Otra noche recordé aquella vez que nos dijeron que no nos podíamos sentar así, sino así. Nunca me quedó claro cómo. También recordé el video que grabamos fumando orégano en la Loma y que exhibimos en clase de Díaz-Albertini. ¿Te acuerdas de su polo que decía "I ♥ Regina George" la primera vez que entró al saló? Recuerdo que lo odiaba. En verdad, no lo odiaba. Solo me llegaba al pincho. Nada más.
Recordé nuestras caminatas por Benavides con dirección al malecón, los rajes infinitos, las carcajadas, la extraña proximidad sentimental y mis quejas constantes por el tráfico del Óvalo Higuereta.
Recordé a Neptuno, y a Osa Mayor, y a Sedapal. Recuerdo las caminatas por la pista con estony mientras mi mejor amiga miraba noicaza a todos lados para que nadie nos atrape fumando weed. Ilusa, pero tiernamente ilusa. El vinito Bells, los auspicios de Plaza Vea, los juegos inflables de la Semana Universitaria de tercer ciclo. Kids. ¿Cómo olvidar Kids?
Recuerdo el tráfico insoportable de Javier Prado, la Copacabana, el chiste del grano de tu papá, el carro de Silvy, la pizza auspiciada por la mamá de Rudy, la vez que casi atropellamos a alguien porque ibas a exceso de velocidad y te vencía el sueño. También que nos cagamos de risa luego del casi accidente, pero que acordamos que la culpa era del peatón. Cruzar la berma central puede ser un acto irresponsable.
Recordé, por supuesto, las fotos que nunca vi. El chantaje. El cruel chantaje telefónico que recibí por dos semanas. Las papas de bembos. Me acordé de nuestras caminatas desde UPC hasta Bembos de La Encantada solo para comer papas fritas extragrandes los lunes. Recordé que vivía ciego por sus ojos verdes. No me importaba tanto que sea un imbécil y tenga varios prejuicios, ver sus ojos me bastaba para relajarme.
Recordé nuestra promesa incumplida de ir a Quinta Escencia, la voz sensual. Me acordé de las caminatas por Chacarilla en la noche.
Recordé la salida de Surco Pueblo. La Capullana. La Castellana. Castilla y La Merced. La vez que tomé un taxi para ir a su casa, porque estaba demasiado arrecho , y que, cuando llegué, solo rompí en llanto sin razón. Recuerdo que me dio para mi taxi de regreso después de. Nunca se lo dije, pero se comportó mejor que muchos hombres que conocí después.
viernes, 19 de febrero de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
Surco en tu corazón II
Hace unas noches recordé la caminata a la punta del cerro. Parecía el peregrinaje a un santuario, donde me esperaba una vista hermosa de la ciudad y una piscina sin funcionar. Recordé su odio por el musgo verde que crece del otro de Casuarinas, mis lágrimas la primera vez que le dije que era gay y su cara de felicidad.
Recordé nuestras tardes en Starbucks de caminos con Velasco Astete como niños bien, las caminatas al C.C. Caminos del Inca para ver con quién nos cruzábamos (y para rajar, obvio). ¿Ya mencione las empanadas de alcachofa en Pastipan? Sí, éramos unas chikiviejas plásticas, pero qué chucha.
Recordé la Feria del Trigal. Recordé que era el pretexto perfecto para encontrarte con amigos y para comprar chucherías que solo te las pondrías 3 veces. Me acordé de la ubicación de su departamento, de su mueble marrón, de su mamá, del té verde, sus tetas. Las de ella, nos las de su madre. Mis lágrimas aquella tarde que descubrí que no podía luchar contra quien era.
Recordé los parrales próximos cerca a mi urbanización. La fuente. La fuente era un point. En realidad, todo el parque Perez de Cuellar era un point. La absurda distancia de mi urbanización con el resto de la ciudad. Me acordé que tenía amigos que eran de Chorrillos cuyas madres venían a mi casa a buscar agua cuando les cortaban sin aviso. Sí, nosotros, del otro lado, teníamos jardín, pozo y cisterna. Agua hasta por las puras, pero otros no.
No lo dije, pero también teníamos parques, veredas, pistas, jardines externos con pasto japonés regados tres veces a la semana para que no se sienten y fuentes. Era un oasis de agua dulce rodeado de caos, de tierra muerta, de sal y pandillas de otras urbanizaciones que interrumpían el sueño. Un oasis que luego se autoenrejó para protegerse del resto, para no ser el resto. En fin, un microperú.
