Mientras hablo con el chico 6pack que me agregó hace poco, me pregunto qué carajo tiene él que no tenga yo. No es tan lindo de cara, pero su vientre, sus brazos... Es un buen ejemplo de cuerpo de hombre para cualquier gay. Me pregunto si en verdad a ningún chico str8 le llega al pincho, así sea en el fondo de su corazoncito, el hecho de que no tengan 'Eso'. 'Eso' que jala las miradas de chicas, que hace que sonrían lindo, pellizquen sin interrupción a su mejor amiga para que esta voltee, le lancen una mirada cómplice, y se rían juntas. 'Eso' que hace que hasta el marica, que se jura machazo, se moje internamente, actúe fresh, se moje todo, y quede como un tipo tonto cuando ve un chico guapo.
Yo creo que sí. Es decir, a todos los hombres nos gusta sentirnos bien, y mostrar alguna cualidad que nos diferencie de otros para atraer. Todos los hombres del mundo desarrollan un ego interno, pero las mujeres son más desvergonzadas en mostrarlo. Es normal. Es como ir de caza. Si vas sin arma que te defienda, perdiste flaco. Hay que estar preparado. Siempre hay alguien más churro que uno atrás. Pero, la diferencia entre ese huevón (porque jamás será él) y uno es el cerebro. Hombre bonito y cerebro cagado no dura más que Hombre 'buena gente' e inteligente. Es así.
No conozco mujer str8, marica o gay que no valore un chico inteligente. Casos hay varios. Conozco chicos churrísimos y chicas guapísimas que están con unos patas NADAQUEVER. Así, con mayúsculas y todo, pero están. Y tú, querido lector, te preguntarás, ¿quién soy yo para decir que alguien es NADAQUEVER? Bueno, ojo de loca no se equivoca, ¡chúpala! Una vez aclarado mi punto subjetivo, prosigo. Decía que los chicos inteligentes son bien valorados en la sociedad, aunque, venga, no todos pueden serlo. Por ello, creo que los hombres deben rescatar más su astucia.
La astucia es la mejor de las armas. Tal vez, por eso me atraen las serpientes. Un hombre que sabe mover bien sus recursos, que avanza con cautela, y se lanza cuando es preciso, a pesar que quizá no tenga ni brazos, ni piernas, ni la cara, puede ser muy exitoso en su caza. Los hombres heterosexuales tienen la dicha que su cerebro siempre se suele ver como un 'coso' primitivo por parte de las mujeres str8s, mayoritariamente. Es demasiado menospreciado, y por ahí fácil pueden sacar partido de esa situación. En cambio yo, chico miembro de una sociedad caleta que rajan de los profiles Manhunt de otros, tengo, o mejor dicho siento, la presión social de hacer un esfuerzo extra por verme más que bien, ¡y no es fácil!
No es nada sencillo conseguir plata para ir al gym, dejar de comer esa torta twistter de Tortas Gaby que tanto me gusta, comprarme ropa cada temporada, ser menos áspero en mi trato de lo que suelo ser, etc.. Es complicado ser gay, y ya es decisión personal si uno se deja llevar o no. Las armas de conquista en el género no varían, sino, quizá, la manera cómo se emplean. Por lo demás, todos somos Australopithecus cuando vemos algo que queremos.
¡Y 6pack? Bueno, no es más que eso.
martes, 25 de octubre de 2011
domingo, 23 de octubre de 2011
Ajustando la inocencia
Cuando me pidieron escribir este post, nunca
pensé que fuera a tomarme tanto tiempo redactar una parte de mi vida que
pensaba ya había quedado en el pasado.
Quizás no tuve una relación normal, quizás ni siquiera
una adolescencia como otros chicos de mi edad. Pero debo admitir que aquella
turbulenta situación me ayudó a crecer mucho y aprendí que era más fuerte de lo
que me había imaginado jamás. Lamentablemente, las cosas no se dieron como me
hubiera gustado y durante tres años me sentí culpable porque creía que no podía
cumplir con mi rol. Ahora sé, que yo no era el único que estaba equivocado.
El post fue escrito por un amigo mío al que le tocó vivir una relación con alguien mayor. Sé que no ha sido una tarea simple, pero me da gusto que la haya podido finalizar. Gracias por compartir esta experiencia, Steffano.
Regresar siete años en el tiempo y recordar a
quien fue el primer amor de mi vida no es una tarea sencilla. Conocí a R cuando
tenía catorce años y él veintiséis. Sí, nos llevábamos doce años de diferencia
y aún hoy me pregunto cómo hice para estar tres años de mi vida con una persona
que en cualquier momento decidiría sentar raíces mientras que yo ni siquiera
había comenzado a vivir.
