viernes, 4 de diciembre de 2015

The Less He Knows The Better

Siempre estoy del otro lado. Es más divertido. Lo más interesante es que intente ser un poco más honesto de lo habitual.  Le dije que no me sentía dispuesto para una relación absolutamente monógama y común con comidas y polvos los fines de semanas, pero él insistió en salir conmigo. Por supuesto, yo también insistí con el tema, y le dejé ver que quizá más adelante me gustaría un trío con otro huevón más. Él me respondió con que tenía las cosas claras. ¿Y acaso yo no?

Luego, casi sin querer, vino el gran tema: los sacrificios. ¿Qué tanto sacrificas por complacer a la otra persona? Por supuesto, él no dejó atrás sus ideas. Yo tampoco. Resultado: suicidio grupal.

La despedida fue dura. Más que nada porque quería verle a la cara. Pero él insistió en hacerlo a través de un mensaje de WhatsApp porque la anterior vez que tocamos el tema me puse mal. Es verdad, pero sigo pensando que debió ser de la otra manera. Como sea, me agarro despreocupado, de pie, sujetándome del único espacio libre que tenía para no caerme mientras el bus se dirigía ala última estación junto con sus últimas palabras. Qué cheesy.

Al menos, no quedé como un patán. Me dijo que le parecí honesto. Parecí: verbo pretérito perfecto. Y divertido.  Sí, porque lo guie a través de galerías en vez de esperar a la mitad de la película  de cartelera para tocarle la entrepierna y robarle un beso; porque me quejaba exageradamente de una pestaña entrada en mi ojo, pero luego sonreía sin más; porque fingía sentirme culpable cuando me comía otra hamburguesa.

A veces lo extraño, a veces. Pero él no confiaba mucho en mí. De hecho, le hacía pasar malos ratos cuando le comentaba sobre la gente que conocía en Tinder o Grindr. Lo más raro: nunca pretendí tirármelos, solo hablar. Tal vez, sí. The less he knows the better.



sábado, 28 de noviembre de 2015

No me preñes

No me preñes, por favor. Si quieres, en la cara, pero allí no. Ya lo intentaron y terminé esterilizado. A parte, te quema, se apodera de ti y te deja en un estado de sumisión nada agradable.

Ahora, tampoco es que no me guste ponerme en cuatro o en el filo de la cama, pero hay cosas que me pasavueltean. Tiene que ver con tener el control. Las veces que ocurrió, lo perdí. Fueron algunas (varias) veces, pero las recuerdo con bastante claridad.

Todo comienza con esa palpitación jodida, que te arrecha y ese empujón medio desenfrenado que, de alguna manera, te advierte lo que se avecina. Luego, ese toque. No es nada extraordinario, pero sí se siente. Como una erección post-erección (?), una bandera roja.

Después, el éxtasis mezclado con sus ojos en blanco acompañado de un leve ardor a magma y el jadeo. Todo mientras el aliento escapa, tu esfínter ajusta al máximo, las piernas se quiebran y tu sensibilidad se multiplica exponencialmente. Es como enfrentarte tú con tu trasero contra todo un océano de semen que amenaza con ahogarte si no te lo tomas por las buenas. Una experiencia dura, definitivamente no apta para todos.

Finalmente, el limbo, la nada, el ¿y ahora qué?/¿la saco o la mantengo adentro?/¿ya pasó?. Te pierdes sobre tu cuerpo un instante, unos minutos, una hora, y debes volver sobre ti, porque tienes que hacerlo o de nuevo el magma. No sé cómo, pero resucitas. Algunas veces vuelves a nacer, otras te conviertes en Frankenstein. Pero nunca eres igual después, nunca.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Algo

Este es el momento exacto en el cual te encuentras en el centro y no sabes si seguir de frente o voltear a la izquierda, porque todo es tan absurdamente confuso. Como ese disco cuyo nombre está en japonés y no entiendes bien de qué va, pero te recuerda a un viaje psicodélico y transemocional, a Enter the Void, eso, pero que no es del todo claro, pero te atrapa, te envuelve. Ugh. Un incordio total.

Ahora pienso que quizá deba dejar de buscar música random japonesa y descargarme los discos de Marc de Marco o esa nueva chica emo a quien acabo de escuchar y me gusta. Sí, tal vez esa sea la decisión más sabia de hoy.

Bueno, aún sigo sin definir qué voy a hacer con mi vida. Ni siquiera tengo una escaleta. Soy una desgracia. De pronto es porque tengo la mente en varios puntos a la vez y me cuesta focalizarme en una determinada cuestión y, cuando lo hago, necesito del más puro silencio para así captar mejor lo que está pasando. Quizá por eso odio ir al cine cuando sé que van a ir, muy posiblemente, varios niños. Me distraigo con las risas.