Recordé nuestras tardes en Starbucks de caminos con Velasco Astete como niños bien, las caminatas al C.C. Caminos del Inca para ver con quién nos cruzábamos (y para rajar, obvio). ¿Ya mencione las empanadas de alcachofa en Pastipan? Sí, éramos unas chikiviejas plásticas, pero qué chucha.
Recordé la Feria del Trigal. Recordé que era el pretexto perfecto para encontrarte con amigos y para comprar chucherías que solo te las pondrías 3 veces. Me acordé de la ubicación de su departamento, de su mueble marrón, de su mamá, del té verde, sus tetas. Las de ella, nos las de su madre. Mis lágrimas aquella tarde que descubrí que no podía luchar contra quien era.
Recordé los parrales próximos cerca a mi urbanización. La fuente. La fuente era un point. En realidad, todo el parque Perez de Cuellar era un point. La absurda distancia de mi urbanización con el resto de la ciudad. Me acordé que tenía amigos que eran de Chorrillos cuyas madres venían a mi casa a buscar agua cuando les cortaban sin aviso. Sí, nosotros, del otro lado, teníamos jardín, pozo y cisterna. Agua hasta por las puras, pero otros no.
No lo dije, pero también teníamos parques, veredas, pistas, jardines externos con pasto japonés regados tres veces a la semana para que no se sienten y fuentes. Era un oasis de agua dulce rodeado de caos, de tierra muerta, de sal y pandillas de otras urbanizaciones que interrumpían el sueño. Un oasis que luego se autoenrejó para protegerse del resto, para no ser el resto. En fin, un microperú.
lunes, 15 de febrero de 2016
Surco en tu corazón I
Hoy en la madrugada, caminando por la Loma, recordé Funhouse. Sí, recordé aquella fiesta con sus tocadas caletas, sus cojines tirados en el piso, las luces multicolor, a Pecana bailando locatza en medio de un pista improvisada y a una de mis mejores amigas desparramada en el jardín de un vecino diciéndome que jamás en su puta vida volvería a ese lugar.
Recordé el mito que rondaba aquel lugar, que decía que los viejos estaban atrapados en una especie de sótano secreto al fondo de la casa. Recordé a Adri Vainilla. Recordé que la odiaba, con no poca razón, porque me parecía una chica arrecha promedio, que justamente se había hecho popular por decir que era una chica arrecha promedio en su blog (que, naturalmente, recibía más visitas y comentarios que el mío).
Recordé que una vez estaba muy arrecho con un chico en la Loma, que un serenazgo se cagó de risa al vernos y nos dijo, "¿todo bien, chicos?" También me acordé del nuevo hotel donde se rumoreaba que los dueños eran narcos. Me acordé que mi ex crush-universitario que ahora hace entrevistas también vivía por allí. De hecho, que varias personas que tenían un espacio en mi memoria vivían o viven por la Loma.
Recordé las veces que me juntaba abajo de la loma a lanzar. Las tardes de verano. Mi amiga en su bicicleta rosada.Yo un poco subido de peso. Y Max. El otro, claro. Qué denso...
Recordé las caminatas por Bielich, Benavides was our Chinatown. Recordé que cuando nos quedábamos sin comida, nos aprovechábamos de un grifo en el camino para recoger víveres para el camino. Gracias totales, Grifo de Benavides. De hecho se daba cuenta, pero se hacía la loca. Solo figúrate: dos chibolos cabros muertos de hambre entran a tu tienda y se quedan en la caja más de 20 minutos para decidir qué empanada comprar.
Recordé a las putas de higuereta, sus ofertas de "una chupadita, joven". ¿Cómo explicarles que yo también me la como? Solo me reía y les decía que no. Te lo agradezco, pero no.
Recordé el mito que rondaba aquel lugar, que decía que los viejos estaban atrapados en una especie de sótano secreto al fondo de la casa. Recordé a Adri Vainilla. Recordé que la odiaba, con no poca razón, porque me parecía una chica arrecha promedio, que justamente se había hecho popular por decir que era una chica arrecha promedio en su blog (que, naturalmente, recibía más visitas y comentarios que el mío).