Hoy recuerdo esa experiencia con mucho cariño
y nostalgia pues nuestra relación dejó una gran huella en mi vida por todo lo
que sucedió debido a su existencia. Por esas cosas de la vida, antes de
conocerlo, me había contactado con L, un chico de dieciocho años que resultó
siendo su ex. Por un motivo que jamás entendí (o, por lo menos, no recuerdo
haberlo hecho), R y L no se llevaban bien, por lo que el segundo decidió
advertirme sobre el primero y sus intenciones conmigo.
Según L, lo único que R buscaba en mí era el
sexo. Yo aún no había mantenido relaciones con nadie y eso era lo que más le
emocionaba a mi entonces enamorado. Debido a que R siempre había sido respetoso
conmigo y nunca habíamos hecho más de lo que yo quería (hicimos cosas, sí, pero
nunca me penetró porque sabía que aún no me sentía listo), no creí ni una
palabra de lo que L me decía por MSN.
Lo que nunca me imaginé, es que mi mamá
descubriría esa conversación y, entonces, mi mundo sufriría uno de los cataclismos
más devastadores que he conocido. Debí pedirle a R que se alejara de mí y mis
padres perdieron toda confianza en mí. Sesiones con una psicóloga, largas
conversaciones y amenazas de mis padres también acompañaron esa etapa de mi
vida. Tenía mucho miedo, era un niño y estaba solo.
Pero lo peor, recién llegaría después, cuando
pude volver a contactar con R y éste me dijo que seguiríamos siendo enamorados
porque me quería. Yo aún no cumplía los quince y luego de tan terrible
experiencia, solo confiaba en él. Y aunque juntaba cada sol de mi propina para
poder llamarlo de un teléfono público (nunca de mi celular o de mi casa, por
temor a que nos encontraran) y cada martes lo esperaba sentado junto a la
puerta de mi hogar, él nunca más llamó y, lógicamente, nunca llegó a buscarme.
En ese momento, yo no lo entendí. Ahora, a los
veintiún años, sé que lo hizo porque tenía miedo de ser descubierto, lo que
nunca me quedará claro es por qué no terminó conmigo, por qué tuvo que esperar
casi tres años a que yo le dijera que lo nuestro no iba más.
Aunque en esa época no lo pensaba, ahora sé
que lo más probable es que él estuviera con otras personas mientras yo
esperaba, tan solo, una llamada. Es extraño saber que no le guardo ningún
resentimiento y que si tuviera la oportunidad de volver a vivir esa
experiencia, la aceptaría gustoso.
El post fue escrito por un amigo mío al que le tocó vivir una relación con alguien mayor. Sé que no ha sido una tarea simple, pero me da gusto que la haya podido finalizar. Gracias por compartir esta experiencia, Steffano.
viernes, 21 de octubre de 2011
Wonderwall
No fui yo quien lo salvo de hundirse. Me hubiese gustado
hacerlo, eso sí.
Empezamos a salir casi por accidente. Me había agregado hacía cierto tiempo al msn, y nos habíamos visto una vez sin que yo fuese capaz de
reconocerlo. No hablábamos, ya que él nunca se conectaba, pero aquella noche de
noviembre lo hizo, y justo estaba yo para sacarle una sonrisa. Me atraía su
aire misterioso, y el hecho que nunca había oído nada de él. Poco a poco la
nebulosa que lo envolvía se esfumó, pude conocerlo bien.
El tipo no tenía un cuerpazo como lo había tenido I, ni
estaba regio como lo está ahora, pero era lindo. Me gustaba el hecho que
siempre me hacía reír. Yo le sonría todo el rato como estúpido, rápidamente me llené de ilusiones: primer
error. Sabía que él no atravesaba un buen momento, ya que por momentos le
entraban crisis emocionales, producto de una fuerte angustia al recordar a su
ex. Le consolaba opacando aquella sombra que lo perseguía, pero nunca busqué del
todo un espacio en su mente. Nos vimos pocas veces. Diría que las suficientes
como darme esperanzas de que las cosas cambiarían.