Entre otros apuntes, creo que tengo miedo de buscar un empleo común. De alguna manera, puedo soportar el rechazo del chico con el quisiera seguir saliendo, aunque ya no lo hago pero no me da la cabeza para esperar tres semanas luego de una última etapa de entrevistas y que me digan, "te lo agradezco, pero no". O sea, ¿qué tanto tiempo requiere una persona promedio para decir no?  Ya sé que está la discusión, y la evaluación y bla, bla, bla, pero no te puede tomar tres semanas decir no cuando tienes dos candidatos. Es decir, la vida tampoco funciona así. Cuando el tipo con el que sales te dice que escojas entre una relación "formal y seria" con él o seguir tirándote a medio lima/borrar tinder de tu celular/dejar de conocer nuevas personas/etc., no te da tres semanas. ¡Es más, te da 3 minutos (y eso)!

Me cuesta comprender por qué la gente se complica para darse a entender rebuscando en términos que un individuo promedio no comprende. O sea, yo salto de temas, y paso de discos japoneses a mi problemas amorosas en 4 parrafos parrados o menos, pero no es a propósito. No pretendo que la persona que lee este vómito verbal se siente y exclame, ¡Oh, qué tal sintaxis la suya!

Solo espero que el video salga bien, tener algo más claro. No sé qué, sino algo. Es curioso. Quizá he reducido bastante mis expectativas. No espero nada, ni todo, sino algo. Aún no sé qué, pero ahí vamos, ¿no? The War On Drugs no suena tan mal en estos momentos.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Crueles 25

A veces no sé qué diantres voy a hacer con mi vida, como ahora. Tengo certezas de cosas muy básicas: me gustan los colores, disfruto leer en silencio, me encantan las películas (sobretodo, y últimamente, los documentales), no creo del todo en el amor y escribo porque tengo que hacerlo.

Releo lo escrito y no sé de qué sirve que me gusten los colores en torno a cómo sobrevivir en esta ciudad. En verdad, no sé bien qué utilidad le puedo encontrar a varias cosas que me gustan. Es triste y decepcionante. Me gustaría tener otros talentos, como vender cosas o vender ideas. No soy nada hábil vendiendo cosas.

Pienso que soy un poco concha en pedirle a un desconocido que me diga cuáles son sus talentos si ni yo tengo claro cuáles son los míos, pero así son las cosas. Qué difícil puede resultar reflexionar sobre tus fortalezas, debilidades, expresarlas luego en una carta, tratar de no resultar aburrido (ni tan esnob) y ofrecerte como el producto que necesitas para que tu sistema digestivo funcione.

Para variar, salto de temas, pero sucede que mi tercer chakra es una desgracia. No lo puedo evitar. ¿Es esto la crisis prematura de los 25 de no saber qué diantres vas a hacer con tu vida! ¿Es tan jodido? ¿Será peor cuando esté a puertas de cumplir los 40? Soy muy denso. Piensas mucho, Max.

Sí, puede que sí, pero no sé... Aún no sé cómo el tipo con el que salgo sigue estando a  mi lado. Supongo que a veces "cumplo".

Creo que mis padres están desesperanzados conmigo. No hay mucho que hacer al respecto: o los hago felices o sobrevivo. De pronto no resulta tan atractivo como vivir, pero te da cierta independencia, con toda la precariedad que envuelve el sentido. Como sea, todavía estoy y algo he vivido.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Volver

Ha pasado exactamente un año desde que recibí aquel resultado. Sigo sintiéndome Jenny al final de An Educaction. Quizá algo más Hedwig. Me atrae la idea de verme en todos. Supongo que todos tenemos espejos en algún lado.

Aún sigo viviendo en casa de mis padres. Tengo más colores para pintar mi agenda. Escribo líneas sin sentido. Mientras me leo, redescubro lo que me dijeron ayer sobre mi Plan de Investigación: que mi redacción no me deja entender. Claro que no.

Salto de idea en frase y luego vuelvo a la idea para soltarla en otra línea y así sucesivamente. Intento buscar alguna explicación en mi herencia familiar, pero no la encentro. Es complicado. frases incompletas. Mis amigos siempre me lo advierten. No creo darme cuenta. Lo más probable es que las complete en mi cabeza o al decirlas.

No estoy seguro de qué hablar y sin embargo hablo de varias cosas, y, sin embargo, todo guarda un armonioso sentido. Intento relacionar esto con la escrito. Tienes la cabeza muy desordenada, Max. Puede que sí, que ese huevón tenga razón.

Pienso en su trasero. No puedo con tu hipersexualidad. ¿Qué puedo hacer? Solo imagino. Me voy por las tangentes. Es mi vía de escape, mi zona segura. La zona de confort. Eso suena más bonito. Hay que tener una poca de gracia para redactar, y ganas. Sobre todo, ganas. Para todo. Yo le tenía ganas, pero él las perdió. Mi intuición me indica que es el resultado lo que le genera esa barrera. Se lo pierde.