Recordé que una vez estaba muy arrecho con un chico en la Loma, que un serenazgo se cagó de risa al vernos y nos dijo, "¿todo bien, chicos?" También me acordé del nuevo hotel donde se rumoreaba que los dueños eran narcos. Me acordé que mi ex crush-universitario que ahora hace entrevistas también vivía por allí. De hecho, que varias personas que tenían un espacio en mi memoria vivían o viven por la Loma.
Recordé las veces que me juntaba abajo de la loma a lanzar. Las tardes de verano. Mi amiga en su bicicleta rosada.
Recordé las caminatas por Bielich, Benavides was our Chinatown. Recordé que cuando nos quedábamos sin comida, nos aprovechábamos de un grifo en el camino para recoger víveres para el camino. Gracias totales, Grifo de Benavides. De hecho se daba cuenta, pero se hacía la loca. Solo figúrate: dos chibolos cabros muertos de hambre entran a tu tienda y se quedan en la caja más de 20 minutos para decidir qué empanada comprar.
Recordé a las putas de higuereta, sus ofertas de "una chupadita, joven". ¿Cómo explicarles que yo también me la como? Solo me reía y les decía que no. Te lo agradezco, pero no.
domingo, 31 de enero de 2016
Relaciones Abiertas
Existen muchas cosas que me cuesta comprender cómo se mantienen hasta ahora. Entre ellas, el cuestionamiento de qué tan "fiel" es una persona que decide mantener una relación abierta con su pareja o el mantenimiento de este tipo de relación en el tiempo.
Para mí, la fidelidad va más allá del culo con el que te acuestas. Es algo más relacionado con ser honesto y abierto con tu pareja respecto de varios puntos, más allá del sexual. Tengo varios conocidos y algunos amigos que les cuesta comprender cómo alguien que pretende tener una relación estable con su pareja, y que a su vez sea abierta, pueda considerarse a sí mismo una persona fiel.
La mayoría de sus argumentos están relacionados con qué tan "satisfechos" estamos con la pareja que deseamos estar. Varios creen que se trata de una búsqueda de placer fuera la de relación, porque 'no es posible' obtenerlo con una sola persona, porque no llena eso.
Desde mi perspectiva, no es así. Optar por una relación abierta es más brindarse la posibilidad mutua de explorar más los cuerpos, tocar los límites, practicar aquellos fetiches o juegos que requieren el apoyo de otros. Para ello, se requiere de un diálogo constante, que involucre honestidad y compromiso. No se trata de llenar algo, porque no hay nada vacío. Yo diría, más bien, que se trata de tomar más jugo.
Por último, cada relación funciona bajo sus propios esquemas, y pretender normativizar las relaciones me parece algo brutal y cojudo. Cuestionar las reglas, flexibilizarlas, es lo que nos vuelve, en mi parecer, más humanos.
Para mí, la fidelidad va más allá del culo con el que te acuestas. Es algo más relacionado con ser honesto y abierto con tu pareja respecto de varios puntos, más allá del sexual. Tengo varios conocidos y algunos amigos que les cuesta comprender cómo alguien que pretende tener una relación estable con su pareja, y que a su vez sea abierta, pueda considerarse a sí mismo una persona fiel.
La mayoría de sus argumentos están relacionados con qué tan "satisfechos" estamos con la pareja que deseamos estar. Varios creen que se trata de una búsqueda de placer fuera la de relación, porque 'no es posible' obtenerlo con una sola persona, porque no llena eso.
Desde mi perspectiva, no es así. Optar por una relación abierta es más brindarse la posibilidad mutua de explorar más los cuerpos, tocar los límites, practicar aquellos fetiches o juegos que requieren el apoyo de otros. Para ello, se requiere de un diálogo constante, que involucre honestidad y compromiso. No se trata de llenar algo, porque no hay nada vacío. Yo diría, más bien, que se trata de tomar más jugo.
Por último, cada relación funciona bajo sus propios esquemas, y pretender normativizar las relaciones me parece algo brutal y cojudo. Cuestionar las reglas, flexibilizarlas, es lo que nos vuelve, en mi parecer, más humanos.
martes, 19 de enero de 2016
Días Cortos
¿Qué tal si en verdad arrastro algo que me resulta difícil soltar? No lo sé. Últimamente los días se hacen más cortos.
Me gustaría ser un poco más práctico para ciertas cosas. Esas cosas.
No me entiendes.
Me gustaría ser un poco más práctico para ciertas cosas. Esas cosas.
No me entiendes.