Me cegué, como cualquiera que busca el amor a toda costa. Sí,
busqué el amor en el peor lugar, e hice caso omiso a los consejos de mis amigos
que me advirtieron que él aún estaba muy lastimado. Seguí avanzando con
cautela, creyendo que las cosas sí cambiarían, que él sería capaz de
sobrellevar esa situación, que él vería mi esfuerzo, que todo saldría bien al
final. Pero, las cosas no sucedieron así. El año acabó con un libro japonés,
una sonrisa falsa, muchos cigarros, y una gran nube gris sobre mi cabeza.
Me sentí estúpido, traicionado por lo que había hecho. Lloré
varias noches. Felizmente, las mañanas eran alegres gracias a Andia y Aladin.
Ellos me salvaron de toda la mierda que me envolvió todo el verano. Como era lógico,
él siguió con su vida. Pasó un tiempo
para que pueda perdonarse y verdaderamente vivir. Por mi parte, mantuve contacto
con él. No fue sino hasta 6 meses después de aquel nefasto 31 de diciembre que
pude estar en paz conmigo mismo y ser capaz de hablarle sin resquebrajarme un
poco.
Falta poco para cumplirse 2 años desde aquella vez que
salimos. Podría decir que me alejé de él, pero no resultó así. Ahora es un buen
amigo mío, y está con alguien con quien comparte su felicidad. Llegar al punto
donde me encuentro con él no ha sido sencillo. Sin embargo, me siento orgulloso
de darme la oportunidad de seguir a su lado, y haber avanzado como persona que
soy.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Noche de verano
No creo que le llegó al pincho mis cambios de humor, pero sí que lo aburrieron. Era macito, un niño, al fin y al cabo, como me lo decía cada vez que pisaba realidad, y un niño no puede estar con alguien que ha recorrido tantas cosas. Existen demasiadas diferencias que van desde el hecho que él tomaba cuba libre y yo coca-cosa en una discoteca, hasta el manejo de independencia de cada uno. Por supuesto, me hacía de la vista gorda, y como todo buen chico de diecisiete, pensaba que todo se podía solucionar. Además, dentro de poco tendría dieciocho, y podría hacer lo que quisiera. En otras palabras, podría entrar a cualquier discoteca, bar, hotel, etc., con quien desee sin que me jodan.
Me forjé muchas ideas, como es normal en mí, y súbitamente él siguió con su vida. Me molestó un poco que se desapareciera tan repentinamente. Lo recontraputeé muchas veces en mi cama. No negaré que tuvo algunos argumentos para hacerlo, pero como estaba jodido, poco me importaron. Aunque, no guardé ningún sentimiento de rencor hacia él. No había por qué. Es decir, ¿qué puede pasar por la mente de un tipo de 27 años con un trabajo relativamente estable que sale con un post-púber que con las justas articula sus palabras para poder describir ciertas cosas?, ¿por qué habría de odiarlo toda la vida si nunca me prometió nada?
Aprendí tres grandes lecciones luego de salir con él. La primera fue que un chico de 17 años no debe salir con alguien que tenga tantos pajazos mentales como él. Si es jodido tratar de desifrar que es lo que pasa por la mente de uno, peor es tratar de pensar lo que pasa por la del otro. Luego, que ciertos hombres mayores son en verdad estúpidos, y no vale la pena pensar mucho en por qué se desaparecen de la noche de la mañana. Al final, ellos se la pierden. La última fue que es tonto tratar de actuar maduramente solamente porque sí, sin tratar de comprender bien qué es lo que pasa. No es bueno saltarse etapas de la vida con el fin de madurar. Las cosas avanzan a su propio ritmo, y eso está bien.
Aquella noche estaba cansado, y su manera tan poco sutil de hacerme notar que le llegaba ligeramente que le toque la mano en el cine y que sea tan lento en tratar de comprender ciertas cosas que él, obviamente, a esa edad comprendía bien hicieron que me quede pensando qué había hecho para llegar hasta ahí. Mi cabeza explotó buscando respuestas, pero la cuestión era simple: él no la estaba pasando tan bien, y no la quería cagar(, o eso creo yo).
Quizá sí sea "bieeen lenteja", como me decía mi profesora Claudia de segundo grado, pero es mi manera de ser. Poco a poco trato de no pensar tantas cosas absurdas, y simplemente reflexionar lo suficiente. Es bueno para mi salud a veces ser menos estúpido de lo normal. Estoy creciendo. Ahora él ha pasado a ser un buen conocido. Le van con su nuevo blog. Sigue escribiendo, jodiendo, y ha dejado de lanzarme proposiciones indecentes: ya no tengo 17.