Casi como un relámpago, viene un anuncio divino. Estoy aprendiendo a aceptar esta cuestión, que algunas veces puede tornarse problemática. Lo de irse y volver. Eso. Resulta curioso cuando te tomas un tiempo para ti y te das cuenta que nunca paras de aprender de ti mismo.

Como sea, aún mantengo el blog, y tengo un teclado nuevo. Volveré (por enésima vez).

martes, 21 de abril de 2015

Palabritas Al Aire I

1) Parece que Ash consiguió su Brock. ¿Cuándo ocurrió? Ni cuenta me di. Solo sé que este espécimen es más celoso que el promedio. Esperemos no lo encierre en su pokebola. 

2) Hace poco fui al tono de ¡Malditas Igualadas! promovido por el colectivo No Tengo Miedo. El local estaba pajita: ambiente amplio y buena ventilación. Los precios también me parecieron justos. Sin embargo, un problema técnico interrumpió la música en pleno momento de éxtasis cuando sonaba Soda, lo cual ocasionó la fuga de varios asistentes. Se pudo haber precavido. No obstante, como propuesta, me parece más original que las últimas fiestas de Matadero en las cuales Fernando Fiestas parece el productor.

3) Como algunos ya deben saber, desde hace unos meses vengo desarrollando con unos amigos un proyecto social que busca generar propuestas que mejoren la calidad de vida de personas portadoras de VIH en el país. Si bien algunas semanas han sido todo un melodrama, poco a poco las cosas comienzan a cuajar. Dentro de poco, los bombardearé de publicherry. 

4) Es verdad que con el tiempo se pierde la paciencia para algunas cosas. Cada vez soporto menos a los moralistas, los impuntuales y me distancio más de aquellos que no saben bailar solos. ¿Cómo diantres bailas con alguien más si no puedes contigo? 

5) Si bien me dio gusto ver a un mayor grueso de personas en la Marcha por la Igualdad, sigo creyendo que falta un mayor compromiso ciudadano. El mutis que le sucedió al evento confirmó mis sospechas. Si bien una marcha es un paso en la demanda de derechos para todos, no es más que un pendaño en toda la escalera que falta subir. Parece que muchos esperan un ascensor caído del cielo. 

6) Conforme afianzo mi seguridad en lo que quiero lograr, más me vale verga lo que piensen los demás. 

martes, 10 de marzo de 2015

Noche de Luna

Para variar, Emo nos hizo esperar. Estaba harto. Parecía una novia loca de celos. Amenacé con dejarlo cuando apareció. Estaba acompañado de un patin chato, pero buena onda. Nos preguntó si nos molestaba la idea de estar rodeados de mujeres de “la mala vida”. Por supuesto que no.

Fue así que nos guió a un antro repleto de putas en trajes apretados. Creo que nunca había estado rodeado de tantas. Mejor dicho, de putas que sabían lo que eran, porque a Tracadero sí he ido.

El lugar era encantadoramente sórdido. Todo avanzaba sin pisa, lo cual me impacientaba. Supongo que esperaba algo surreal ¿Alguien dijo Paris, Texas? Quería verla, pero estaba en Lima. Ni fregando pudo haber llegado hasta aquí. Quién sabe. Tenía que salir. ¿Qué! Sí, su amigo era una cabra simpática. Tenía un aire a Barbie.

Ash miraba todo con detenimiento. Parecía un antropólogo figurándose una tribu no contactada. Emo, por su parte, se dedicaba a tomar y a hablar sobre el clima con el chico que nos había invitado. Mientras tanto, yo intentaba no alterarme y acomodar mi cara de culo para no parecer tan antipático. Los vasos pasaron, algunas palabras fluyeron, y decidí que era suficiente. Era momento de ir al re-encuentro de prom.

Llegamos y faltaban varios Diegos. Sin embargo, había pasivas casi todas. Todas más cabras. Todas ebrias. Me encantan las reus, porque sacan lo peor de las personas. Un par de tragos y coreos fallidas después, Ash murió. Nunca lo había visto en la shit. Obvio, me hice el loco. Emo me dijo que se encargaría de él. Ragio. Yo bailaba solo.

Cuando la situación se puso muy darks, y Ash pasaba más tiempo en el baño que en la sala, pues sentía que la música haría explotar su cerebro (?), decidí que era suficiente. Nos despedimos, y salimos. Estúpidamente, tomamos la ruta más larga para llegar a la avenida. Como si fuera poco, Emo intentó hacerle frente a 3 tipos random que lo jodieron en plena calle  y que nos duplicaban en talla. Ni cojuda que fuese,  lo jalé hacia mí. Por suerte, no pasó a más. Suficiente con cargar un trapo y un borracho necio.


Llegamos al grifo. Ash no pudo resistir. Murió por segunda vez. Lo reanimamos con Gatorade, y los despedí. Antes de separarnos,  Ash miró al cielo y dijo, ¡Hay luna llena, huevón! ¡Qué hermosa es la luna conchasumadre! Todo cobró sentido.