Yo tampoco. Es complicado. Es... No sé. Hace tiempo quería que los diálogos salieran así, y ahora que lo hacen es bastante incómodo. No sé mi entiendes. [ ] Ya sé que no, porque es un absurdo, pero bueno, lo que quería decir es que... no sé. No sé nada.
Esto es un patético. En verdad lo es, pero...
No sé qué voy hacer.
Sé que tengo que hacer algo (para ganar dinero, sobrevivir, salir de esto), pero nada me funciona.
No es que no lo intente si quiera. Es solo que no sé. Siento que no hago match, no encajo.
Y sí, ya lo sé, mi deadline está próximo, y mi padre dará el grito al cielo, pero, ¿qué puedo hacer?
Quizá la respuesta está más afuera que adentro.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Salida al cine
No sé para qué volví... Qué difícil es no mostrar interés y decir algunas estupidez para que te preste atención, porque sí, porque es incómodo ver que pretende no hacerlo aunque resulta más que obvio que se caga de ganas y quizá muy en el fondo tú también, pero qué chucha, el orgullo no te da para tanto y a él tampoco. Y así...
Qué jodido hablar de expectativas con él. Sí, con quien le propusiste de la nada tener un trio porque, ¿por qué no? Amar es compartir. Claro, pero él tenía (o tiene) el corazón el culo. Pobre. Me pregunto si es tan difícil cambiar el corazón del lugar. Quizá necesita una verga más grande para que se lo lleve más arriba. Ojalá no lea esto o me mandará al carajo. En realidad, ya lo debe haber hecho, pero no en mi cara.
Ya no sentí su perfume. Eso fue intenso. Yo soy de las personas que recuerdan los perfumes de quienes conocen, pero, esa vez, ya no sentí su olor. Nada. Totalmente nada. Lo más gracioso del asunto fue que me puse el suyo. Sí, no tenía nada a la mano y decidí pasavueltearlo un poco, y así paso.
La despedida fue terriblemente larga y aburrida. Cargada de esos silencios que te putean por todo, hasta por lo que ya no recuerdas. Estuve en el limbo un buen tiempo, sin saber a dónde mirar, ni qué tanto puntear. Entonces, como una iluminación divina, vi el televisor sobre la repisa: Rachel miraba a la nada. Parecía perdida. En ese instante comprendí que no, simplemente no. Le desee unas felices fiestas, y salimos al paradero.
Por supuesto, le dije que volveríamos a hablar, aunque no hemos vuelto a hacerlo
Qué jodido hablar de expectativas con él. Sí, con quien le propusiste de la nada tener un trio porque, ¿por qué no? Amar es compartir. Claro, pero él tenía (o tiene) el corazón el culo. Pobre. Me pregunto si es tan difícil cambiar el corazón del lugar. Quizá necesita una verga más grande para que se lo lleve más arriba. Ojalá no lea esto o me mandará al carajo. En realidad, ya lo debe haber hecho, pero no en mi cara.
Ya no sentí su perfume. Eso fue intenso. Yo soy de las personas que recuerdan los perfumes de quienes conocen, pero, esa vez, ya no sentí su olor. Nada. Totalmente nada. Lo más gracioso del asunto fue que me puse el suyo. Sí, no tenía nada a la mano y decidí pasavueltearlo un poco, y así paso.
La despedida fue terriblemente larga y aburrida. Cargada de esos silencios que te putean por todo, hasta por lo que ya no recuerdas. Estuve en el limbo un buen tiempo, sin saber a dónde mirar, ni qué tanto puntear. Entonces, como una iluminación divina, vi el televisor sobre la repisa: Rachel miraba a la nada. Parecía perdida. En ese instante comprendí que no, simplemente no. Le desee unas felices fiestas, y salimos al paradero.
Por supuesto, le dije que volveríamos a hablar, aunque no hemos vuelto a hacerlo
miércoles, 16 de diciembre de 2015
The answer is...
I don't know.
No sé qué hacer. Aún intento encontrar algo, pero no sé qué. Tengo algunas ideas. Palabras abruptas que salen del teclado mientras digito. Cosas sin sentido, una sonrisa a la nada y un aplauso estridente a la nada. Así estoy yo. Delante de todos esperando decir algo. Quizá una tontería como "trabajo firme y confianza en uno mismo", pero no. No lo sé.