Quizá sí sea "bieeen lenteja", como me decía mi profesora Claudia de segundo grado, pero es mi manera de ser. Poco a poco trato de no pensar tantas cosas absurdas, y simplemente reflexionar lo suficiente. Es bueno para mi salud a veces ser menos estúpido de lo normal. Estoy creciendo. Ahora él ha pasado a ser un buen conocido. Le van con su nuevo blog. Sigue escribiendo, jodiendo, y ha dejado de lanzarme proposiciones indecentes: ya no tengo 17.
sábado, 8 de octubre de 2011
La buena compañía
Verán, existen películas que no se pueden ver con cualquier persona, o, mejor dicho, existe un tipo de compañía estricta para ciertos tipos de película, de lo contrario la experiencia de post-consumo puede llegar a ser muy deprimente. Este es el caso de Manhattan. Sí, esa (no sé si) tragicomedia(?) de Woody Allen en la que el personaje principal vive enamorado de una muchacha de 17 años, pero la situación se jode por la llegada de una mujer y porque él tiene 42 años. Pero, no hablaré más sobre la trama, porque no me gusta arruinarle la vida a las personas que aún no la han visto, y porque de eso no trata el post.
Sucede que cuando uno ve Manhattan le sumergen unas ganas muy fuertes de abrazar, ya sea el celular, una almohada, un novio, una billetera, lo que sea, porque te da ternura. Ok, dije que no hablaría del filme, y lo siento mucho, en verdad, pero es que juro que tengo un punto para llegar hasta donde estoy. Si has llegado asta aquí, puedes leer unas líneas más. Lo sé. Bueno, decía que es de esas películas que te inspiran a abrazar, pero más que eso a buscar cariño, ya sea con una sonrisa, un abrazo, un guiño, lo que sea, por lo que la presencia de alguien que sea especial es muy importante.
No obstante, no basta con que sea especial. No, tiene que estar comprometido a estar allí para que luego de que pasen los créditos haya algo que compartir sobre esta más allá de un: Un toque, me voy a llamar. Resulta inconcebible, y disculpen si exagero, que uno se dé cuenta que está solo luego de verla. Es desmoralizador, tétrico, altamente acongojante, sentirse así. Y, digo sentirse, porque por más compañía que uno pueda tener, esta puede resultar increíblemente distanciada de lo que está ocurriendo a tu alrededor. Por eso, mucho ojo con quien vamos a ver películas.
Ayer no estuve seguro de cuando me sentí más estúpido, si luego de ver Manhattan, o mientras estuve en el silencio viendo el inicio del DVD como hipnotizado por más de 10 minutos. Quizá, tenga un terrible problema de socialización, o quizá mi compañía sea drásticamente aburrida en esos casos. Como sea, al final opté por irme a fumar; tal vez porque sentía la necesidad de sentirme sexy, porque un hombre con cigarro en la boca resulta sexy; porque estaba ansioso; porque soy un chibolo cojudo, y porque me gusta fumar, aun cuando estaba un poco mareado sin razón aparente.
Antes de irme a dormir, pensaba en cómo Lima se ponía de acuerdo para joderme una noche con su locura futbolística y sus infinitas muestras de amor. Juro que maldije a cada pareja que vi en las calles, y que hice lo mismo con cada hincha desenfrenado que vi. Mi cabeza me empezó a doler: era hora de soñar. Y recordé que, al menos, mi almohada no se aparta de mí.
Sucede que cuando uno ve Manhattan le sumergen unas ganas muy fuertes de abrazar, ya sea el celular, una almohada, un novio, una billetera, lo que sea, porque te da ternura. Ok, dije que no hablaría del filme, y lo siento mucho, en verdad, pero es que juro que tengo un punto para llegar hasta donde estoy. Si has llegado asta aquí, puedes leer unas líneas más. Lo sé. Bueno, decía que es de esas películas que te inspiran a abrazar, pero más que eso a buscar cariño, ya sea con una sonrisa, un abrazo, un guiño, lo que sea, por lo que la presencia de alguien que sea especial es muy importante.
No obstante, no basta con que sea especial. No, tiene que estar comprometido a estar allí para que luego de que pasen los créditos haya algo que compartir sobre esta más allá de un: Un toque, me voy a llamar. Resulta inconcebible, y disculpen si exagero, que uno se dé cuenta que está solo luego de verla. Es desmoralizador, tétrico, altamente acongojante, sentirse así. Y, digo sentirse, porque por más compañía que uno pueda tener, esta puede resultar increíblemente distanciada de lo que está ocurriendo a tu alrededor. Por eso, mucho ojo con quien vamos a ver películas.
