No lo entiendo. Me cuesta comprender o desarrollar algo de empatía con un cabro que elegiría sin asco a un homofóbico como líder. ¿Pesan más acaso la 'seguridad económica' que las actitudes abiertamente discriminadores de un sujeto que lamenta la 'conducta homosexual' o que cuestiona que los maricas y trans tengan los mismos derechos porque no son ciudadanos 'como uno', sino 'desviados morales'?
Quizá la respuesta se encuentre en el confort. Cuánto más confort tienes, más verga te vale tu entorno. El 'razonamiento' es simple. Si no eres una trava con VIH que putea para subsitir (a la que por cierto miras con algo de desprecio porque te jode que te comparen con ella cuando hablan de maricones a nivel general), ¿por qué ha de interesarte sus comentarios heteronormados?, ¿por qué te van a joder sus posturas racistas si no quieres ser parte de aquel sector marginado, si no quieres que te vean como parte de este?
Resulta alucinante para mí cómo la 'seguridad económica' ciega a los maricones hasta el punto aceptar políticas segregacionastas (y hasta asesinas) con el fin de preservar determinado estatus por el hecho de no se provinciano invasor (sino limeño), no ser negro (sino blanco), no ser pobre (sino clase B +), no tener VIH (sino estar STD free), no ser cabro/rosquete/marica (sino homosexual), no ser loca (sino caleta), no ser mujer (sino masc x 2), no ser puta (sino gente de bien).
Me resulta increíble el peso (consciente o no) que le brindamos a las 'políticas económicas' como si estas fueran la receta mágica para librarnos del 'subdesarrollo', del 'tercermundismo' que varios se lamentan. La idea absurda de que un país con estabilidad económica modificará sus políticas sociales para el bienestar de las minorías es un puto mito. Los derechos y libertades no se piden, se arranchan (a veces, en procesos violentos por el choque de ideologías).
Pero, volvamos sobre aquellos cabros que no se sienten así. Decía que un panorama financiero estable bastaba para que estos acepten políticas asesinas. Y es que, claro, al final, ellos efectivamente no son cabros, sino tipos caletas, pastores de 'la moral y las buenas costumbres'. Son, pues, los fieles reproductores de un sistema 'que perdona el pecado, pero no el escándalo'. Son agentes de (un falso) poder, que vigila a los otros, un fino instrumento. Son un perfeccionado mecanismo de control de lo que un homosexual sistematizado debería ser.
Afortundamente, siempre ha de existir un grupo de abortados, una banda de locas que decidió ir fuera de las cavernas del armario para no vivir en las sombras.
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