Es muy absurdo. Pienso mi pobre trabajo de investigación. Perdón, artículo científico. Sí, eso era. O debía ser. Como sea, solo quería conocer percepciones y extraer algunas conclusiones, pero debía plantearme una hipótesis, y tener un tema. Claro, qué iba a investigar si no tenía un tema. Tenía que tener un tema, y no tenía nada, para variar. Cuando tienes el foco ambidiestro, te jodes, porque no sabes a dónde ir.
Tenía interés, pero no me iba a llevar a ningún lado. Cómo explicar algo que no puedo, o que no conozco. No entiendo. Yo hubiera sido feliz con un estudio descriptivo básico de percepciones sin ese afán de pretender demostrar algo, que no me interesa demostrar. Pero, así no funcionan las cosas. No...
Y sigo sin saber ahora qué hacer y he cambiado mi historia de vida más veces que las que he tenido sexo este año, y nada. Ya sé que no me dejo entender, ¡pero eso qué importa! ¿Acaso no dejarse entender no es una forma de dejarse entender? No entiendo, ni pretendo entender lo que quiere que entienda el resto. Por eso no pasa nada, ni si quiera llegan mis mensajes.
Es como volver sobre esa pregunta de ¿y no te interesa la comunicación corporativa? y encontrarte extraviado sobre ti y simplemente decir no, mientras tus entrevistadores no saben qué más decir y tú tampoco, porque tu cara de extrañeza ya lo dijo todo. Así.
Extraño entre extraños en una última etapa de entrevistas para una compañía petrolera con un par de viejos con los que disfrutas conversar, aunque no comparten nada en común, hasta que despiertas y chocas con tu camisa y no te entiendes. De hecho, no entiendes cómo has llegado hasta allí, pero igual te sigues riendo y hablando conchudamente como si fueran tus tíos mientras ellos te sonríen. Así de extraño.
Sigo sin saber algo, saltando, en fin. Quizá nunca entienda lo que se supone que debo entender que aún no sé qué es, y termine entre platos y frituras. No lo sé. Les juro que no lo sé.
No sé qué hacer. Aún intento encontrar algo, pero no sé qué. Tengo algunas ideas. Palabras abruptas que salen del teclado mientras digito. Cosas sin sentido, una sonrisa a la nada y un aplauso estridente a la nada. Así estoy yo. Delante de todos esperando decir algo. Quizá una tontería como "trabajo firme y confianza en uno mismo", pero no. No lo sé.
Es muy absurdo. Pienso mi pobre trabajo de investigación. Perdón, artículo científico. Sí, eso era. O debía ser. Como sea, solo quería conocer percepciones y extraer algunas conclusiones, pero debía plantearme una hipótesis, y tener un tema. Claro, qué iba a investigar si no tenía un tema. Tenía que tener un tema, y no tenía nada, para variar. Cuando tienes el foco ambidiestro, te jodes, porque no sabes a dónde ir.
Tenía interés, pero no me iba a llevar a ningún lado. Cómo explicar algo que no puedo, o que no conozco. No entiendo. Yo hubiera sido feliz con un estudio descriptivo básico de percepciones sin ese afán de pretender demostrar algo, que no me interesa demostrar. Pero, así no funcionan las cosas. No...
Y sigo sin saber ahora qué hacer y he cambiado mi historia de vida más veces que las que he tenido sexo este año, y nada. Ya sé que no me dejo entender, ¡pero eso qué importa! ¿Acaso no dejarse entender no es una forma de dejarse entender? No entiendo, ni pretendo entender lo que quiere que entienda el resto. Por eso no pasa nada, ni si quiera llegan mis mensajes.
Es como volver sobre esa pregunta de ¿y no te interesa la comunicación corporativa? y encontrarte extraviado sobre ti y simplemente decir no, mientras tus entrevistadores no saben qué más decir y tú tampoco, porque tu cara de extrañeza ya lo dijo todo. Así.
Extraño entre extraños en una última etapa de entrevistas para una compañía petrolera con un par de viejos con los que disfrutas conversar, aunque no comparten nada en común, hasta que despiertas y chocas con tu camisa y no te entiendes. De hecho, no entiendes cómo has llegado hasta allí, pero igual te sigues riendo y hablando conchudamente como si fueran tus tíos mientras ellos te sonríen. Así de extraño.
Sigo sin saber algo, saltando, en fin. Quizá nunca entienda lo que se supone que debo entender que aún no sé qué es, y termine entre platos y frituras. No lo sé. Les juro que no lo sé.
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