Ayer no estuve seguro de cuando me sentí más estúpido, si luego de ver Manhattan, o mientras estuve en el silencio viendo el inicio del DVD como hipnotizado por más de 10 minutos. Quizá, tenga un terrible problema de socialización, o quizá mi compañía sea drásticamente aburrida en esos casos. Como sea, al final opté por irme a fumar; tal vez porque sentía la necesidad de sentirme sexy, porque un hombre con cigarro en la boca resulta sexy; porque estaba ansioso; porque soy un chibolo cojudo, y porque me gusta fumar, aun cuando estaba un poco mareado sin razón aparente.
Antes de irme a dormir, pensaba en cómo Lima se ponía de acuerdo para joderme una noche con su locura futbolística y sus infinitas muestras de amor. Juro que maldije a cada pareja que vi en las calles, y que hice lo mismo con cada hincha desenfrenado que vi. Mi cabeza me empezó a doler: era hora de soñar. Y recordé que, al menos, mi almohada no se aparta de mí.
Ps: No estoy molesto, solo un poco bajoneado.
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viernes, 7 de octubre de 2011
35 y 20
No, joselito, no es el amor lo único que importa, y lo que diga la gente no. Si fuera así de sencillo, ninguno de mis amigos se hubiese 'sorprendido', por no decir espantado, cuando les dije que salía con un hombre de 35 años. Ahora, no salgo con un hombre de esa edad. Solo lo dije par ver qué me responderían mis amigos de darse la circunstancia, y vaya que oí todo tipo de respuestas, o, mejor dicho, 'peros'. Desde el típico ¿estás loco!, ¿qué carajo!, pasando por unos ¡A la...!, y otros tantos silencios acompañados con expresiones de horror, como si les hubiese dicho que soy un asesino.
Créanme que no exagero cuando digo que solo un amigo no mostró ningún gesto que refleje algo de incomodidad con el asunto, pero es que existe un tabú social frente al asunto de manera tan alucinante, que hasta yo me sorprendí. Me parecieron graciosas también, comparando con ciertas conversaciones pasadas que tuve con algunos de ellos, algunas acciones, ya que se contradecían con lo que decían. Es decir, a todos les gustaba ese feeling que manejan los hombres a edad, así como a muchos les atrae su capacidad sexual atribuida, pero no se atreven a ir más allá.
El primer motivo de rechazo fue la diferencia de edad que iba acompañada, casi por asociación implícita, a un cúmulo grande de experiencias que nos separaba enormemente. Sin embargo, yo me digo, ¿no es que al final uno termina enrolándose con un tipo de esa edad justamente por esas experiencias? Por que, vamos, hay hombres que son LOS polvos, y que tienen hartas cosas por contar con una temática muy variada e interesante. Es como un exchange, yo brindo lo poco de ternura y estupidez que me queda, por aprender algo de alguien que ya ha recorrido un camino.
Luego, la segunda excusa fue el hecho de que yo no podría manejar mis emociones con tanta facilidad que alguien con más edad, y que eso podría llevarme a varias crisis emocionales en caso de entablar una relación. Esto puede ser cierto, pero también sé de varios hombres que padecen de una androspausia que parece infinita. Además, considero que al final son las diversas experiencias que uno afrenta, ciertas más duras que otras, las que terminan de forjar el carácter de uno. También, hay que recordar que no todos los que se han caído, logran pararse.
La tercera objeción fue el manejo de independencia, y cómo cada uno la vive según su estilo de vida. Debo admitir que esta fue la única razón válida para mí, ya que no es lo mismo el ritmo de vida de un chico de mi edad, que está en la mitad de su carrera de universitaria, que aún vive con sus viejos y tiene cierto grupo de amigos, de un hombre que tiene una maestría, trabaja en las mañanas en un horario de oficina flexible, y se mantiene con su dinero. No obstante, plantear esto como impedimento resulta tonto, puesto que al final sobresalen las ganas de salir adelante si es eso lo que se busca.
Finalmente, no existe ninguna ley que diga que eso está mal más allá de la social. Cada pareja es libre de tomar las decisiones que más crean convenientes con fin de llegar a su felicidad por medios lícitos, le joda a quien le joda. Solo es necesario un compromiso mutuo y responsable, y ganas, muchas ganas de seguir con la aventura que es vivir. Y, si los llaman dos locos... ¿Y qué!
ps: Tenía que colgar la canción, y es que me pareció graciosísima, jajaja.
