retomar la tesis
.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Crónica de una intoxicación no anunciada


2:25 -Los dolores comienzan. Millennnium Approaches. Prepare the way!

3:25 - He vomitado todo. Absolutamente todo. Tengo mucho miedo. No vomitaba desde aquella vez que tomé antiretrovirales por primera vez.  El mismo dolor de garganta, las mismas lágrimas. De pronto, en ese estado de caos, recuerdo el color de la tapa de su inodoro y me siento algo vacío. No distingo bien la nausea del mareo, pero me acuerdo de él. Intento alucinar que está detrás mío, bajo el dintel de la puerta, acompañándome. Solo eso. Solo eso, pero no está.

5:25 - Vuelvo a despertar. No me queda más que vomitar agua. Comienzo a sudar, mis manos tiemblan y pienso que quizá debería escribir en ese momento. Nunca he vomitado tanto. No sé qué haré con la pastilla de las 9.  No quiero vomitarla. Tengo la impresión de que me volveré un saco de piel si sigo vomitando como lo estoy haciendo.

6:25 - No llegué al baño. Me siento absurdo, sucio. Completamente sucio. Grito su nombre, pero él no viene. El vacío.

6:30 - Más nauseas. No queda más por vomitar. O eso creo. Esta vez sí llegué. Llamo a un amigo. Me dice que mantenga la calma, que he pasado peores situaciones. Tengo el pantalón sucio. No paro de llorar. Quisiera poder controlar esto, pero no puedo. Me siento absurdamente cansado. Todo es una gran profecía de lo que puede ocurrir.

8:44 - Tomo la segunda pastilla y vuelvo a vomitar. Mis manos tiemblan cada vez que lo hago. Ya no me puedo apoyar sobre la tapa del inodoro, porque mi propio peso me vence. No entiendo bien esto. Pienso en él. Quisiera llamarlo, pero tengo miedo. Una enfermedad es más ligera de a dos. ¿Cómo llamarlo si yo me fui antes?

12:25 - Brand. Amelia Brand en el planeta del Dr. Edmunds. Sola y apacible contra nuestros límites bajo la luz de otro sol. No se puede volver al pasado. Quizá estirarse, ir más lento, pero no volver. No encuentro a San Francisco. Tal vez, no viven ángeles en otras galaxias. No es posible permanecer quietos contra el avance mundo y, sin embargo, debemos detenernos para evitar más cataclismos(?).

13:25 - Tal vez, no detenernos, sino ver dónde estamos, ver nuestros pasos. La nausea se ha detenido.


lunes, 1 de agosto de 2016

Vagando entre postales

Hoy estuve entre Las Dunas y Viñedos. No, estaba en Lima, y recorrí por primera vez la única avenida principal de aquel asentamiento humano en surco que le da la espalda a toda la ciudad detrás de una duna (,¿o es que tal vez se oculta de esta ante los ojos de quien no quiere ver?)

Quizá suene estúpido, pero era un espacio privilegiado y yo un tipo aún más privilegiado que el resto dentro de tanto privilegio. Tenían pistas y veredas, un mercado y una posta de salud. Sí, concreto, comida y salud. Algo tan común y a la vez tan difícil de costear cuando con las justas llegas a ganar el mínimo al mes.

Me sentía un alien en aquel sitio, absurdamente desubicado y, sin embargo, tan parte de. La calle era parte de una estampa capitalina: rejas oxidadas cerrando calles, veredas desniveladas abriéndose paso según podían, emolienteros desconfiados, algún vagabundo de mirada baja, quioscos harto abastecidos con miles de carteles, una olla de barro cocinando a la leña frijoles en la berma del frente de una casa de triplay para tener algo qué desayunar, y yo con mi pelo recientemente pintado de violeta en bad.

El trayecto a Viñedos fue más simple de lo que supuse. Hubo más embarazadas adolescentes de lo que esperaba, pero nada 'fuera de lo normal'. Qué alucinante decir que un embarazo adolescente pueda considerarse 'normal'. Como sea, llegué frente a la plataforma y allí encontré la otra posta. Sin embargo, la asistenta social no estaba. Si quería una respuesta, debía esperar.

Caminé dos cuadras y tomé asiento. En ese instante, tuve un déja vu. Sí, de nuevo el 2014, de nuevo El Parque Fátima, de nuevo yo sentado en un parque a las 10 de la mañana esperando el resultado innegable en una hermosa mañana de invierno. La diferencia es que ya no tenía a Puerto Supe en mi mente, sino al 2 de oros.

Regresé a los 45 minutos, pero ella no había vuelto. Dejé las copias que se requerían y me fui a trabajar. No quiero tirar las cartas. Sé que volveré.