Finalmente, no existe ninguna ley que diga que eso está mal más allá de la social. Cada pareja es libre de tomar las decisiones que más crean convenientes con fin de llegar a su felicidad por medios lícitos, le joda a quien le joda. Solo es necesario un compromiso mutuo y responsable, y ganas, muchas ganas de seguir con la aventura que es vivir. Y, si los llaman dos locos... ¿Y qué!
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sábado, 1 de octubre de 2011
Super 20 años
![]() |
El dedo con tinta indeleble como señal de asistencia al cumple de Sofi. |
Aterricé en el happy depa temprano, tiré mi casaca a un lado, y me dispuse a servirme un vaso de lleno de ron. Hay que añadir que estaba en una reu str8, y que vetaron el uso los condones que estaban en la mesa de centro para mí. Maricas, tod@as. Saludé a mi amiga Sofi por su cumple, y los demás que estaban reunidos también. Parecía uno de esos reencuentros donde todos se saludan entre todos; se cagan de la risa por estupideces; recuerdan a las perras; rajan entre ellos cuánto ha engordado o adelgazado tal persona, y esperan con ansias ver quién la caga más rápido para grabarlo y reírse a mil el día siguiente. Los sándwiches de Sofi volaron al toque, ya ha aprendido la receta casera, y la Coca Cola se acabó. Entonces, decidí irme al grifo cercano a comprar más con el vege y otra gente.
Fuimos cada uno con su vaso de ron en mano, y entramos riéndonos de la vida, mientras la chica que atendía nos miraba asustada como si fuésemos a vomitar toda su tienda o causar un desmadre. Estaba pagando en la caja cuando ingresó un tipo en sus cuarentas. Era alto, usaba lentes tenía el cabello castaño, y un aliento a ron maldito. ¿Dónde está la caja rápida!, ¡quiero una caja rápida! gritaba el hombre que con las justas se mantenía en pie. Luego, me vio, lo miré, y me dijo, Flaco, me gustan las cosas rápidas, ¿pero por qué esta pendeja se demora tanto en la caja! No sé, le respondí. ¡Quiero una caja express o embriagaré a todos con mi tufo!
Juro que no podía más. Tenía que salir de allí, o morirme de risa, y ver qué tan lejos podría llegar el tipo del tufo. Estas cosas solo pasan en la reu de Sofi. Después de un rato, vino Jojo con un amigo. Mis amiguitos ya estaban mal, y empezaron a cantar canciones en inglés conforme las caras en las fotos cada vez salían peor. Jojo solo podía tomar cosas incoloras, y le di a probar 'El Pisco Tío Carlos', un demoníaco y poderoso liquido denominado pisco preparado por el tío de Sofi cuyos efectos graves varían de acuerdo a la persona y la situación. Solo faltaba Lindsay, el weed, y listo.
Como a las dos de la madrugada, vino Lindsay con su pollita. La primera estaba más picada que la segunda, y venían cargadas con un super troncho poderosísimo. Basta decir que lo prendimos, lo fumamos un toque, y el cuarto se horneo maleadamente. De pronto, una nube media gris, media amarilla yacía sobre nuestras cabezas, y empezaba a reírme por estupideces. Sí, lo admito, cuando estoy bajo ciertos efectos me río demasiado, tanto que no puedo hablar bien, solo me río, como loquito, sin parar, sobre cualquiera cosa. Es una imagen muy decadente, y muy cague de risa de mí, pero es la vida real.
Una vez que ya habíamos probado de todo con mis amigos, el chico que vino con Jojo se fue, y yo me puse a cantar Britney Spears con las flacas de mi u. Estaba en mi onda bailando y cantando a la gordita cuando pusieron el Pokerap. Sí, el Pokerap, porque mis amigos son fans de Pokemón, y es inevitable no cantar alguna canción de Pokemón, Digimónn, o El Rey León cuando estamos en grupo por el simple gusto de hacerlo. Jojo se reía de mis estupideces, mucha gente ya se había quitado, una amiga estaba más borrachayarrebatada que Paris en crack, y comenzaba a sentir la bajada.
No pasó mucho para que le dijera a Jojo para irnos juntos. Me despedí de todos, acompañamos a Lindsay a tomar su carro con Samantha, al vege para que se vaya con Ash, y al final nos fuimos a tomar nuestro taxi. Mientras esperábamos, un grupo de maricas nos hizo bulling, jajaja. Estaba tan mierda, que me empecé a reír como poseído hasta que llegó el taxi. Adentro, sacamos unas conclusiones sobre ciertos personajes del grupo, y hablamos sobre él.
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